"La tripulación del barco de Armas reaccionó tarde"

Los pasajeros del ferry accidentado hablan de caos y descontrol entre los empleados de la nave en los instantes posteriores al suceso

22.04.2017 | 03:25
Los pasajeros en el barco de Armas, tras el accidente
El ´Volcán de Tamasite´ se estrella contra el Nelson Mandela
Algunos pasajeros del barco de Armas accidentado perdieron los nervios
Accidente de un barco de Armas en el puerto de Las Palmas
Desembarco de los pasajeros del barco de Armas accidentado

"Hubo un poco de locura", reconocía Gabriel Velázquez, uno de los pasajeros del ferry Volcán de Tamasite que este viernes se estrelló contra el muelle Nelson Mandela cuando cubría la ruta entre el puerto de La Luz y el de Santa Cruz de Tenerife, poco después de bajarse de bajarse de la nave. Al igual que el resto de pasajeros, Velázquez no podrá olvidar el momento en el que las luces del barco se apagaron y la nave empezó a zozobrar antes de acabar estrellándose contra el dique del puerto: "La gente estaba muy nerviosa cuando sintieron un golpetazo muy fuerte y entonces empezó el descontrol, porque nadie sabía qué pasaba y todos estaban muy nerviosos".

Junto a la carpa a la que los pasajeros de Naviera Armas acudían tras desembarcar para tramitar sus cambios de billetes, Rosario Ramos esperaba la llegada de su hijo Airán González, que iba hacia Tenerife para participar en un espectáculo de ballet. "Mi hijo, que fue uno de los primeros en ponerse en contacto con emergencias, también me llamó a mí, que volví a llamarles". Esta madre, que aseguraba estar más calmada "desde que el barco atracó", intentó que su hijo subiera a cubierta para poder verle mientras esperaba que le permitieran descender, pero la tripulación no se lo permitió, según ella, "por si acaso cundiera el pánico y hubiera alguien que intentara saltar".

Su hijo Airán llegó poco después y relató que "el momento fue angustiante, se apagó la luz y nadie decía nada. Yo me decía '¡Chacho, aquí pasa algo, esto se está dando la vuelta' hasta que se estampó y se oyó el ruido". La tripulación, tan desconcertada como el pasaje, daba pocas explicaciones: "Me decían 'mira, yo sé lo mismo que tú, habla con el comandante' y se les veía nerviosos". La ansiedad por lo sucedido pudo con sus nervios, por lo que tuvo que ponerse un tranquilizante debajo de la lengua.

Manuel Quevedo estaba en la cubierta del barco antes de que ocurriera el accidente. Una vez en tierra recordaba que "justo cuando estábamos haciendo la maniobra de salida el barco empezó a meterse hacia el muelle con velocidad, por lo que entramos dentro corriendo y entonces la nave dio un viaje impresionante". En el interior del ferry la escena resultaba estremecedora: "Había gente por el suelo; a una de las chicas que trabajaba en la cafetería le cayó algún aparato y tuve que ir a ayudarla porque se había quedado atrapada".

Quevedo mostró su disgusto por el tiempo que tardaron en personarse en el muelle los servicios sanitarios: "Te asomabas y veías muchos coches de policía, pero al principio sólo llegó una ambulancia cuando por lo menos había tres casos de urgencia; hasta que llegó la segunda pasó muchísimo tiempo, por lo menos una hora. El caos puede ocurrir, pero no entiendo que tardaran tanto los servicios médicos cuando el resto de recursos llegaron mucho antes".

Una de las pasajeras que tuvieron que ser trasladadas a un centro médico con una crisis de ansiedad había dejado en el barco una valiosa compañía: una podenca con una pata amputada llamada Gaia que había sido rescatada en el albergue de Bañaderos y viajaba a Tenerife para participar en un curso de adiestramiento. Su compañera de la protectora Carecan Mila Hidalgo se acercó hasta el puerto para hacerse cargo del animal y explicó que su crisis de ansiedad se había debido a que "no podía acceder al animal".

Quienes parecieron tomárselo con cierto humor fueron Charina González y su familia, que regresaban a Tenerife tras unos días de descanso en Gran Canaria. "Yo estaba tranquila porque me decía que si el barco se hundía podíamos ir nadando, que no estábamos en alta mar". Tras descender de la nave con sus tres hijos -su marido se quedó en la nave para tratar de valorar los daños sufridos por su coche- explicó que lo sucedido le había resultado sorprendente: "Es que estoy viendo el vídeo y no me lo creo". Al igual que el resto de pasajeros, narró como sintieron un golpe "que nos echó para atrás" y pudo observar las escenas posteriores de caos. "La tripulación reaccionó tarde; al principio no sabíamos nada y algunos pasajeros querían comerse a la tripulación, me dio pena".

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