PABLO CHECA
ENVIADO ESPECIAL
Dicen que los seres humanos nos unimos más ante las desgracias. La que empezó en la noche del viernes en La Palma es de las grandes, y todos sus habitantes han dado una lección de convivencia y solidaridad. Se trataba de evitar cualquier desgracia humana. Y entre todos lo consiguieron.
Los vecinos de Jedey, en el término municipal de los Llanos de Aridane (su parte superior pertenece a El Paso) decidieron que juntos era más fácil derrotar al peor enemigo de la naturaleza: el fuego. Marita, por ejemplo, lo tenía muy claro: "De mi casa no me voy aunque me echen. Hasta que no vea las llamas a mi lado no me muevo de aquí". Junto a un numeroso grupo de amigos y vecinos, todos observaban de lejos la columna de humo más inmensa que habían presenciado jamás.
Ellos sabían que la clave estaba en que el fuego no pasara de la bella y cercana ermita de Santa Cecilia, pues las coladas lávicas que existen junto a ella podían hacer de cortafuegos. Por eso, muy cerca de allí se montó un dispositivo humano para evitar la propagación. Los vecinos, aunque algo intranquilos, mantenían la calma, algo imprescindible en situaciones de emergencia como la que relatamos.
Demoledor fue también el testimonio de José Rodríguez, que regenta un negocio de víveres muy conocido en Jedey. Manguera en mano "para prevenir", confesaba sin titubeos: "Es el peor fuego que hemos visto por aquí en los últimos 40 años. No puedo ni quiero estar quieto, por lo que tengo la manguera preparada para lo que haga falta, como refrescar los alrededores de mi tienda o ayudar a los vecinos. Aquí tengo todos mis ahorros, toda mi vida, y no puedo permitir que le pase nada".
También sufrían por desconocimiento Emeterio García y Carmen Brito, que miraban al horizonte sin saber "qué fue de nuestro hijo, Yoel, que estaba con la brigada de los helicópteros. Creemos que está bien".