La soledad de Marcos
Marcos R. dio un giro radical a su vida hace sólo unos años convirtiéndose en una persona más reservada y huraña
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MIGUEL F. AYALA / LAS PALMAS DE GRAN CANARIA. Marcos está más solo que nunca. Y no porque esté recluido en una celda de la prisión Salto del Negro sino porque los últimos años de su vida ese carácter huraño y reservado que le caracterizó se había vuelto radical, convirtiéndole casi en otra persona.

Por distintas razones, casi nadie quiere saber ya de él. Su círculo más próximo, la familia, su ex pareja y hasta su hija le han dado de lado. Cuentan que en los últimos años salía mucho de marcha, que había sustituido el culturismo por el boxeo y que con Ángeles, su anterior compañera sentimental, acabó dramáticamente, con una presunta denuncia policial por abusos sexuales de por medio.

A sus amigos últimamente les pedía dinero que no devolvía, poniendo excusas absurdas como que la grúa se llevó el coche o cosas así y el resto, simplemente se cansó de aguantar "los líos" de Marquitos.

Ahora está solo y la Policía Nacional debe tener muy claro qué está haciendo porque este hombre de 37 años, diga lo que diga ya la justicia en un futuro, para la opinión pública es no sólo un presunto secuestrador de menores, sino el supuesto asesino que se deshizo de Yeremi Vargas y Sara Morales quemándolos en su incineradora. Lo mantiene incluso gente que le conocía.
"Ahí están las evidencias", argumenta una de ellas sin importarle la nube de micrófonos que la aborda en la puerta de su casa del barrio de Arenales.

En la calle todos señalan ya hacia Marcos.
Pero todavía hay quien se pregunta por qué la Policía Nacional, que siempre tiene mucho cuidado con esos asuntos, paseó al sospechoso el jueves ante los numerosísimos medios de comunicación, que hacían guardia en las puertas del crematorio de animales del polígono de Salinetas, y al día siguiente, durante el registro el viernes en un local de la calle Ángel Guimerá y otro en el puerto de La Luz, lo metían y sacaban del edificio con la cabeza completamente cubierta por una camiseta.
SU VIDA. De cualquier modo, casi mejor así porque esa calle a la que llegó esposado representa toda la vida de Marcos. Lo agradable y también lo desagradable, que lo hay.

Las vecinas que se asomaban a las ventanas para cotillear le han visto jugar a la pelota desde que era un niño, morenote, bajito y delgado, con el pelo negrísimo.

Y recuerdan, seguro, cómo con 17 años se fue convirtiendo en un tío fuerte y muy serio que si una noche no se recorría corriendo la Avenida Marítima de la capital grancanaria, no dormía tranquilo.

Este viernes, un buen amigo de Marcos destacaba lo callado e "inteligente" que era su compañero de trabajo y de gimnasio durante muchos años. "Y no me creo que sea capaz de hacerle nada a una menor", explicaba afectado porque quienes han tratado con él tachan a Marcos de muchas cosas pero no de violento.

"Ahora", añade otro, "cómo tendría que ser un puñetazo suyo con ese brazo que tenía? Buuuff", dice sacudiendo la mano de arriba abajo imaginando la potencia de ese golpe.

Entonces se pasa a hablar de cuando Marquitos fue portero del Diseño y del Área, de la vida sanísima que llevaba en aquella época, "de la pasta cruda que comíamos cada noche en el trabajo para mantenernos en buen peso"? Uno recuerda que lo vio "con pocas tías", otro asegura que no era gay y el tercero recuerda que jamás se duchaba en el gimnasio "a pesar de estar horas y horas entrenando".

"Es que nunca se desnudaba delante de nadie. A veces", prosiguen, "lo hablamos entre nosotros porque era curioso. Parecía que estaba trabado con algo", concluye refiriéndose a quien pusieron como mote el Ropero por las considerables dimensiones de su espalda.

Porque el chiquillo aquel que corría en Ángel Guimerá se acabó dedicando de forma semiprofesional al culturismo, participando incluso en algún Campeonato de Canarias de su especialidad.
Dedicaba muchas horas a entrenar y estuvo en varios gimnasios de Las Palmas de Gran Canaria. "Es muy conocido en ese ambiente", confesaba en la redacción de este periódico otro conocido del sospechoso, asombrado ante revelaciones filtradas de la investigación como que utilizaba un coche robado o que poseía un arma.

"Luego cambió". Lo dicen todos. Dejó de vestir con su inseparable pulóver azul de punto inglés y el pantalón de chándal y comenzó a utilizar pantalones de pinzas y camisas de botones. "También dejó la noche y creo que fue por su pareja, con la que montó entonces lo de la incineradora de animales de Telde". Abrió Haydee, tuvo a su hija y estaba mejor que nunca físicamente, mucho menos hinchado de gimnasio y con un cuerpo más acorde a su constitución física. Pero también parece que a partir de ahí comenzaron los problemas.

EL PASADO. El pasado siempre vuelve y a Marcos le ha dado de lleno en toda la cara. Aquella relación sentimental acabó muy mal y Marcos contaba que su ex compañera le había dejado absolutamente "sin nada" cuando concluyó la relación. Surge entonces un dato tan importante como el hecho de que dos menores a las que presuntamente trató de secuestrar le identificaran, y los antecedentes de una denuncia por abusos sexuales a su hija que terminó en su juicio que supuso, para él, la pérdida de la custodia de la pequeña, aunque, eso sí, quedó sin antecedentes penales. "Él me dijo una vez que su mujer le había acusado de eso, pero que era falso. Contaba que le habían hundido la vida", añade esta otra persona que conoció estrechamente al ropero.

Mientras se habla de todo eso, Marcos está ante un juez de Telde que finalmente decide enviarle a la cárcel. Recuerdan sus amigos lo difícil que debe haber sido interrogarle, pues Marcos no es muy dado a las conversaciones largas. Desde siempre ha sido uno de esos tipos que responde con monosílabos a todo, por mucha confianza que tuviera contigo y por mucho cariño que te tuviera. "¿Y qué tendrá que decir?", pregunta un amigo. "Pues de entrada lo del intento de secuestro de las niñas o por qué tenía un arma", le contesta otro. Tras el divorcio, Marcos se aisló si cabe un poco más. Pasaba mucho tiempo en la incineradora, solo, y también en otra nave suya que a veces ofrecía a viejos amigos para guardar material deportivo, un ofrecimiento que no les convencía porque Marquitos había cambiado. Entonces, dejando atrás las amistades de la noche y el gimnasio, que tanto le habían llenado durante una época, trabajó en el puerto de La Luz sin desvincularse de su empleo en Haydee mientras continuaba, muy esporádicamente, trabajando de portero en fiestas privadas.

SOLO EN SU FURGONETA. En los dos últimos años, "siempre lo veías aparecer con su furgoneta blanca y pensabas que Marcos no estaba pasando su mejor momento pero tampoco imaginas una cosa así", confiesa otro vecino con quien alguna vez coincidía desayunando en un bar próximo a su casa. En ese momento Marcos aparece en El programa de Ana Rosa, relacionado con Yeremi y Sara. "Creo que se ha metido en el problema más grave de su vida", agrega este conocido, "y sólo me queda pensar si se equivocan quienes le acusan aunque todo parece indicar lo contrario". En eso, una mujer ocupa la televisión y sin calibrar la gravedad de sus palabras dice ante las cámaras: "Los vecinos a veces pasábamos por la puerta del local que tiene alquilado y nos quejábamos del mal olor. Pensamos incluso si habría alguna persona muerta dentro".
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