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Entrevista a Rafael Inglott

´En el Psiquiátrico no se paraba de consumir droga´

El psiquiatra Rafael Inglott conversa sobre el curso de la salud mental durante las últimas décadas y en la reforma psiquiátrica en Canarias

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Rafael Inglott, en otro momento de estas conversaciones, en su domicilio. i ADOLFO MARRERO
Rafael Inglott, en otro momento de estas conversaciones, en su domicilio. i ADOLFO MARRERO 

ANTONIO G. GONZÁLEZ - LAS PALMAS DE GRAN CANARIA El psiquiatra Rafael Inglott, una de las grandes referencias de su especialidad en las Islas, se centra en la segunda entrega de estas Conversaciones en sus propias posiciones disciplinares, en el curso general de la salud mental durante las últimas décadas, objeto de cambios radicales e intensas polémicas, y en la reforma psiquiátrica en Canarias, que tuvo lugar en la segunda mitad de los años noventa [del siglo XX].

HUMANISMO

Psiquiatría

"Sí, es cierto que me incliné por aquella especialidad que más tiene que ver con el factor humano, que no es sólo de orden físico, o fisiológico, como dice... Es más, le diré una cosa: si no hubiera sido psiquiatra, habría sido médico de familia, seguro; de eso no tengo ninguna duda, porque lo que menos me atrae de la medicina es la tendencia a la especialización, siendo ésta como es indisoluble del progreso de la medicina. Yo no serviría para una especialidad que no fuera la psiquiatría porque eso me apartaría de la visión humanista que tengo de la medicina. El acercamiento al enfermo y no a la enfermedad para mí es fundamental. Ahora, ¿qué había en ese acercamiento? Supongo que habría de todo. Junto con los personajes de Dostoyevski habría también un ensayo de acercamiento a mis propios miedos y fantasmas... Tuve muchas dudas porque, aunque me atraía la psiquiatría, en la España de los años sesenta [del siglo XX] estaba absolutamente tomada por el pensamiento franquista. Por ejemplo, Vallejo-Nájera, padre, escribió un ensayo para demostrar, basándose en la teoría de la degeneración de Morel, que la Segunda República estaba llena de miserias humanas, y tuvo su éxito en aquella época. Sin duda la psiquiatría durante el franquismo fue parte de su aparato represor. Y, más aún en tanto que su estatus científico estaba por asegurar y había todo un vaivén de teorías -durante gran parte del siglo XX la corriente dominante fue el psicoanálisis, como hoy lo es la neurobiología-, muchas con su trasfondo ideológico, había mucho cuidado por parte del Régimen para que en las cátedras hubiera siempre gente afín. Me refiero a los López-Ibor, Llavero, Rojas, Ballesteros... todos personajes muy significados del franquismo. Las memorias de Castilla del Pino, que son un ajuste de cuentas con esta situación, de la que fue una víctima -no pudo sacar la cátedra hasta la democracia-, lo describe bien. No era nada estimulante el panorama".

DELIRIOS

Oportunismo

"En Europa por entonces convivía la perspectiva clásica, de encierro, electroshocks y demás, con otra tendencia, la psiquiatría comunitaria, que en el Reino Unido databa ya de 1959, con la Mental Health Act, su primera ley, que significa trasladar el eje de la asistencia del hospital psiquiátrico a la comunidad. Esa norma básicamente establecía que debían darse prioridad en los recursos para asistir a los enfermos allá donde éstos vivían y no esperar a que la cosa se pusiera muy mal para llevarlos al hospital. El manicomio era muy cómodo y seguro para el profesional, porque le permitía hacer una labor de teorización inagotable: claro que eso era igualmente efímero y muy oportunista. Sí, sí, podríamos hablar, como me sugiere, de delirio ilustrado [una expresión de Lacan]... En la historia de la psiquiatría ha habido muchos delirios ilustrados".

