ANTONIO JOSÉ FERNÁNDEZ
Ahí la tiene usted. Está más sana que yo". Así de contundente se expresa Margarita Sosa, quien a sus 77 años bien llevados -diga lo que diga- puede presumir de tener en su casa a la abuela de Telde, Rosalía Suárez Quevedo, quien, dicho sea de paso, además de abuela del municipio es su madre y la bisabuela y tatarabuela de una inmensa prole que cada mes de abril se reúne en la asociación de vecinos de El Caracol para hacerle un señor cumpleaños y que, según el último recuento, asciende a ocho hijos -cuatro de ellos aún vivos-, 58 nietos, 33 bisnietos y, de postre, 13 tataranietos.
"¿Y qué ha hecho su madre para vivir entre dos siglos y seguir con esa fuerza prodigiosa en las manos?", pregunta el periodista mientras ve cómo le dedica carantoñas a su nieto Antonio. "Esta mujer lo único que ha hecho en su vida han sido dos cosas: trabajar como una mula en el campo y sacar adelante a su familia. Tal cual".
Para llegar a este punto, Rosalía primero tuvo que criarse en Los Arenales, por encima de Lomo Magullo, y "luego se casó con mi padre, que antes había sido su cuñado. Después se fue con él a Tecén; y ahí siguió hasta hace 23 años, cuando nos la trajimos. Toda su vida ha estado en el campo, cambiando queso o dándose unos madrugones buenos para ir al Puerto a por gofio para sus hijos cuando se pasaban miserias. Ahora nos toca a nosotros cuidarla, aunque la verdad es que ella, salvo algunos achaques de la cabeza, tiene el cuerpo mejor que yo: ni colesterol ni nada". "Bueno, el otro día la vieron llorando un poquito en el homenaje. Dicen que se emocionó, pero fue por un golpe que se llevó en la pierna al bajarla del coche", relata su nieto. Y es que aquí ni faltan años ni humor...