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´¡Es un infierno, ahí hay muertos!´

Una estudiante Erasmus tinerfeña relata sus vivencias en el trágico festival Loveparade, donde presenció de cerca la avalancha humana

"¡No entres, no entres; eso es un infierno, es una guerra!", le gritaba un grupo de españoles que salía del interior del túnel

 16:18  
´¡Es un infierno, ahí hay muertos!´
´¡Es un infierno, ahí hay muertos!´  

NAIMA PÉREZ .
Empezamos a ver personas que salían del túnel llorando, sudando, algunas con huellas de pisadas en su ropa, otras con ataques de ansiedad, y no entendíamos nada de lo que estaba pasando; les preguntamos qué es lo que ocurría y sólo nos decían: ¡No entres, no entres! ¡Eso es un infierno, es una guerra!"


Estas declaraciones a La Opinión de Tenerife forman parte del testimonio de Claritza González, una joven tinerfeña de 21 años, estudiante de cuarto curso de Medicina en la Universidad de La Laguna, que llegó ayer de Colonia, Alemania, donde pasó diez meses con una beca Erasmus. Con algo más de calma después de la dureza de lo vivido, y ya en su casa de Tenerife, explica su experiencia en el festival Loveparade, celebrado el pasado sábado en la ciudad alemana de Duisburgo y que se ha cobrado hasta el momento la vida de 20 personas víctimas de una avalancha humana. En el trágico balance hay que incluir a más de 500 heridos. Dos de los fallecidos en el festival eran dos jóvenes catalanas, también estudiantes: Clara Zapater y Marta Acosta.


"No eran dos o tres, sino muchas más las personas que salían del túnel. No sabíamos lo que estaba pasando. Nos encontramos entonces a varios españoles y nos dijeron: 'ahí dentro hay muertos". El testimonio de este grupo hizo que Claritza y sus amigos decidieran retroceder y abandonar el lugar del festival. Pero antes de regresar sobre sus pasos, los españoles con los que se tropezó esta joven estudiante de Medicina le contaron la situación dantesca que habían presenciado y le recomendaron no continuar hacia adelante, hacia el escenario.


Fue entonces cuando decidieron retroceder. "Empezamos a llamarnos al móvil unos a otros para ver si estábamos bien, porque nuestro grupo se había dividido en dos; yo estaba en la parte delantera, cerca de la entrada del túnel", relata por teléfono.


El festival Loveparade iba a ser la fiesta de despedida de Claritza y los Erasmus españoles en Colonia y Münster, dos ciudades situadas en la región alemana de Renania del Norte-Westfalia. "Incluso yo me quedé unos días más para poder despedirme de mis amigos en la Loveparade", señala esta joven tinerfeña para explicar que hacía ya meses que tenían organizado acudir al festival.


El pasado sábado, 24 de julio, habían quedado en la estación de Colonia para coger el tren que los llevaría hasta Duisburgo. "Dijimos de vernos allí a la una de la tarde, pero nos retrasamos un poco y cogimos el tren de las dos menos cuarto". Algo más de una hora después, Claritza y los demás Erasmus llegaron a Duisburgo. "Nada más salir de la estación ya vimos que había un gran ambiente en la ciudad; mucha gente paseaba por sus calles".


El grupo no tenía información previa acerca de cómo era el lugar en el que durante medio día, de doce de la mañana a doce de la noche, más de un millón de personas se reunirían en el famoso festival Loveparade.


La joven explica que había una única entrada al lugar del festival y que era estrecha. "Pasamos un primer filtro de la policía; había bastante gente, pero no vimos aglomeraciones" que pudieran dar alguna pista sobre la magnitud de lo que allí estaba pasando. A medida que avanzaban, Claritza cuenta que ya los responsables de la seguridad del festival los paraban y les contaban que iban a ir entrando de forma escalonada.


"Cuando logramos pasar ese primer filtro nos alegramos un montón, porque vimos que se estaba complicando la entrada y nosotros ya habíamos conseguido pasar", sigue su relato. Fue a partir de ese momento cuando las cosas no fueron como esperaban. "El túnel era zona de entrada y salida, pero de pronto comenzó a salir mucha más gente y empezamos a ver caras asustadas, llorando, con ataques de ansiedad... todo el mundo salía aturdido".


De esa primera imagen consiguieron poca información para poder entender de verdad qué es lo que estaba sucediendo unos metros más allá. "Ni siquiera la gente de la organización sabía explicarnos qué pasaba; sólo trataban de que desalojáramos aquella zona".


Finalmente, fueron el grupo de españoles que venía en dirección contraria a la de Claritza y sus amigos los que los pusieron sobre la pista de la magnitud de lo que allí ocurría: "Ahí dentro hay muertos', nos dijeron; contaban que habían visto a chicas con convulsiones, personas partidas del dolor, piernas rotas, sangre, un caos..." Fue suficiente para regresar.


"Tardamos cinco horas en salir de la ciudad; la estación estaba cerrada, barreras de policías por todos lados". Entonces, los agentes de seguridad que desarrollaban su labor en Duisburgo contaron a todo aquel que preguntaba cómo salir de allí que se pondrían 150 guaguas para desalojar a la gente. "¿Pero cómo nos van a sacar a todos?, preguntamos. Allí sólo oías decir en alemán ¡tonto el último!" Era tal el caos y la cantidad de gente, que finalmente Claritza y sus amigos decidieron coger una guagua que los llevara en dirección contraria a la que seguían las demás. "Lo único que queríamos era salir de allí".


Al rato empezaron a sonar los móviles de muchos de ellos. La noticia había cruzado fronteras y muchos padres estaban preocupados por sus hijos. "No fue hasta llegar a Colonia cuando supimos la magnitud de lo que había pasado; las cifras de muertos y heridos bailaban todo el rato; cuando preguntábamos a los policías en Colonia si era cierto que había habido tantos muertos, sólo nos decían: ¡ve la tele y escucha la radio!", donde se enterarían de la tragedia.

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