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ALBERTO CASTELLANO DÍAZ
Los ocho náufragos del velero Aulina II, que el pasado lunes quedó a la deriva a unas 90 millas al sur de Gran Canaria, respiran tranquilos en un hotel de San Agustín, en el sur de la Isla. Tras pasar unas horas de verdadera angustia, miran lo ocurrido con pesar, pero con la positividad que les da el que todos los ocupantes del barco se encuentran en tierra firme y en buen estado de salud.
Por lo que cuentan los siete alemanes y el noruego que ocupaban la embarcación, lo ocurrido durante la madrugada y la mañana del lunes fue algo más que un simple susto. "A las cuatro de la madrugada, mientras la mitad de la tripulación se encontraba navegando y la otra mitad durmiendo, quien llevaba el timón empezó a escuchar un ruido extraño", explica Christian Potthoff-Sewing, capitán del velero.
Lo que no se podía ni imaginar el marinero era que la avería había hecho que perdiera el control de la nave al afectar al timón. Entonces, comenzó una lucha contra la embarcación y el mal tiempo. "Había olas de hasta cinco metros y vientos de 29 nudos, lo pasamos bastante mal", apunta Potthoff. "La embarcación no tenía gobierno, no podíamos dirigirla y estábamos a la deriva a la espera de la llegada de Salvamento Marítimo", añade.
Y fue la rápida actuación de los miembros del equipo de rescate lo que propició que el accidente no pasara a mayores. Una vez dado el aviso, sobre las tres de la tarde del lunes la Guardamar Talia llegó al lugar. Sin embargo, la adversidad meteorológica propició que el rescate fuera algo más complicado de lo que se esperaba en un primer momento. Por ello, hasta el helicóptero de salvamento Helimer 208 tuvo que acudir desde Gando a la zona para apoyar en las tareas de emergencia.
Los ocho afectados fueron rescatados. Aunque, sin embargo, el barco, a pesar de los intentos por remolcarlo, "no pudimos hacer nada por traerlo a tierra, era imposible", señala el capitán. Por ello, tras varios intentos, se decidió dejarlo a la deriva. "Estamos ahora hablando con la aseguradora para ver si podemos salvarlo de alguna manera y que no se hunda" en un Océano Atlántico al que Potthoff no considera peligroso.
En el hotel en el que se hospedan, y casi con lo puesto ya que muchos de los enseres se quedaron en el velero, los náufragos esperan a tener nuevas noticias sobre la embarcación para posteriormente volver a sus países. De esta edición de la regata ARC sólo se pueden llevar una buena participación en las apenas 20 horas que pudieron disfrutar.
Junto a las posibilidades de conseguir una buena plaza dentro de la regata ARC, lo que se puede llevar el mar es un barco, el Aulina II, de unos 16 metros de eslora y valorado en un millón de euros, según señalaban ayer algunos tripulantes del navío.
La embarcación cuenta con la última tecnología naval, con instrumentos de alto coste monetario. A pesar de ello, esperan que la aseguradora logre finalmente remolcarlo y devolverlo a tierra, y así volver a intentarlo en otra edición.
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