A. F.
El cadáver de un varón de unos 50 años de edad -y del que este domingo sólo había trascendido que respondía al nombre de Monsi- fue hallado en la tarde de ayer en una cantonera abandonada situada en la Avenida de las Tirajanas, en la localidad de Doctoral. Según los datos captados por este periódico en fuentes cercanas a la investigación, el fallecimiento de esta persona -que hacía vida en el interior de un chamizo de bloques y otros elementos junto a un hermano de nombre Santiago- se podría haber producido entre 5 y 7 días antes, si bien será la autopsia arrojará luz al respecto.
Esta sería la segunda muerte que se registra en menos de 24 horas en la que las víctimas habitaban infraviviendas presumiblemente como consecuencia de sus paupérrimas condiciones de vida. El sábado por la tarde fue hallado el cadáver de otro hombre en el interior de un hotel abandonado de Yaiza.
En principio, y a falta de un examen más exhaustivo, la principal tesis que barajan los miembros de la Policía Judicial de la Guardia Civil de Vecindario es que el óbito se produjese por causas naturales. En el lugar de los hechos hicieron acto de presencia efectivos de la Benemérita, agentes de la Policía Local y bomberos. El cuerpo fue hallado vestido, boca abajo y en el interior de una cantonera, y la situación y estado que presentaba hicieron necesaria la participación de los bomberos, que rompieron una gran losa de hormigón para acceder al mismo, procediéndose a su traslado hasta el Instituto Anatómico Forense de la capital.
El finado era una persona muy conocida en el barrio y se le solía ver por el entorno de un supermercado pidiendo dinero. En la cantonera, situada junto a unos invernaderos en desuso donde está previsto levantar un parque urbano, hacía vida diaria con su hermano, y a ninguno de los dos se le conocía ocupación laboral alguna. Según varios vecinos del lugar, Monsi había sufrido años atrás una aparatosa caída que le había generado una significativa deformación en la parte superior del cráneo y nunca había protagonizado "grandes altercados de relieve" con el resto del vecindario. Según estos mismos testimonios, la propietaria de los terrenos en los que se halla la cantonera no veía con malos ojos que estuviesen de 'okupas' en aquel habitáculo, al que ellos mismos habían dado forma tras incendiarse un pequeño cobertizo en el que se establecieron en un primer momento.