A. MARTIN.
La Semana Santa se aproxima, y nos inspira para hablar de la estética propia de estas fiestas, el aspecto más material de unas fechas espirituales, pero con fuerza de tradición cultural. Mañana domingo de Ramos arranca la Semana Santa con la mítica procesión de la burrita.
Desde ese momento y durante toda una semana las zonas emblemáticas de las ciudades, como Vegueta en Gran Canaria, y el casco antiguo de La Laguna en Tenerife, se engalanan con banderas y alfombras florales. Mareas de feligreses acompañan las imágenes de las vírgenes y los santos en las diversas procesiones que se realizan durante el jueves y el viernes santo.
Para estos eventos religiosos, las mujeres utilizan una vestimenta acorde con el cortejo organizado para la ocasión: el negro es el color establecido por su significado de luto y respeto: además, por tradición cultural, las señoras llevan peineta y mantilla de encaje... en el caso de Canarias se utiliza la mantilla canaria.
El vestido debe ser por debajo de la rodilla y con medias negras; el protocolo a la hora de vestir para una procesión no contempla que las señoras utilicen pantalón y mucho menos un atuendo en tonalidades claras.
Los complementos son importantes y por lo general se recurre a las joyas heredadas de madres a hijas con unas reminiscencias vintage... los expertos aconsejan utilizar broches, collares de perlas (las más valoradas son las antiguas) y largos pendientes... todo ello con estilo andaluz, muy propio de la Semana Santa sevillana.
En la actualidad, los vestidos que utilizan las mujeres para vivir esta tradición cambia según las tendencias; el negro se conjuga con otros colores como el púrpura, el morado o el dorado... aparecen las superposiciones con otras texturas como la seda o los encajes y la pedrería hace su aparición en forma de adornos en el discreto escote o en la parte inferior de las faldas.