11 de marzo de 2017
11.03.2017
Entrevista

"Hace tiempo que escribo ficción desde el espacio de los ensayistas"

"Muchos me dicen que ante ´Mac y su contratiempo´ estaban levitando, creyendo que estaba escrito especialmente para ellos", confiesa el escritor Enrique Vila-Matas

11.03.2017 | 00:59
Enrique Vila-Matas.
Enrique Vila-Matas
 
"Hay muchos lectores que ´ante lo complicado´ tienen complejos de inferioridad que deberían sacudirse lo antes posible"
 
"Mac piensa que el mercado cultural ha vivido muchos años del mito del valor único de la novedad, un mito que ha sido vulgarizado hasta extremos insoportables"
 
Escritor

 

 

Enrique Vila-Matas acaba de publicar un nuevo libro, 'Mac y su contratiempo' (Seix Barral). Una novela que este escritor es capaz de dinamitar desde dentro para poner en solfa el género como esclerosis de la literatura

En su nuevo título nos sorprende con nuevos giros a sus constantes narrativas. Es la forma de proceder del singular escritor Vila-Matas, referente mundial ineludible de la Literatura con mayúscula y autor de una vasta obra multidireccional en marcha.

El narrador, protagonista de Mac y su contratiempo, es un abogado en paro que se propone reescribir, modificándola, una novela de principiante que escribió muchos años atrás un vecino famoso. Comienza a escribir como debutante en su diario. Mientras tanto, va ideando la escritura de ese falso libro que ansía convertirlo en una novela inacabada y póstuma. El libro del que se apropia Mac para modificarlo consiste en las memorias oblicuas de un ventrílocuo contadas en diez relatos con voces que imitan las de diferentes escritores. La figura del ventrílocuo, que al principio sufre porque no logra desprenderse de la propia voz para ejercer su oficio, se vuelve en Mac y su contratiempo un motivo fabuloso en contra de la idea de supuesta originalidad en la literatura. En defensa de la repetición como ámbito donde surge la diferencia.

En su novela censura el mito del valor único de la novedad editorial, al que el mercado cultural suele rendirle culto. ¿Qué relación guarda esta censura con la repetición, tema clave que atraviesa Mac y su contratiempo ?

Me acuerdo de haber entrado hace años en una librería acompañando a un famoso poeta barcelonés. Desde las alturas de la escalera de entrada al local, el poeta, viendo la mercancía que allí se exponía, exclamó: "¡Qué horror! ¡Todo son novedades!" En mi novela, Mac podría haber dicho algo parecido cuando va a la librería de su barrio, el Coyote. Porque Mac piensa que el mercado cultural ha vivido muchos años del mito del valor único de la novedad, de ese mito de la novedad editorial que ha sido vulgarizado hasta extremos insoportables. Para Mac se trata de un culto que no sólo pretende borrar el pasado, sino que, yendo un poco más allá, trata de encubrir las fuentes originales del arte de contar.

¿Concibe la repetición como parte de la naturaleza de la escritura?

Sin duda. Mac opina que en las "ficciones de la repetición" se reconoce que el encadenamiento con el pasado es sustancial a su materia narrativa. Mac quiere creer que casi todos los que escriben son conscientes de que la literatura no empieza en ellos.

Usted distingue entre las ficciones que buscan la originalidad en la rememoración de un "episodio piloto" y aquellas que la buscan en la capacidad potencial del origen. ¿Esta distinción se asocia a la diferencia que usted establece entre recuerdo y repetición?

Posiblemente. En el libro se cita a Kierkegaard como autoridad en esto. Para este escritor, el recuerdo y la repetición eran el mismo movimiento, pero uno mirando hacia atrás y el otro hacia delante. "Recuperar el pasado equivale a la muerte", escribió Nabokov. Y llevaba toda la razón. Repetir en cambio es avanzar, es la vida.

Una de las ideas que se cuela con frecuencia en su novela es la de que se escribe para descubrir lo que se quiere decir.

Bueno, Mac piensa, como pienso yo también -en esto sí coincidimos los dos plenamente-, que uno no empieza por tener algo de lo que escribir y entonces escribe sobre ello. Es el proceso de escribir propiamente dicho el que permite al autor descubrir lo que quiere decir.

¿Es usted un ensayista que se disfraza de narrador o un narrador que se sitúa en el espacio del ensayo para ejercer el arte de contar?

