ELISA ARDOY
Cuando era un niño estudiaba en el colegio Claret de Las Palmas de Gran Canaria, pero se escapaba siempre que podía al Teatro Pérez Galdós. Allí el pequeño acudía a las funciones de tarde y noche (con entradas a una peseta) y aprovechaba para escabullirse entre los camerinos y bambalinas. "Yo lo que quería era ver las luces, los decorados", explica el cantante emocionado. En el teatro observaba a las grandes figuras de la época, como Marcos Redondo o Matilde Vázquez. No había cumplido los 10 años y De Granada ya sabía a qué quería dedicarse el resto de su vida, aunque sus padres nunca lo aceptaron. ¶
Tenía tan clara su vocación que en 1947 se fue a Madrid para probar suerte, pero "me tuve que volver porque me moría de hambre". Aún así, le mereció la pena, todavía recuerda su primera experiencia en barco y en tren. Regresó a Las Palmas y en 1950, en plena adolescencia, decidió coger sus cosas e ir a buscarse la vida a Barcelona, donde "tuve la suerte de conocer a Antonio Amaya". ¶
Allí empezó a hacerse un hueco entre revistas, películas y obras de teatro. Con el tiempo se trasladó a Madrid, donde trabajó en los locales más famosos de la época, como el Molino Rojo. Luego comenzó a recorrer con sus espectáculos el territorio nacional y el extranjero: "Soy un pobre trabajador, pero por ser artista me he recorrido el mundo entero". ¶
Tiene tantos recuerdos que no acierta a quedarse con ninguno, pero también rememora momentos amargos que todavía le cuesta contar. "Fue una época de represión donde no te dejaban llevar ropa que se podría considerar extraña. A los hombres nos querían vestidos con traje de chaqueta", narra el artista que guarda decenas de trajes de todo estilo y colorido. Ahora valora "muchísimo" la época actual, después de haber pasado "tanto sufrimiento". Para que la gente conozca su vida, tanto sus partes buenas como malas, está empezando a escribir sus memorias que "van a ser muy bonitas" y en las que tiene "mucho que contar". ¶
Una de las cosas que echa de menos son las revistas, por ello lamenta que no se apueste por este género hoy en día, sobre todo, el motivo es la gran inversión económica que supone. "Es mucho dinero, en plumas, vestuario... Nadie se atreve a hacer una revista, yo sí porque soy muy atrevido". Además, el grancanario considera que faltan locales en el Archipiélago para realizar cualquier tipo de espectáculo. ¶
De Granada, después de tantos años, continúa en activo, aunque reconoce que ya no puede seguir el ritmo de años pasados. Precisamente hace unos días actuó en las fiestas de San Cristóbal, en la capital grancanaria, en la que cautivó al público con su particular sentido del humor. Agradece que después de tanto tiempo la gente se acuerde de él y admite sentirse muy querido por el pueblo canario. "Cuando salgo a la calle todo el mundo me conoce y se dan con los codos cuando me ven", comenta orgulloso.