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HEMEROTECA » |
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CRISTINA GONZÁLEZ. El actor argentino Miguel Ángel Solá vuelve a subirse al escenario junto a su esposa Blanca Oteyza, en esta ocasión para hacernos vibrar con la obra Por el placer de volver a verla tras el éxito de El diario de Adán y Eva. Este fin de semana llegan al teatro Cuyás y todo hace prever que esta combinación volverá a ser todo un regalo para los espectadores. Muy poco hay que agregar de la excelente calidad interpretativa de Solá que no se haya dicho ya, un actor pura raza que llega a Canarias alabado por las críticas de la película El corredor nocturno, junto a Leonardo Sbaraglia, que acaba de estrenarse en Argentina y que llegará a España en unos meses. El artista vuelve a la ciudad donde volvió a nacer hace tres años. Un accidente mientras se bañaba en la playa de Las Canteras a punto estuvo de costarle la vida o causarle una paraplejia. Asegura que no le guarda rencor a nada, porque muchas personas hicieron un complot para que siguiera vivo. Especialmente quien lo rescató del agua, al que ahora considera su padre pese a ser más joven que él.
¿Qué podrá sentir el espectador en Por el placer de volver a verla?
Caricias. Otras caricias. Y el valor del cariño cotidiano y la poco promocionada historia del amor que permanece y se agiganta en el tiempo. No es Shakespeare, no es Ibsen, no es Brecht, no es Miller, no es Aristófanes; es Tremblay, blandiendo que la vida le dio una madre enorme, en amor, en vuelo, en permiso, en compañerismo, en compromiso... Tremblay es mucho autor en toda su sencillez, y más aún en este cuento de las buenas noches tan bellamente contado.
Tras el éxito de El diario de Adán y Eva, también junto a su esposa Blanca Oteyza, y las excelentes críticas que recibió la obra, ¿es un reto volver a subir al escenario ambos y que existan comparaciones?
Estar con Blanca en un escenario es continuar con nuestro amor entre otras paredes. En cuanto a las comparaciones, pueden ser determinantes para las mentes pobres y los corazones secos, porque la mediocridad es pasto seco de cualquier chispa. Pero no lo es para quien sabe cuánto le cuesta en tiempo, dinero e ilusión ir al teatro. Ésos sacan sus plateas y se sientan a gozar; y, si lo que ven, oyen y sienten les conmueve, salen a la calle a recomendarla, no a compararla.
¿Es una garantía de éxito?
Hasta el momento hemos trabajado en Avilés, Logroño, Málaga, Vitoria, Vigo y Pontevedra, con teatros repletos con dos semanas de anticipación. Han sido funciones de mucho lucimiento, llenas de risas y lágrimas, y con público de pie, aplaudiendo emocionado. La obra gusta, enternece y conmueve. Como en El diario de Adán y Eva estamos recogiendo críticas sencillas, sentidas y elogiosas, que, además, llevan implícito el deseo de que nos vaya bien. No conocemos personalmente a los críticos, pero les deseamos que la vida los trate como ellos a nosotros, y todo lo que nos desean les vuelva multiplicado, de por vida.
¿Es complicado trabajar junto a la misma persona con la que vive, o eso genera mucha más compenetración como actores?
Conocernos, habernos aceptado, confiar, y que el tiempo pase y que el amor siga es ya un logro. Y que ese amor sea creativo, complementario y beneficioso, y, tras él, buscarnos para hacer el siguiente trabajo, es otro. Y, que, al irnos a dormir, nuestros pies sigan queriendo estar juntos, tocándose hasta el día siguiente, que será parecido a cualquiera de todos los días de estos 16 años, es todos los logros posibles para dos que se quieren en la cama y en el escenario.
¿Cómo será esta gira?
Esta gira de crisis a sala llena por donde vamos se prolongará tres meses. En enero abordaremos Madrid, para nuestra primera temporada en el teatro Amaya. Y nuestra previsión es que si El Diario de Adán y Eva batió récords de funciones, espectadores y temporadas en cartel: ¡10 años!... ¿Por qué no tener otros diez con Por el placer de volver a verla, que es tan apetecible como la batidora de récords?
¿Podría vivir sin el teatro?
El teatro es mi alimento, mi techo, la educación de mis hijas y mi vocación. Nací en un teatro, he hecho teatro 40 años. Y amo el teatro. En mi casa de pequeño todo lo que ganábamos lo volcábamos en el teatro. En mi casa de hoy, pasa lo mismo. No podemos, ni debemos depender del teléfono. Si nos llaman para hacer cine o tele, y nos gusta, bien, pero nuestra vida nos la gestionamos nosotros. Y como somos de recursos económicos normales, cuando hay teatro nos basta y nos sobra.
¿En qué medio se siente más cómodo?
Me desenvuelvo bien en todos, pero, de tener que elegir, teatro, radio, tele y cine, en ese orden.
¿Qué sensación le produce volver a Gran Canaria tras el accidente de 2006?
De alegría. Aquí casi pierdo la vida, pero, aquí, también, muchas personas se complotaron para que yo siguiera viviendo, y la Isla sigue siendo preciosa.
¿Ha vuelto en alguna ocasión desde entonces?
Sí, claro. Y me he bañado en su mar.
¿Qué sentimientos tiene ahora hacia las Islas?
Las Islas no me han hecho nada malo, y menos Gran Canaria, que ha sido la que más me ha recibido en todos mis años de actor en España... Y mi padre es de aquí: Martín, el que me salvó.
¿Le guarda rencor a Las Canteras?
Como al plesiosauro que aplastó a mi primer pariente allá por el Plioceno. ¿Cómo voy a guardarle rencor a una playa que todos los días nos regalaba un poquito de sol, sal y yodo? En el accidente no tuvo la culpa nadie. Ni yo.
¿Vuelve a menudo a Argentina?
Vuelvo de vez en cuando a filmar o a presentar trabajos de cine hechos en España. Llevo 12 años aquí y será para toda mi vida mientras Blanca quiera vivir en su tierra. Pero si quiere mudarse a Finlandia, aprenderé idiomas, soy joven, tengo tiempo.
¿Qué diferencias aprecia entre el público y el teatro de España y Argentina?
El público se mueve siempre por las mismas razones, aquí y allá: curiosidad, esperando que le den una sorpresa. Hay público elemental, medio, refinado, estúpido, brillante, maravilloso, que todo lo sabe o que nada sabe, que se viste bien o a la qué me importa para ir al teatro. Todos, en común, tienen la curiosidad y la necesidad de ser sorprendidos. Todos, en primera persona, son los protagonistas de la historia que se sientan en la oscuridad a crear en sus mentes y en sus corazones. En cuanto a las formas de hacer teatro, me da que se diferencian por las cosas en las que cada uno cree, y por cuánto y cómo cree cada uno en lo que cree, que no es cuestión de nacionalidades.
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