LAURA DOCAMPO
Está en su mejor momento. Su obra viaja más que casi la de ningún otro artista plástico de las Islas y allí donde va triunfa. Lo está vendiendo todo. Tanto que ha decidido aparcar sus tareas en el mundo de la empresa para dedicarse a la pintura a tiempo completo. Ahora, tras 15 años de trayectoria, el pintor tinerfeño Alejandro Tosco (34 años) se enfrenta a un nuevo desafío: la inauguración de una exposición magna de su obra en el ex convento de Santo Domingo, en La Laguna, en la que reunirá su personal mirada de los paisajes insulares en medio centenar de obras caracterizadas por un enfoque aéreo, una visión a vuelo de pájaro en que exprime variedad de técnicas y texturas, la fuerza del color, su pasión por el volumen y la crítica irónica, a nivel conceptual, hacia una sociedad como la canaria, que según el artista "habita un territorio privilegiado al que en demasiadas ocasiones descuida y maltrata".
Con Paisajes,su exposición más ambiciosa, Tosco traza, desde un cielo imaginario, las postales de salinas, volcanes y malpaíses que tapizan las islas. La Naturaleza, siempre presente en su obra, se muestra de forma abstracta en unos lienzos que acaban de regresar de La Habana, Cuba, donde participó de la Bienal de Arte Contemporáneo, pero que antes estuvieron colgados en reputadas galerías de Italia, Nueva York, París, Portugal y Japón.
En su estudio, ubicado en una tranquila calle del barrio de Salamanca de la capital tinerfeña, Tosco espera con ansiedad la inauguración de la muestra, que estará abierta al público del 2 al 23 de julio. La luz del sol inunda esta tercera planta desde donde se puede ver el mar y las azoteas con ropa al viento de medio vecindario. Todo en su estudio mantiene un riguroso orden. Una gigantesca mesa alberga multitud de pinceles y pinturas de colores. En una pared lateral, sobre una estantería, guarda docenas de recipientes con conchas, arena y otros elementos que, tal vez, algún día formen parte de una de sus creaciones.
Entre una pincelada y otra, el joven artista se mira en el espejo que cuelga en uno de los rincones de la habitación y comienza a hacer balance del camino recorrido. Recuerda sus inicios "siempre difíciles, cuando no te conoce nadie" y se muestra satisfecho por lo conseguido hasta ahora. "En esto no te puedes quedar esperando que caiga la hoja. Tienes que moverte mucho y tener paciencia porque hay cosas que van muy lentas. Por ejemplo, si pides una sala hoy puede que tengas que esperar dos, tres o cuatro años hasta que te toque", confiesa.
Tosco se dedica a la creación plástica desde temprana edad movido por una vocación innata, pero también influenciado por su entorno familiar, dentro del que se encuentran pintores de fama internacional como Álvaro Fariña y el propio Óscar Domínguez, uno de los padres del surrealismo. Estudió Náutica pensando que la pintura sería su hobby, pero aquello que parecía ser accesorio cada vez fue ganando un lugar más importante en su vida. La primera exposición de la que participó fue una colectiva en la sala Lola Melián, en 1994. A ésta le seguirían muchas otras, tanto colectivas como individuales, hasta que en los primeros meses del 2000 llegaría el verdadero punto de inflexión de su carrera, que dio a conocer su trabajo en todas las islas y le abrió las puertas de las salas más reputadas. Fue con Archipiélago Chinijo, una muestra en la que plasmó su visión de la reserva marina más grande de Europa, con la que Tosco comenzó a acaparar la atención del público y la crítica.
Otra de sus colecciones destacadas fue Materia viva. Con esta serie, el pintor puso su atención sobre las lapas, una especie de molusco del que en Canarias hay cuatro variedades, todas ellas en alarmante peligro de extinción. Su defensa activista de la naturaleza no solo se plasmó sobre los lienzos, sino que también fue más allá, organizando un ciclo de charlas paralelas a la muestra en el que participaron expertos de diversas disciplinas. "Para mí, Arte y Naturaleza son lo mismo. Son indivisibles", afirma Tosco mientras repasa con la mirada las obras que pueblan varias de las paredes de su estudio.
Desde que la exposición itinerante Archipiélago Chinijo viajó por las siete islas sus obras se han convertido en un valor en alza. Particulares y entidades privadas y públicas como el Real Club Náutico de Gran Canaria, el Museo Néstor, la Fundación Loro Parque, el Instituto de Estudios Hispánicos de Canarias, el Museo Municipal de Bellas Artes de Santa Cruz de Tenerife, los Cabildos de El Hierro y La Gomera o los Ayuntamientos de La Laguna, La Orotava y Arona cuelgan hoy en sus salones obras de Alejandro Tosco.