ANTONIO JOSÉ FERNÁNDEZ / TELDE.
Son las nueve menos cuarto de la mañana del viernes 12 de diciembre cuando tres mujeres que trabajan en los invernaderos situados en el barranco por el que linda al norte el barrio de La Herradura llegan al colegio público Francisco Tarajano asustadas. Afirman haber visto a un señor con un pasamontañas y un arma en la mano por las inmediaciones. A las diez, es decir, una hora y cuarto más tarde, el rumor que corre por las calles de Telde, alimentado por la errónea información difundida por la televisión autonómica, es que lo que pasa en la escuela de La Herradura es que hay un tipo con una "metralleta" que siembra el temor cerca de los niños.
La mañana que vivieron ayer los efectivos de la Policía Local y de la Policía Nacional en el municipio será difícil de olvidar. El comentario se corrió como la pólvora y propició que hasta las once fueran numerosas las madres que, con la lengua fuera y aparcando sus coches encima de las aceras, se dirigiesen como posesas hacia el colegio para llevarse a sus criaturas ante el comprensible temor a que hubiese un Rambo suelto por aquellos lares. La llegada de periodistas y la aparición de un coche de la Policía Nacional y otro de la Local terminaron por completar la secuencia.
Los mandos de las fuerzas de seguridad, molestos porque la cadena de televisión no se hubiese molestado en contrastar tan delicada noticia, decidieron enviar a los agentes para averiguar qué estaba pasando. Pero después de que las tres mujeres prestasen declaración, tras horas de batida por el invernadero, por los alrededores del colegio y por el barrio no encontraron nada de nada. Ni cazador, ni pasamontañas, ni escopeta, ni siquiera la metralleta.
"Un simple bulo, una exageración". Así lo definieron fuentes municipales, que se vieron obligadas a desmentir que se hubiese emitido comunicado oficial alguno e incluso que se hubiesen cortado los accesos al excitado barrio de La Herradura.
Los nervios y la tensión, por contra, no pudieron evitarse. Algunos niños salían del colegio llorando, otras madres ni podían hablar a las cámaras de televisión mientras se dirigían a toda prisa a las puertas del mismo. Se desató una especie de psicosis, "aunque no se produjo un desalojo propiamente dicho", manifestó la concejala de Educación, Carmen Hernández, mientras el director, que había advertido del 'incidente' a los progenitores, señalaba que no había pasado nada. Pero hasta en la guardería municipal, unas calles más abajo, optaron por no sacar a los críos al patio.