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A. CASTELLANO Para Francisco Javier D. M., un discapacitado vendedor de cupones que el pasado domingo sufrió una agresión para robarle en la Lomo de Jinámar, Telde, asegura que lo que llevaba encima era lo que le tenía para sobrevivir en lo que queda de mes. Ahora siente miedo, y dice que no volverá a vender boletos por Jinámar por posibles represalias de su atacante, al que no logró reconocer.
Todo ello porque del atraco no recuerda nada. Tampoco pudo ver quién fue el que le asestó un palo por la espalda para robarle todo lo que llevaba encima. Los hechos, según dice Francisco, sucedieron el pasado domingo sobre las 20 horas. "Iba vendiendo por la calle Fernando Sagaseta cuando de repente sentí un golpe en la cabeza", explica el afectado, quien sólo recuerda que una mujer le zarandeaba para que se despertara.
Durante el tiempo que permaneció inconsciente y tirado sobre la acera, el ladrón aprovechó para robarle todo lo que llevaba encima. "Tenía unos 35 euros en metálico, los que me quedaban para aguantar todo el mes, la cartera, 74 cupones... se lo llevó todo, hasta la licencia de moto", apunta. En total, el montante del robo fue de unos 100 euros aproximadamente.
Una llamada alertó a los servicios del 1-1-2 del Gobierno de Canarias, que trasladaron al afectado hasta el centro de salud de Jinámar y de ahí al hospital Insular de la capital grancanaria. En el centro hospitalario pasó varias horas, y allí se le diagnosticó un traumatismo craneoencefálico. Sin embargo, su estado no revestía gravedad y esa misma noche fue dado de alta.
A la mañana siguiente, Francisco tenía que volver al trabajo, pero decidió que nunca más vendería por Jinámar, barrio en el que vive. "El domingo era la primera vez que iba a vender allí los cupones", dice este lotero, que empezó en esta profesión hace tan sólo dos semanas, "y después de lo que me ha pasado no pienso volver", añade.
Ahora siente algo de respeto. "No sé quién me lo hizo, pero él sí que me conoce a mi, y tengo algo de temor de que haya represalias", señala. Es por ello por lo que ha decidido cambiar la zona de venta y se ha trasladado hasta el barrio teldense de San Gregorio para así poder subsistir, ya que con su sueldo tiene que mantener también a su madre, con quien convive.
Entre los colegas de trabajo el miedo también se ha instalado. Así lo cuenta Antonio, otro vendedor: "Claro que hay temor. Con la crisis que sufrimos cada vez hay más miedo a que venga alguien y te robe todo lo que llevas encimas, porque estamos indefensos en la calle".
Para la presidenta de la Coordinadora de Minusválidos de Canarias (Comican) -a la que pertenece Francisco Javier-, Inmaculada Guedes, la agresión ocurrida el pasado domingo pone de manifiesto que "se debe de volver a poner en servicio la comisaría de la Policía Nacional" que estaba situada en La Gerencia, una zona cercana adonde se produjo el robo. "Voy a pedir una reunión con Carolina Darias [delegada del Gobierno] para solicitarle que se reponga la comisaría", declaraba Guedes.
Para la presidenta, la situación en la zona impide que los trabajadores de Comican acudan a ella a vender "por miedo".
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