JOSE DE AGUILAR
El doctor Arturo Gómez García está considerado internacionalmente como una eminencia, aunque su categoría humana no se queda atrás. Así, en el año 2005 fue objeto de un homenaje en la capital grancanaria, organizado por gente perteneciente al mundo empresarial y médico, así como por antiguos ex futbolistas de la Unión Deportiva Las Palmas, que sigue y será siendo siempre su equipo del alma, pese a que los servicios profesionales que le unían a la entidad no terminaron como una persona de su clase merecía. Sin embargo, Arturo Gómez se benefició de ese hecho, al disfrutar ahora de más tiempo libre, que dedica a hacer deporte y a su familia. Curiosamente, dos de sus tres hijos (Arturo y Rocío) trabajan en su consulta.
En los años 70, el doctor Gómez García trabajaba en el Centro Nacional de Parapléjicos de Toledo, "donde había muchos pacientes canarios, por accidentes sufridos en la playa", y en 1975 aprobó una oposición y vino destinado a Gran Canaria, "para estar más cerca de mis padres. De aquí, si Dios quiere, no me moverán más".
Arturo Gómez no tenía antecedentes familiares en la Medicina. Su padre era maestro, aparte de un gran aficionado al fútbol, llegando a ser vicepresidente de la UD Güímar: "Y yo iba para ingeniero; se me daban muy bien las matemáticas, pero un dentista que ejercía en Güímar, Agustín de las Casas, me metió el gusanillo de la Medicina, la estudié y no me arrepiento, porque disfruto y soy un enamorado de mi profesión".
En tal sentido, asegura que "el nivel de la Medicina de Rehabilitación en Canarias es muy bueno a nivel nacional, tanto por los profesionales como por las instalaciones que poseemos. Además, también nos invitan a dar muchas conferencias en el exterior".
Lo que más le gusta de su profesión es "la gratitud del paciente, y darle a éste salud y bienestar". Por el contrario, lo peor es "cuando diagnosticas alguna patología irreversible, en la que ves que no puedes hacer nada".
Arturo Gómez es consciente de que sus familiares se resienten por las muchas horas que dedica a su profesión: "Pero tengo la suerte de que mi familia siempre me ha apoyado y sabe que ésta es mi vida. Mi esposa no pone mala cara, aunque le gustaría que le dedicase más tiempo... y lo malo es que mi hijo Arturo -se ríe- va por el mismo camino".
Hablando de su hijo, el listón se lo ha puesto bastante alto: "A mí me ocultó hasta última hora que iba a estudiar Medicina, por vocación. Para él es duro, porque lo van a comparar conmigo y lo mirarán con lupa, pero estoy orgulloso de él, porque es un estudioso que le echa las horas que hagan falta para superarse. Además, pacientes que no saben que es mi hijo me han dicho que están encantados con su trato humano. Médicamente, podemos equivocarnos, pero lo que no debe fallar nunca es la humanidad".
Lo dice quien, en 2005, fue objeto de un homenaje: "No sé si me lo merecí, pero estaban todos mis amigos (que son legión, por cierto), y quizás eso demuestre que he sembrado una semilla. En todo caso", ríe, "no creo que me quieran retirar. Estaré en la Medicina hasta que el cuerpo aguante".
Gran parte de su etapa profesional ha estado ligada al deporte, especialmente a la UD Las Palmas, donde entró a través de Domingo Ponce y Paco Castellano, y en la que coincidió con entrenadores tales como García Remón, "un hombre muy serio y leal", Fernando Vázquez, Kresic, Tino Luis, Juan Manuel Rodríguez y David Vidal, "que me hacía mucha gracia, porque era un show... Hoy en día quiero que gane siempre la UD, pero no he vuelto al estadio porque hay personas que me traen muy malos recuerdos".
Otra de sus grandes pasiones, además del fútbol, es el Carnaval: "Yo creo que son mis raíces tinerfeñas". Disfruta en la cabalgata anual en una carroza junto a sus amigos, y es jurado de plantilla de las galas drag queen: "Sé que alguien dudaba incluso de si yo era gay; todo lo contrario, aunque los respeto". De lo que nadie duda es de que, además de un gran doctor, es un auténtico caballero.