FERNANDO DEL ROSAL
LAS PALMAS DE GRAN CANARIA
El cadáver del cetáceo encontrado en la costa de Gran Canaria, a la altura del barrio de San Cristóbal, "sufrió la amputación de la lengua, probablemente a causa de las orcas y tiburones que habitan en las mismas aguas que el rorcual del norte", señaló Pascual Calabuch, biólogo marino del Cabildo de Gran Canaria.
"La lengua de este rorcual de entre 11 y 12 metros de longitud pesaría 200 kilos", apunta Calabuch, quien así mismo explicó cómo, en el proceso por el que orcas y escualos la extirparon, "tuvieron que romperle primero la mandíbula".
El ejemplar, que con seguridad "se trataba de un cetáceo joven", fue remolcado por la embarcación Salvamar Nunk de Salvamento Marítimo, desde San Cristóbal hasta el muelle Primo de Rivera, para "poder sacarlo con la ayuda de las grúas de que dispone la autoridad portuaria", explicó Calabuch.
Después de sacarlo del mar, una empresa de transportes que colabora con el Cabildo contribuyó a las tareas de desplazamiento hasta el barrio de Juan Grande, en San Bartolomé de Tirajana, para su posterior necropsia. En el transcurso del desplazamiento fue necesario un despliegue de la policía local que escoltó al transporte con el fin de "vigilar que se mantengan las precauciones necesarias y evitar posibles incidentes, debido a que estamos en hora punta, y la Avenida Marítima está repleta de coches", aseguró Calabuch.
Al parecer, es habitual que los cadáveres de estos enormes mamíferos sirvan de alimento a otros depredadores del mar, que en este caso ejercen de carroñeros.
Esta es una de las conclusiones que "a priori se pueden extraer", dadas las señales de violencia que presentaba el cuerpo del animal. Sin embargo, hasta ese momento no se había efectuado la necropsia del cadáver del rorcual -prevista para el medio día de ayer-, con lo que "resulta difícil aventurar el por qué del varamiento" en aguas de Gran Canaria, así como las causas de su muerte.
En peligro
Los rorcuales, cuyo nombre científico es Balaenoptera borealis, son una especie de cetáceo que crece hasta los 16 metros y puede pesar 17 toneladas. Se encuentra tanto en aguas costeras como oceánicas profundas, y difícilmente penetra en las zonas de hielos.
Esta especie lleva a cabo migraciones sumamente largas. Desde el mar del Norte y en dirección sur, "se desplazan a lo largo del océano Atlántico, con lo que es muy normal el verlo en las aguas del Archipiélago", tal y como explicó Calabuch.
El número de ejemplares de esta especie se ha reducido notablemente, en proporción a su caza indiscriminada, si se tiene en cuenta que en la primera contabilización había unos 150.000 ejemplares en los océanos.
Desde finales de la década de los setenta y principios de los ochenta, estos gigantes de las aguas se han protegido por ley en la mayoría de las aguas antárticas y actualmente los cálculos científicos estiman que la población de rorcuales del norte que aún pervive no supera los 54.000 ejemplares.