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MARÍA JESÚS HERNÁNDEZ
LAS PALMAS DE GRAN CANARIA
Cuando nació la beca de movilidad europea Erasmus en 1987, la Universidad de las Palmas de Gran Canaria aún no había nacido. Veinticinco años después, la ULPGC se encuentra entre las cuatro primeras universidades españolas que más estudiantes envían al extranjero, pero también es destino preferido por los alumnos europeos, detrás de Granada, Barcelona y Salamanca.
Erasmus ha permitido que los universitarios se beneficien educativa, lingüística y culturalmente de la experiencia del aprendizaje en otros países europeos; y uno de los primeros beneficiados de la Universidad de Las Palmas fue Tomás Falcón, hoy profesor de francés en Secundaria. Se tituló en la primera promoción de la Licenciatura de Traductores e Intérpretes y obtuvo la beca Erasmus en 1993, que se materializó en una estancia de cinco meses en la zona francófona de Bélgica, en una universidad del sur, en Mons, cuando apenas contaba con 19 años.
"Mi objetivo era mejorar los conocimientos del francés, acababa de empezar a estudiar traductores y esa estancia supuso un avance muy rápido en los conocimientos lingüísticos, me ayudó a sacar con soltura la asignatura de francés", explica.
Tomás Falcón recordó que en aquel entonces la beca apenas cubría el 50% de los gastos, "y eso que yo venía de familia humilde, gastaba muy poco y estaba acostumbrado a ahorrar". Aun así, confirma que fue una de las experiencias más enriquecedoras de su vida: "Logré cierto dominio de la lengua francesa, eso me dio seguridad y hoy doy clases de francés, con lo cual esa salida ha sido decisiva en mi vida, condicionó mi futuro laboral".
Por ello, este profesor de Secundaria siempre aconseja a los alumnos esta experiencia, "porque la mejor época para viajar es cuando eres muy joven, más tarde cuesta más, y conocer otros idiomas abre muchas puertas, seas de la carrera que seas". También recomienda a los padres "no ser tan proteccionistas" y que animen a sus hijos a sumarse a los programas de movilidad, "porque eso les va a aportar soltura, independencia, madurez, autonomía, y el enriquecimiento de otras lenguas".
Falcón fue uno de los pioneros del programa en la ULPGC, aunque Erasmus no empezó a despegar con fuerza en esta Universidad hasta los primeros años de la pasada década. Fernando Caballero, ingeniero industrial y actualmente director técnico de Cluster de Empresas de Energías Renovables en Canarias Ricam, se sumó al mismo en el curso 2001-02, con 21 años de edad. Su destino fue Italia, y cursó estudios en el Politécnico de Milán. "Fue interesante ver cómo se mueven otros sistemas educativos, pero sobre todo mi estancia en Milán fue un punto de inflexión en mi vida a nivel social y personal". Recordó que el año antes de irse fue muy duro "la carrera era muy difícil, estaba cansado, la isla se me hacía pequeña, necesitaba un cambio para motivarme y seguir estudiando, y Erasmus fue la oportunidad, me vino muy bien irme, fue un paso importantísimo".
Residencia
Caballero se alojó en la residencia Daniel's Palace, exclusivamente para estudiantes de intercambio y cofinanciada por el Politécnico de Milán. "Estuve justo el año que se cambió al euro, llegué con la lira y a los tres meses se cambió la moneda, y el dinero que nos daban de beca cubría la mensualidad de la residencia, eran unos 200 euros".
A pesar de haber pasado una década desde entonces, sigue conservando muchas de las amistades que entabló en Italia, "con chilenos, portugueses, mi hermano italiano que se casó el año pasado en Bolonia y fuimos a verlo, con muchos españoles que en febrero nos reunimos en Madrid, por el décimo aniversario de nuestro viaje... Precisamente, yo resumiría mi experiencia en Erasmus como un cambio en mi vida a nivel social. Cuando me invitan a dar charlas en institutos, siempre le recomiendo a los chicos que intenten estudiar aunque sea un año fuera, e incluso si pueden también trabajar, para mí fue fundamental", dice.
Leticia Díaz Platero también realizó una estancia Erasmus en el curso 2001-2002 en Suecia, cuando cursaba tercero de Turismo. Estuvo seis meses, de enero a junio en la Baltic Business School de Kalmar. Esa experiencia le fue fundamental en el trabajo que actualmente desempeña como gestora de los programas de movilidad en el Vicerrectorado de Relaciones Internacionales de la ULPGC.
"Erasmus me permitió cursar asignaturas que no te ofrece tu universidad de origen, y conocer otra metodología educativa. En Suecia, las clases eran de 20 alumnos y las asignaturas muy prácticas. Por ejemplo, había una en la que teníamos que hacer un estudio de mercado para montar una supuesta empresa en Lituania, y en esa asignatura hicimos un viaje a Lituania para ver de primera mano cuáles eran las necesidades del país, resolver dudas y hacer un simulacro de lo que sería montar una empresa allí".
Recuerda que a nivel personal, la estancia Erasmus le proporcionó una visión más amplia de la vida, "puedes viajar a cualquier sitio, conoces a gente de diferentes nacionalidades, y crea más expectativas de futuro. En una isla como la nuestra, si no sales parece que se ven más reducidas las oportunidades.
Al igual que Caballero, Leticia Díaz sigue conservando a muchos de los amigos que hizo en Suecia, (suecos, finlandeses, austriacos, americanos, italianos, polacos...), gracias al correo electrónico entonces, y a las redes sociales ahora. No puede decir lo mismo Tomás Falcón; en 1993 ni tenían ordenadores. En cualquier caso, los tres forman parte de una gran historia que Europa comenzó a escribir hace 25 años.
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