MAYO DEL 68

Eclosión

"Lo que vino después fue como una eclosión en Europa en la que, de pronto, a finales de los sesenta se produjo el gran giro hacia la psiquiatría comunitaria, aunque, como siempre ocurre, en estas cosas, hubo excesos. Y en Italia, por ejemplo, hubo algunas cosas disparatadas, algo que es muy italiano. Italia fue al principio la vanguardia de la desinstitucionalización, un modelo en el que inspirarse; y, de hecho, todos tuvimos mucho que ver con la experiencia de Franco Basaglia [principal figura de la llamada antipsiquiatría] en Goritzia en 1969, cerca de Trieste, o en Arezzo, que se convirtieron en símbolos del giro, de la ruptura con lo manicomial, eran todas iniciativas puestas en marcha por psiquiatras de izquierdas en ayuntamientos gobernados por el PCI [Partido Comunista Italiano]. Sin embargo, en muchos casos Italia acabó como su caricatura, como la versión esperpéntica de la reforma psiquiátrica: con los enfermos mentales sin distinción en la calle y sin seguimiento, sin desarrollar alternativas y en la idea roussoniana e ingenua de que la libertad sola los curaría, de que abandonarlos a su suerte en una sociedad, además, cargada de tensiones y problemas los iba a dejar estupendamente. Claro, estas experiencias, que se produjeron en la década de los setenta, tuvieron mucho que ver con el Mayo del 68. Pero, insisto, contaban con sus precedentes. Lo digo por citar, además de a la Mental Health Act británica, una ley de reforma de los hospitales psiquiátricos dictada por Kennedy a partir de informes encargados en el marco del New Deal, pero también de su propia experiencia familiar, la de su hermana Rose Mary, que, por un leve retaso mental, al parecer, fue víctima de la lobotomía. Y nunca pudo volver a usar sus esfínteres a voluntad. Claro, esta reforma luego fue yendo a menos y cuando llegó Reagan todo acabó: cerraron los psiquiátricos y convirtieron a los enfermos mentales directamente en homeless [vagabundos]. Y en Europa, bueno, mientras los estudiantes se manifestaban en las principales ciudades de Francia en 1968, había psiquiatras con mucho predicamento en ese país que estaban poniendo en marcha -en lo que genéricamente se llamó movimiento antipsiquiátrico- un proyecto de reforma, la psiquiatría de sector, que no tiene nada que ver con esa "psiquiatría democrática" en Italia que rompía con las estructuras. Claro, ahí hubo mucha mezcla y confusión de conceptos que a los que estudiábamos y comenzábamos a ejercer nos hizo daño. Es decir, estudiar a autores obligados de la psicopatología clásica, como Schneider, e impugnarlo todo a la vez era desestabilizante..."

REFORMA

Mala fama

"Esos acontecimientos han perjudicado mucho a los proyectos de reforma psiquiátrica, incluida la nuestra [la española], porque han inducido prejuicios y han dado pie a coartadas de todo tipo a quienes se oponían desde un pensamiento gregario. ¿En qué sentido gregario? Es lo que Orwell describe en [la novela] 1984, y lo que el movimiento altermundialista llama pensamiento único y la psicología social americana, a su vez, pensamiento de grupo. Es un modo que tiene mucha gente, cada vez más, de evacuar su propio malestar a través de tópicos, certezas a las que te adhieres por el principio de autoridad que les otorgan, y que le permiten darle una explicación por supuesto falsa y acomodaticia de todo lo que le produce malestar. Y ahí se ha hecho fuerte la idea de que con la reforma psiquiátrica abandonamos a los enfermos porque somos unos liberales incautos que no sabemos psiquiatría. De modo en los años ochenta y noventa teníamos un panorama marcado por dos fundamentalismos enfrentados: los que pretendían una desinstitucionalización salvaje de la psiquiatría y los que se oponían a cualquier reforma".

