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HEMEROTECA » |
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M. REYES . Tres miembros de una familia filipina -padre, madre e hijo- se sentaron ayer en el banquillo de la Audiencia Provincial de Las Palmas por encerrar durante dos semanas a una compatriota de 18 años. "Me tiré por la ventana porque prefería morirme fuera que dentro de la casa", declaró la víctima ante los magistrados de la Sección Sexta.
Los acusados Edmundo S. S., Estrella S. I. y Janhel S. I. negaron los hechos ante el tribunal, pero la Fiscalía Provincial de Las Palmas elevó a definitivas sus conclusiones y solicitó seis años de cárcel para cada uno de ellos por un delito de detención ilegal. Según la fiscal, Edmundo encerró a la joven con llave, y su mujer e hijo no hicieron nada para remediar el cautiverio.
La víctima fue adoptada por el matrimonio para echarles una mano a unos amigos que pasaban dificultades económicas en Filipinas, pero la relación entre Janalyn S. I. y su padrastro se hizo cada vez más tensa, según ella porque a los pocos meses "empezó a acercarse a mí, a tocarme y a besarme".
La joven sostuvo en el juicio que esos "problemas" fueron en aumento y motivaron su encierro temporal, pues al cabeza de familia tampoco le gustaba que la hija de sus amigos se relacionara con amistades masculinas. Su propio hijo Janhel S. I. fue claro ante el tribunal en ese sentido: "La castigó por su vida amorosa".
Sin embargo, tanto el hijo como su madre alegaron desconocer en qué consistía ese castigo, incluso el principal acusado fue poco claro al respecto. Primero negó que la encerrara en la habitación, pero después admitió que sí lo hizo.
"Estuve dos semanas en casa con la puerta principal siempre cerrada con llave", testificó la víctima. Luego el castigo fue a más y la joven fue confinada en su cuarto, que tenía un pestillo exterior y alambre en las ventanas, según los policías que declararon ayer. Fue entonces cuando amarró una sábana a su cama y se descolgó por la ventana. Pero el mecanismo cedió y Janalyn S. I. cayó al vacío desde un tercer piso de la avenida de Escaleritas. Ocurrió en febrero del año pasado.
Los abogados defensores solicitaron la absolución de los tres acusados por "error de prohibición", esto es, porque la familia de acogida actuaba conforme a su cultura y desconocían la ilicitud de su conducta. "Creía que estaba actuando de forma lícita y que tenía derecho a castigarla para evitar un mal mayor", dijo la letrada Begoña Santana respecto al padrastro de la joven.
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