M. REYES
La comunidad filipina afincada en Gran Canaria vive con preocupación la tormenta que arrasa el país asiático. "Estamos muy preocupados porque no para de llover", se lamentaba ayer Lenie T. Chávez, una mujer de 31 años que reside en la capital grancanaria y tiene a toda su familia en Filipinas. "He hablado con mi marido y mis cinco hijos y afortunadamente están todos bien", añade Chávez.
Y la preocupación no es baladí, porque el aguacero ha engullido la casa familiar de los Chávez, así como las plantaciones de coco, arroz y maíz que poseen en Cebu City, una de las ciudades anegadas por la tormenta tropical Ketsana. El marido y los cinco hijos de Lenie se han tenido que refugiar en casa de unos parientes, aunque ninguno ha sufrido daños. De ahí la alegría a medias que ayer se dibujaba en el rostro de esta mujer filipina, la cual lleva un año asentada en Gran Canaria.
Bernardo Urbano, también afincado en la Isla y miembro destacado de la comunidad filipina, confirma la "angustia" que atraviesan sus compatriotas, con "llamadas continuas y mensajes en Internet para saber cómo están unos y otros".
En cualquier caso, Urbano no tiene constancia de que los filipinos residentes en las islas hayan perdido algún pariente por las lluvias. Según él, en Canarias hay más de 2.000 compatriotas.
Muchos de ellos se concentraron ayer en diferentes canchas de la capital grancanaria para jugar al baloncesto, tal como hacen todos los domingos, y el tema de conversación no fue otro que "las casas, los coches y las cosechas que se ha tragado el mar". Todos coinciden en lanzar el mismo mensaje a países y autoridades: "Tienen que ayudarnos porque no para de llover y la situación es catastrófica".