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M. L. BARRERA -LAS PALMAS DE GRAN CANARIA Un mando de la Guardia Civil salvó la vida de una bebé de sólo 45 días que sufrió un episodio de asfixia por ahogamiento cuando la bañaban en el domicilio familiar en la localidad de Vecindario, en un gesto humanitario en el que fue necesario combinar conocimientos en primeros auxilios y capacidad de reacción ante situaciones críticas.
Según los datos obtenidos por este periódico, el incidente se produjo en torno a las 21.30 horas del pasado 13 de noviembre en un domicilio del barrio de El Canario, cuando uno de los familiares procedía a su aseo en el baño de la vivienda y, por causas desconocidas, perdió el control sobre su frágil cuerpecillo y se hundió en el agua de la bañera.
Aunque fueron pocos los segundos que estuvo inmersa, la niña se quedó sin respiración y su rostro comenzó a tomar la típica coloración azulada originada por la ausencia de oxígeno en sus órganos. Esta situación generó la alarma en la madre y los abuelos maternos y paternos, que en aquel momento se hallaban en el domicilio; mientras la madre sufría un shock emocional y quedaba tendida en el suelo, el resto gritaba para llamar la atención del vecindario.
El alboroto llamó la atención del mando de la Guardia Civil (vecino de la afectada y que desarrolla su trabajo en grupos de investigación), quien no se lo pensó dos veces y se lanzó escaleras abajo para prestar su ayuda y colaboración.
Al llegar a la vivienda, el escenario era de crisis y decidió, impulsado por su experiencia en otras emergencias, actuar con celeridad. Mientras realizaba maniobras de reanimación cardiopulmonar a la niña se puso en contacto telefónico con la sala operativa del 112, en la que un facultativo le iba dando instrucciones para mantener las constantes vitales. Hasta la llegada de la ambulancia, el guardia civil vivió una tensa y dramática espera mientras confiaba en que las técnicas de auxilios que había aprendido dieran sus frutos.
Una vez que los facultativos se hicieron cargo de la situación (intubaron a la pequeña para proporcionarle oxígeno y extraerle el líquido que había ingerido), el agente sintió el alivio de haber realizado con éxito el objetivo que se había marcado. Su mayor recompensa llegaría cuando la pequeña, de origen cubano, regresó a su domicilio y constató que no habían quedado secuelas en su frágil organismo.
Sin duda, en sus más de 15 años de experiencia, éste ha sido uno de los servicios más difíciles, pero también más gratificantes, que ha desarrollado.
De izquierda a derecha, Bárbara y su marido, Adolfo, abuelos maternos, y Julio e Hilda, abuelos paternos de Daily. L. R.
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