MIGUEL F. AYALA
No lo dudó ni un minuto Rafael Morillo, padre de Patricia, una de las víctimas del acidente del vuelo JK 5022 Spanair, cuando se le propuso sentarse con un periodista a ver la teleserie que, sobre el darmático siniestro, ayer emitió Telecinco. "Todo lo que tenga que ver con mi hija me concierne", dice. "Hemos luchado para que no se emitiera, pero como no lo hemos logrado tengo el deber de sentarme, aunque me duela, para comprobar qué han hecho y si existe la posibilidad de emprender acciones legales por el uso de nuestro dolor".
Pese a que la serie comienza con un "no está inspirada en hechos reales", y sus creadores aseguran que los personajes y sus nombres no corresponden con la realidad, durante la hora y pico que dura el primer episodio de Vuelo IL 8714, que narra el accidente de un avión que pretende viajar hacia Gran Canaria desde Madrid, tanto Rafael Morillo como uno de los representantes del bufete de abogados que representa a las víctimas, le ponen nombre, el de verdad, a los personajes que van apareciendo en la pantalla.
"Esas dos mujeres a las cuales han sentado separadas, reflejan la historia de Loreto y su hija"; "la familia Müller [hablan en inglés en la serie], que está formada por el matrimonio y sus tres hijos, son en realidad los Mrotzek, una familia alemana que falleció al completo"; "esa chica que rescata a un niño, con una camisa de rayas, se parece muchísimo al caso de Beatriz Reyes, una superviviente. Ella misma dijo que había rescatado a un niño con una camisa de rayas..."
Las coincidencias, que ya a los presentes les parecen graves, no son, sin embargo, lo que más les molesta. "Es que lo están vendiendo todo como si se tratase de una conspiración", se queja Morillo sobre el hecho de que en la serie se busque sin éxito al mecánico que revisó el avión, y que en la ficción de Telecinco está desaparecido, con el móvil apagado y ausente de su domicilio. "Nos hacen un flaco favor con todo esto, porque sólo van a conseguir confundir más a la opinión pública", explica entre cigarrillo y cigarrillo.
Fumar compulsivamente y tener los ojos húmedos en determinados momentos, con, por ejemplo, la explosión del avión o los servicios de emergencia rastreando el lugar del siniestro, son las únicas señales de bajón de este hombre amable y gigantón, que perdió a su única hija -tiene dos chicos más- aquel fatídico 20 de agosto.
El silencio casi se corta con cuchilla en el salón de la casa de los Morillo cuando comiezan a emitirse las escenas que reflejaban el embarque de pasajeros. Nadie dice nada, pero todos buscamos la mariposa que Patricia llevaba tatuada en el pecho. A ella, al menos por el momento, la han respetado. Pero no a la investigación.
No les agrada que se hayan hecho valoraciones del tipo "ese avión iba muy cargado, y por eso no pudo despegar" o que se trate de echar las culpas a los pilotos, "que junto al mecánico y el coordinador de vuelos, son los hijos de puta de esta película", señalan los presentes, un tanto enfadados.
Con el primer episodio de la serie ya acabado, Rafael Morillo se hace una pregunta: "¿para qué se ha gastado Telecinco todo este dinero en hacer una porquería de serie como esta?". Una segunda reflexión llega tras ver un avance del próximo episodio, donde se ven a los pasajeros dentro del avión: "lo peor está por llegar".