JOSE DE AGUILAR
En el rostro de Paola Tirados sobresale generalmente una amplia sonrisa, aunque al recibir la medalla de plata por equipos en natación sincronizada en la Olimpiada de Pekín 2008, en el momento más feliz de su carrera deportiva, rompió a llorar: "Fue de satisfacción, rabia y emoción. Satisfacción tras muchos años luchando por estar en el podio olímpico y por fin lograr el objetivo; rabia por no poder ganar la medalla en el dúo, del cual fui excluida ese mismo año después de estar junto a Gemma Mengual desde 1999, y emoción por vivir ese momento tan deseado por cualquier deportista, al que además se le sumó el accidente aéreo de Barajas, ocurrido dos días antes de que ganásemos la medalla. Mis padres y mi hermano volaban ese mismo día a Pekín y me enteré de que había un accidente, aunque no sabía si era entre Madrid y Gran Canaria o viceversa".
La consecución de esa medalla abrió la caja de los truenos en la selección nacional, en el que no siguen Cristina Violán, Laura López y la propia Paola: "Yo me rebelo ante las injusticias y no aguanto los malos actos. Soy muy reivindicativa y no me iba a callar si veía cosas incorrectas. La nadadora de sincronizada no disfruta de una vida digna en la selección, y yo lucho por esas niñas que empiezan con ilusión y en las que me veo reflejada.
Por eso presenté en enero una carta a la Federación Española, tras la que se le abrió un expediente disciplinario a la seleccionadora (Anna Tarrés), por una de las tantas cosas que he denunciado, los métodos que emplea para lograr los objetivos. Ahora no entreno con la selección, y lo hago por mi cuenta en el complejo deportivo municipal Bac de Roda. No descarto volver al equipo cuando se resuelva el expediente".
Paola rememoró su carrera: "Empecé a nadar a los tres años en la piscina Julio Navarro de la Unión Deportiva Las Palmas (hoy CN Las Palmas) y a los cinco mi madre me animó a entrar en la escuela de sincronizada. Tras entrenar en una breve etapa con Carmen Martón, me dirigió Aurora Gil, que ya me había enseñado a nadar. Hoy me apoya y me aconseja, y es como si fuera de mi familia".
Tras ser subcampeona de España a los 15 años, Paola decide irse a Barcelona en 1998, "para entrenar allá el dúo de cara a la Olimpiada de Sidney 2000 y para estudiar Arquitectura, aunque seguí en mi club de siempre, ya que el dinero no lo es todo, y porque además estoy muy arraigada a mi tierra".
Hablamos de dopaje y recordamos que la ex atleta Cristina Pérez afirmó que había visto de todo en una Olimpiada... y Paola estuvo en tres (Sidney, Atenas y Pekín): "Yo no me he dopado nunca, pero un deportista hace lo que quiere. Es incomprensible que en un equipo alguien se dope, porque puede echar abajo el trabajo de las demás. Yo no he denunciado a ninguna de mis compañeras, porque no soy quién para hacerlo. ¿Si ha habido casos de dopaje en el equipo español? Puede que sí... y puede que no", y se ríe.
A Paola le resta un solo curso para acabar Arquitectura, carrera que estudió motivada por Juan José Carballo, su antiguo profesor de Dibujo en el Claret: "La carrera me ha enganchado, pese a que es duro compaginarla con el deporte. Me gustaría proyectar instalaciones deportivas y dedicarme al diseño de interiores cuando vuelva a la isla".
Este año ha vivido dos situaciones bien diferentes con el Ayuntamiento de Las Palmas. Paola declinó ser pregonera del pasado Carnaval, "porque vi injusto que el Consistorio sólo ayudase económicamente a algunos olímpicos y no a todos". Meses después, recibió orgullosa la Medalla de Oro de la ciudad, y la felicitación del caballeroso Roque Díaz, concejal de Deportes y Carnaval.
Gerente de la recién creada Fundación Canaria de Apoyo al Deportista del Gobierno de Canarias, a Paola la ilusiona "facilitar la transición del deportista al mundo laboral. Ayudar a los demás es lo más bonito del mundo y la política es una buena forma de conseguirlo". Con su honestidad y coraje, seguramente rendirá en este campo a tan alto nivel como en la natación sincronizada.