CRISTINA GONZÁLEZ
No recuerda exactamente cuándo tomó contacto por primera vez con el Teatro Pérez Galdós porque desde niño acudía con sus padres y su abuelo, pero ya forma parte de su identidad. Bernardino Correa, más conocido como Nino, es uno de los impulsores de la idea de formar un grupo de guías voluntarios para mostrar las excelencias de este emblema de Las Palmas de Gran Canaria.
Todos los voluntarios son personas que aman al teatro, lo conocen bien y forma parte de sus vidas. Este equipo de personas, que comenzó a funcionar hace algunos meses, fue formado con colaboradores, algunos de ellos escogidos de la universidad de mayores. Incluso varios hablan inglés o alemán para explicarles a los turistas que llegan casi a diario. Muchos de estos voluntarios provienen de colectivos como los Amigos Canarios de la Ópera o la Sociedad Filarmónica de Las Palmas de Gran Canaria, que querían transmitir al público las anécdotas que atesoran. Correa es uno de los fundadores de los Amigos Canarios de la Ópera, donde fue directivo durante los primeros 20 años de su creación, "los más duros", recuerda.
Asegura que acuden a conocer el teatro más turistas que canarios porque los primeros vienen en grupos organizados. "El isleño va viniendo a cuentagotas, porque lo tienen en su casa y muchos piensan, a lo mejor, que porque ya han estado lo conocen bien". Sin embargo, aclara que se visita no lo sólo la zona de los siglos XIX y XX, sino además la parte nueva, que también impresiona. La visita guiada permite acceder a lugares imposibles de llegar cuando se acude a ver una obra. Sostiene que lo que más sigue sorprendiendo es la obra de los Martín Fernández, la riqueza de los trabajos en madera o en escayola y, sobre todo, los frescos de Néstor, que han quedado como nuevos tras la restauración. La parte más reciente también gusta mucho, la escena actual es la tercera de tamaño en toda España.
Correa atesora muchas anécdotas. Su primer contacto con la ópera fue cuando escuchó en la radio a Beniamino Gigli y se quedó prendado. Recuerda que por este teatro han pasado figuras como Alfredo Kraus, Plácido Domingo, Monserrat Caballé, Luciano Pavarotti, José Carreras o Piero Giuliacci. "Los más grandes", afirma. Aunque quedó pendiente Renata Tebaldi porque ya no deba más conciertos. Todos estos grandes de la escena llegaron a Canarias tras la fundación de los Amigos Canarios de la Ópera, hace más de 40 años. Recuerda que este colectivo se creó para tratar de darle una estabilidad a este estilo, para llenar un hueco que había. Por ese entonces ya existían antecedentes en Bilbao y Oviedo de algo similar. Durante estos años ha habido altos y bajos, y más penurias que alegrías, asegura. "Fue muy duro, pero muy gratificante", rememora. "Hemos tenido grandes satisfacciones, pero también muchas incomprensiones".
Gracias a su implicación guarda multitud de recuerdos con las grandes figuras de la ópera ya que, como directivo del colectivo, tuvo la oportunidad de estar en contacto directo con las estrellas que llegaban a Canarias. Fue también muy amigo de Alfredo Kraus, ya que se conocían desde niños.
Nino asegura que la intención que tiene en la actualidad la Fundación es la de abrir el teatro a todos, no sólo limitarse a las representaciones, sino acercarlo a los sitios que lo demanden. Asegura que no tendría coste para ningún municipio o barrio, sólo haría falta un equipo de reproducción y sonido para poder explicarle a la gente lo que se puede ver en el Galdós. "Si el teatro tiene todavía el concepto elitista es porque hay gente que le interesa fomentarlo, pero yo no creo que sea así", recalca. Sí reconoce que las obras tienen determinadas exigencias y que "quien no conoce estos espectáculos se aburre, igual que pasaría al revés". "Ese elitismo es un sambenito y hay que llevarlo lo mejor posible, pero no es exacto", aclara. Es de los que piensan que la gente tiene que tener la oportunidad de descubrirlo, porque, si no se conoce, es imposible que guste.