CONJETURA

Luis González

"Si hubiera que elegir una palabra que sintetizara mi posición en el momento en que en Canarias se me encomienda, digamos, la reforma psiquiátrica en los años noventa [del siglo XX] sería "antirreduccionismo". Claro, eso en un momento en que había que tomar decisiones claras, de modo que no significa eclecticismo, nunca he sido un ecléctico. A mí me tocó un papel complicado, porque se trataba de buscar debajo de las piedras la mínima fuerza que pudiera contribuir a salir, pero bien, como debía de hacerse, desde el manicomio a la comunidad, a la sociedad, en Canarias. En 1985 yo llevaba diez años trabajando con enfermos mentales en el Hospital Insular, al que había accedido ya en 1970 como internista en el Servicio de Urgencias. Estaba en la Unidad de Psiquiatría, que fue uno de los primeros servicios de psiquiatría que funcionaron con camas en España fuera de los manicomios. Lo llevaba Luis González y, bueno, debo decir que lo que aprendí con Luis González, su magisterio y sus muchísimas virtudes como persona, me ayudaron muchísimo, extraordinariamente. Él tiene una visión muy amplia, un acercamiento a la enfermedad -que yo sigo compartiendo en la actualidad- que le llevan a interesarse por el mundo subjetivo del paciente por encima de cualquier veleidad clasificatoria. Yo nunca he entendido la enfermedad mental como una respuesta a un acontecimiento bioquímico o neuronal. Eso no significa que desdeñase este aspecto; lo que pasa es que, para legitimarse como ciencia, la psiquiatría, y por desgracia cada vez más, se empeña, por afán de emulación y a cualquier precio, en buscar explicaciones científicamente formales que en su caso son deseables pero, a la vez, imposibles, pues nos movemos en el terreno del comportamiento humano. Entonces [las corrientes dominantes hoy en día] la psiquiatría sólo cree en los resultados que cumplen con el método empírico, sin dejar lugar alguno a la conjetura. Y sin la conjetura es imposible avanzar".

PERPLEJIDAD

Respuestas

"Entonces, cuando en 1985 me nombran director del Hospital Psiquiátrico yo había visto toda clase de patologías que estaban en la calle (neuróticos, personas con síntomas psicóticos, consumidores de drogas, gente que presentaba síntomas que se tenían por antisociales...). Y todas me habían producido perplejidad, me habían llevado al mismo punto de interrogante, de no poder ir más allá y de renuncia a una explicación. Quizás eso tiene que ver con mi vocación y dimensión clínicas, es decir, con la obligación de dar respuestas. Como yo era un clínico y tenía que darlas era importante que esas respuestas tuvieran un contenido hipocrático: lo primero, no hacer daño. Y sabía que si seguía más allá en mi afán de moverme por las explicaciones podía comenzar a hacer daño, porque podía ponerme en la línea de lo experimental: decir, bueno, este medicamento es mejor, porque estadísticamente esto, lo otro, lo de más allá; y comenzar a creerme todas esas paparruchadas basadas, como ya dije, en consensos de expertos. ¿Que cómo se procede entonces? Pues considerando a cada paciente como una incógnita que sólo permite respuestas en función de su propia experiencia vital y no de un mediador químico que dejó de funcionar o se alteró".

CAOS

Diagnóstico

"En el Hospital Psiquiátrico, por el contrario, me encontré con un mundo totalmente diferente. Pero el saber clínico y la maestría de Luis González, que me salvó del politeísmo de la psiquiatría con su sentido del humor, me sirvió mucho para separar el grano de la paja. Llegué con un proyecto de reforma psiquiátrica que estaba cantado que iba a ganar, porque Carmelo Artiles era el presidente del Cabildo entonces y había una voluntad clara a favor; estaba, de hecho, en el programa electoral con el que el PSOE ganó en España en 1982. Hablé con Artiles varias veces y tanto él como su equipo tenían claro que había que hacer algo. Lo que pasa es que a partir de ahí, bueno... comenzaron mis pesadillas [risas]. En los hospitales psiquiátricos había de todo y teníamos que hacer un gran esfuerzo antes de dar un solo paso. Era tal la masificación que las historias clínicas, salvo honrosas excepciones -como Segundo Manchado, Miguel Limiñana, etcétera, que eran, además de muy buenos clínicos, gente muy responsable y consciente- apenas... los pacientes no estaban estudiados, algunos no tenían ni diagnóstico.

