UD Las Palmas
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La UD renace en el barro

El equipo amarillo supera al Eibar y suma su primera victoria lejos de Gran Canaria para dejar atrás una semana marcada por los sucesos de Nauzet y Araujo - Bigas, de cabeza, goleador del día

27.02.2016 | 17:12
La UD renace en el barro
La UD renace en el barro
La UD renace en el barro



"En este equipo nos dejamos la piel y destrozamos a todo el mundo a nuestro alrededor por ese centímetro. Arañamos con nuestras uñas por ese centímetro. Porque sabemos que sumando todos esos centímetros vamos a marcar la puta diferencia entre ganar o perder, entre vivir o morir". Eso es parte del discurso que se marca Al Pacino interpretando a Tony D'Amato en la película Un domingo cualquiera, que narra una temporada de los Miami Sharks de la liga de fútbol americano. Unas líneas, que antes de cada partido en Ipurua salen por los megáfonos para animar al conjunto local. Precisamente, sobre esa unión que profesan esas palabras, levantó la UD Las Palmas su primera victoria (0-1) lejos de Gran Canaria. Todo para superar la semana más complicada de la temporada marcada por la resaca que el Carnaval dejó en el equipo con el caso que empantanó a Nauzet Alemán y Sergio Araujo.

La UD, en un ejercicio de oficio y fe, sacó un partido pasado por agua desde el primer segundo, de esos que antes de empezar ya traen malos recuerdos en la memoria colectiva de todas las partes que forman este equipo. Para solventar la papeleta que dejaban los nubarrones, Setién apostó por el núcleo duro de los dos últimos partidos. El esqueleto de la UD no varió, con Roque como único pivote y cuatro hombres por delante. El único cambio, el de Wakaso Mubarak por Momo. El intento, aportar más músculo a cambio de restar el ritmo parsimonioso y elegante del de Las Torres.



Fue casi sistemático. Al empezar el calentamiento, las gotas previstas empezaron a empapar el césped de Ipurua, inmaculado hasta el final del duelo. El verde, mojado, hacía volar el balón a ras de suelo. El tanteo inicial sirvió de testeo para la UD en estas condiciones. Una prueba para intentar derribar las imprecisiones iniciales. Al Eibar, no le hizo falta ese paso previo. Nada tenía que cambiar sus intenciones. Los de Setién eran incapaces de domar el balón. Algo que tampoco le hizo falta para generar la primera ocasión clara del partido. Un robo de Roque Mesa lanzó un contraataque con cuatro hombres en territorio vasco. La cabalgada de Wakaso por la banda fue vista por el teldense que habilitó al ghanés a la perfección. El africano sirvió un centro raso y preciso al vértice del área de Riesgo. Su intención, golpear el balón con el exterior del pie derecho en lugar de con la izquierda, quizá lo más natural. El resultado: el balón por encima del travesaño y aviso inicial para la UD.



Mientras Escalante y Dani García compactaban al Eibar, robando y avanzando en busca de verticalidad cuando tenían el cuero, la UD trataba de aclimatarse. Sin capacidad de asociación fluida, los amarillos no se cortaban a la hora de buscar a Willian José en largo. El brasileño, lo bajaba casi todo. Los mejores intentos de acercamiento de los grancanarios llegaron como la primera. Viera, en otra transición rápida, volvió a encontrar a Wakaso con un pase medido al hueco. El calco, esta vez, acabó con un disparo cruzado del africano que Riesgo sacó de manera felina por el suelo.

Visto el resultado, por qué no volver a repetir lo mismo, se dijo la UD. Otra internada de Wakaso por la izquierda se tradujo en córner. Aythami, solo, remató sin fuerzas. Un tímido cabezazo que se convirtió en asistencia para David García, que, impetuoso logró acariciar el balón antes de toparse con los pies de Riesgo, atento de nuevo para evitar el gol. El montante de ocasiones era ya notable para los amarillos mediada la primera mitad del choque con esa versión menos sobona, mezcla más de dinamismo y practicidad. La UD se agarró a la asociación espontánea entre el talento de Viera y el punto alocado de Wakaso. Porque los otros dos acercamientos que acabaron en tiros de la UD volvieron a llevar el sello de esa pareja, aparentemente, con tan pocos elementos futbolísticos en común como para entenderse. Primero, tras una falta que lanzó Viera al borde del área armera previa falta a Wakaso; la segunda, idéntica a todas las anteriores con el ghanés ganando el hueco a Ander Capa.



El problema, el mismo que en otras ocasiones, la incapacidad para materializar en goles ese número de disparos -hasta ocho en la primera mitad- sobre la portería de Riesgo. Viera y El Zhar, desde fuera del área lo volvieron a demostrar. Porque el asedio amarillo no se demostraba en el marcador, donde se ponen los goles y sobre el que se consiguen los puntos. Todo hasta que al borde del descanso, con el cronómetro marcando el final del primer acto, cuando Nabil El Zhar botó un córner perfecto. En ese lugar, apareció la cabeza de Pedro Bigas para enviar el balón al fondo de la red y poner justicia -ese elemento tan volátil en el deporte- sobre el techo de Ipurua. Su testarazo impecable hizo inútil la estirada de Riesgo, el mejor armero ayer. Aquel 0-1 envió al partido al descanso, con el sentimiento en el cuerpo de la UD de que ese era el camino a seguir.

El Eibar salió enrabietado, con ganas de levantar el resultado. La presión más intensa de los de Mendilíbar, tambaleaba por tramos los intentos por entrar en calor con el balón de la UD. Esta era la regla con la que los de Setién intentaban adormecer un partido que no entraba regalar entre los planes de los vascos. Escalante recuperaba más, Capa se animaba a subir, Borja con Enrich se movían mejor. El Eibar empezaba a carburar y a la UD le tocaba aguantar el chaparrón, literal y también futbolístico.

Sufrir sin sufrir

Los minutos iban cayendo en Ipurua y el balón, y, por ende, el juego se asentaba cada vez más en el campo de la UD Las Palmas. El dúo Wakaso-Viera se borró. Las ideas, en la UD se limitaban a intentar mantener ese gol que valía oro mandando en el marcado. Sin posesión, ni verticalidad la UD seguía reculando sobre su línea de gol. Los cambios, además, le sentaban bien al Eibar. Tanto Adrián González como Saúl funcionaban. En ese atasco, Setién, valoró la incorporación de Mauricio Lemos para ahuyentar el cansancio de Roque y poner el fechillo en su centro del campo, donde los armeros, iban ganando terreno.

La calma era tensa. Sin sufrir demasiado, la UD era consciente de que cualquier detalle, cualquier mínimo palmo regalado podía ser sinónimo de peligro. Los acercamientos a Varas eran estériles o abortados por la zaga amarilla, con Bigas y Aythami a un nivel excelente. Solo un par de caídas en el área amarilla levantaron a la parroquia de Ipurua, que veía como el partido se le escapaba. No obstante, los amarillos habían demostrado que unidos, podían renacer. Así fue.



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