Hace tiempo que tomé la decisión estilística de escribir ficción desde un espacio que suelen ocupar más bien los ensayistas y los poetas: un yo literario visible. Creo haber deslizado la ficción hacia un sitio en el que, sin renunciar a narrar, no le pido al lector que suspenda la credulidad, porque más bien puede que la atracción que sientan mis lectores hacia lo que escribo no provenga normalmente de la historia que les cuento, sino del reencuentro con el autor que especula.

¿Es por eso que su obra puede ser leída como un continuo?

Un continuo en el que se van agitando historias y géneros: mis libros de artículos fluyen hacia mis novelas que fluyen hacia mis ensayos que fluyen hacia mis relatos cortos.

En 'Mac y su contratiempo' logra abordar con gran sentido de humor, a través de una trama mínima y abierta, temas cruciales como el amor y el desamor, los celos, la soledad, el aburrimiento y cansancio, la fuga y desaparición, la muerte? En un momento determinado del libro escribe Mac en su diario que el compromiso con la literatura requiere compromiso con la vida. ¿El acto de escribir forma parte de la punzada de la vida?

Compromiso con la vida, sí. Pero no se confunda esto con el compromiso político. Mis textos no son especialmente políticos. Mis personajes viven en medio de la historia, sencillamente. En Mac y su contratiempo hay una presencia cada vez más invasiva de la crisis económica de Europa. La novela (que es también libro de cuentos, diario de un debutante y ensayo sobre la repetición y la diferencia) no vive de espaldas a la realidad de su tiempo, sólo que ese es un factor más de la narración. Con todo, la conjura de los mendigos del barrio tiene algo brechtiano.

Una cita de Barthes en contra de las novelas, de las que dice que son una forma de muerte porque convierten la vida en destino, aparece en 'Mac y su contratiempo' como trampolín para denunciar la camisa de fuerza que supone el género y defender las novelas como cajas chinas, llenas de cuentos. ¿Me equivoco?

La cita de Barthes me fue muy útil para incluirla en el libro y reforzar ese lado que tiene Mac de tozudez en querer escribir su diario privado y tratar de impedir a toda costa que éste se le convierta en una novela.

Mac es un gran lector. Suele encontrar en las palabras del escritor o de otros lo que él busca. Me parece que Mac y su contratiempo contiene una teoría implícita sobre el lector, relacionada con el arte de la interpretación. ¿Es así?

Se ve esto ya al principio, en los episodios del horóscopo del periódico, un oráculo que Mac cree que está escrito especialmente para él. Y es que Mac es un mago de la interpretación de textos. También lo son muchos lectores que se me acercan estos días para decirme que al leer Mac y su contratiempo estaban levitando creyendo que estaba escrito especialmente para ellos.

Los "dos viejos cónyuges", arte y ficción, forman parte importante de su libro. Mac introduce otra variante de viejos cónyuges: lo sencillo y lo complejo en literatura. La narrativa es un proceso que desconoce el punto de llegada, escribe usted. ¿Podría darnos unas pinceladas sobre esta idea?

Mac nos dice que, a lo largo de su vida, ha sentido siempre cierta empatía por "la escuela literaria de la dificultad" que se forjó en Norteamérica. Si le obligaran a decidirse, dice que optaría por la complejidad narrativa que surgió de esa escuela. Y pone el ejemplo de Los Beatles, que lanzaron Sgt. Pepper´s Lonely Hearts Club Band y recibieron muchas críticas por la irrupción de la complejidad en las canciones del grupo. Pero hoy se ve perfectamente: de haberse los Beatles atascado en su simpleza inicial (sencillas canciones de amor) es seguro que no serían los iconos culturales de ahora. Y, dado que hasta los fans más antiguos aplaudieron la evolución y acceso a la complejidad del grupo, Mac se pregunta también por qué tan pocos autores literarios se atrevieron a hacer lo mismo que los Beatles congeniando lo popular con lo complejo y lo que ahora llaman "elitista". ¿Son incompatibles la sencillez y lo complicado? Hay muchos lectores que, ante "lo complicado", tienen complejos de inferioridad que deberían sacudirse lo más pronto posible. Tienen que dejar de pensar que son sólo simplones o burros. Les recomiendo que se lancen a la complejidad sin abandonar la sencillez y la naturalidad de siempre.

¿La literatura se ha ido construyendo con las repeticiones o falsificaciones de la voz original, perdida para siempre?

Tal vez, pero ahora podríamos darle la vuelta a lo que plantea mi novela y escribir otra bien distinta en la que unos personajes -pongamos que siguiendo una pista misteriosa pero muy fiable, en el transcurso de un viaje por países de la antigua Arabia feliz- encuentran lo que buscaban: la voz que creían perdida para siempre, nada menos que la misma que narró el primer cuento del mundo.

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