RIESGOS

Escritura

"Hay que saber que, por ejemplo, antes de 1985 un alcalde podía ingresar en el Psiquiátrico a cualquier ciudadano, por armar jaleo, y luego el médico lo ingresaba o no; pero había muchos casos de "hoy lo ingreso y mañana ya veremos..." Para tener la fiesta en paz muchas veces el médico de guardia ingresaba a esa persona y no había ninguna garantía de que no se quedase el resto de su vida. Así de fácil. Hasta que en 1986 cambió esa legislación. De modo que, sí, sí, ciertamente se cumplía de alguna manera lo de La montaña mágica de Thomas Mann. Entonces, en esa situación lo mínimo era estudiar caso por caso, así que abrimos un proceso en el que todo el mundo estaba obligado a escribir sobre sus pacientes. Abrimos un proceso de escritura y comenzamos a saber algo de cada uno de ellos, que eran más de quinientas personas. Y entonces se les hizo un plan individualizado que nos permitió realizar una gestión de los riesgos [ante la apertura de los manicomios]; lo que pasa es que nos centramos en los riesgos que cada paciente era capaz de asumir".

RECURSOS

Precariedad

"Lo que pasa es que desde el comienzo no hubo medios financieros, pues el entonces Insalud se negó a asumir el coste de los recursos alternativos. Sólo aceptó una ridiculez: poner una unidad ambulatoria totalmente infradotada en el norte y en el sur de Gran Canaria. Y entonces la duda de Carmelo Artiles era qué hacíamos. No hubiésemos podido hacer una apertura del Psiquiátrico acelerada. Y esto nos hizo embarcarnos en una historia que, si quiere que le diga la verdad... teníamos que ir acogiéndonos a cualquier subvención que encontráramos, entre ellas las de Servicios Sociales, que, por cierto, no querían saber nada, pero nada, de enfermos mentales, porque no estaba en el papel. Las instituciones públicas tenían más voluntad de maquillaje político que otra cosa, pues el manicomio estaba muy mal visto ya, estaba censurado socialmente. Se cometían dentro muchos atropellos y ni siquiera estaba garantizado que el tratamiento que se daba fuera médico en rigor. Al final lo único que quería el Cabildo era quitarse de encima la psiquiatría y entregarla al Insalud. Pero no lo logró..."

NUEVA ETAPA

Acusaciones

"Tuvimos que esperar nueve años, hasta que en 1994 se transfirieron las competencias sanitarias a Canarias y se creó el Servicio Canario de Salud (SCS), que asumió por fin la salud mental. Y el eje de la asistencia pasó del Hospital Psiquiátrico a una red cuyos nódulos son las unidades de salud mental radicadas en los ambulatorios, las unidades hospitalarias de internamiento breve, un amplio y diverso programa de rehabilitación psicosocial y otro de atención infanto-juvenil en desarrollo. El modelo es bueno, hay carencias, claro, ha sido... En los años previos se nos acusó de muchas cosas, pero de lo que no pudieron acusarnos en verdad fue de aventureros. Al contrario, fuimos muy conservadores. Eso sí, teníamos que sacar a mucha gente que estaba encerrada por abuso de alcohol o drogas, pues no debían estar allí. Y, además, era un gravísimo problema la abstinencia, no paraban de consumir alcohol y drogas; no podíamos controlarlo. El Psiquiátrico se cerró al final en 2005".

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