TOPCANARIAS.
Los enfermos crónicos, ancianos en su mayoría, se ven obligados a tomar medicación de por vida. Las autoridades sanitarias han puesto en marcha diversos programas de seguimiento de este tipo de pacientes ante el riesgo que supone para su salud el consumo descontrolado de dosis de los distintos fármacos que les fueron prescritos.
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No debe olvidarse tampoco que las vísceras encargadas de la absorción de estos productos (estómago, hígado, páncreas, bazo) están sobrecargadas por el trabajo que supone metabolizarlos, con lo cual se hace bien patente el dicho de que "a veces es peor el remedio que la enfermedad".
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Crónicos y polimedicados . Ante el incremento de esta problemática clínica, el Ministerio de Sanidad y Consumo de España acordó en febrero pasado, junto con la comisión de Farmacia del Consejo Interterritorial, destinar 27 millones de euros (36,3 millones de dólares) para impulsar la creación de programas de mejora a la atención que reciben enfermos crónicos y polimedicados.
La propuesta contempla la actuación de profesionales sanitarios cualificados en el manejo de medicamentos para revisar, de forma sistemática, la efectividad de los tratamientos de los pacientes.
El proyecto persigue, ante todo, el establecimiento de una serie de pautas para un mejor control de la posología, administración y efectividad de esos tratamientos.
De otro lado, y según un informe de la Consejería de Sanidad de la Comunidad Autónoma de Madrid, donde se ha puesto en marcha un programa de Atención al Mayor Polimedicado, sólo un 20 por ciento de las personas de más de 65 años a las que les fueron recetados más de ocho fármacos diarios sigue el tratamiento de forma correcta mientras que al resto o bien se les olvida, o los toma a deshora, o no es capaz de recordar las instrucciones que le dio el médico.
Algunos enfermos aseguran no haberse leído los prospectos, y por tanto no saben si tenían que tomar las pastillas antes o después de ingerir alimentos sólidos o líquidos, si una o dos grageas cada vez o cuántas dosis al día.
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Los datos también indican que entre un 5 y un 17 por ciento de los ingresos hospitalarios en la Comunidad madrileña se debieron a las reacciones adversas sufridas por este colectivo de personas, por consumo inadecuado de fármacos.
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Duplicación de medicamentos. La legislación trata también de que las boticas y los fabricantes de fármacos se impliquen en el control de esta problemática, si bien hasta el momento sólo el 62 por ciento de las farmacéuticas españolas tienen sistemas totalmente automatizados de seguimiento de los medicamentos desde el laboratorio hasta el cliente final, que pueden "facilitar las retiradas de productos en casos de alarma sanitaria".
Otra problemática a considerar en este tipo de pacientes es la acumulación de fármacos y la duplicación de medicamentos con efectos similares. En este punto los responsables sanitarios apelan al consumo responsable de este tipo de productos aunque ya se han alzado voces en favor del copago de medicamentos, consistente en el establecimiento de una tasa simbólica, con el fin de evitar el derroche o la caducidad de fármacos olvidados en el botiquín familiar.
En España las personas de la tercera edad, entre otros colectivos, adscritas al Sistema Nacional de Salud tienen acceso gratuito a los medicamentos, siempre que acudan a la farmacia con la receta debidamente cumplimentada. Este derroche de medicamentos tiene como escenario principal los países desarrollados, donde la mercadotecnia de los grandes grupos farmacéuticos y la referida facilidad de acceso a las dosis lo favorecen.
Paradójicamente, unos 86 millones de personas que padecen dolores -la inmensa mayoría de ellas en países en desarrollo- no tienen acceso a analgésicos que les alivien el sufrimiento.
Así lo puso de manifiesto un documento reciente de la Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes (JIFE), el órgano de las Naciones Unidas con sede en Viena encargado de velar por el cumplimiento de los tratados internacionales contra las drogas.
En su informe sobre 2008 se indica que "alrededor del 90 por ciento de los medicamentos fiscalizados (para fines paliativos) se consumen en América del Norte y Europa".
Según los cálculos del organismo internacional, el 80 por ciento de la población mundial que vive en los países en desarrollo consume sólo el 6 por ciento de la morfina mundial, mientras que el resto se utiliza en los países desarrollados.