Maroa, capital de Isla de Anfi

Una enorme terraza con restaurante preside el 'territorio insular' del emblemático hotel

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Maroa, capital de Isla de Anfi
Maroa, capital de Isla de Anfi 

J.J.J. Existe en Mogán un promontorio que en la cartografía náutica del lugar se conoce como la isla de Anfi, con sus palmeras, los árboles del viajero y ciccas revolutas.

Hasta ahora la isla de Anfi era un estado fundamentalmente selvático-ajardinado hasta la reciente fundación de su nueva capital: Maroa Club de Mar, que con una extensión de 450 metros cuadrados es ya la mayor terraza de ocio de todo el Archipiélago canario.

En sus recoletas calles, plazas y edificios gubernamentales, vive Bentejuí que se está mejor que trabajando, y un cuerpo consular de 40 profesionales de la hostelería de altura se encargan de que el visitante deje en la parte continental de Gran Canaria sus sustos, vahídos y tensiones para entregarse a una suerte de ocio profundo recostado igual en sus cinco balinesas que en su centenar de hamacas individuales o en la veintena que dispone el país exclusivamente para parejas.

Dentro de la propia Maroa, capital de Isla de Anfi, no hay ni tráfico, ni semáforos, ni pitas, y las únicas sirenas o bien están pululando por sus avenidas o suenan desde la flota deportiva de barcos que entra y sale de su muelle deportivo.

Maroa Club de Mar es el nombre oficial que recibe el restaurante que abastece de proteína y más caloría, por si ya fuera poca la endorfina de la calor del sol y el brillo del agua, con una carta a la altura del Producto Interior Bruto del flamante territorio que, paradójicamente, no tiene vacaciones.

Mantiene la frontera franca todos los días desde las diez de la mañana a dos de la tarde. El gobernador asegura que el objetivo fundamental de su programa de trabajo "es introducir un nuevo concepto de servicio y restauración, que no dejará indiferente a nadie y que viene demandando Canarias".

El foráneo que aborda su costa deja de serlo desde el mismo instante en el que cruza el espacio. Si pide una hamaca le sombrean con una sombrilla y le mullen con colchoneta y desde que toma posesión le entregan un cóctel de bienvenida. Pero si lo que priva es una cama balinesa para cuatro se les entrega una botella de champán, o de cava según el gusto o el antojo, y de remate un cubo de cerveza.

Para combatir el jilorio unas fajitas o quizá una ensalada, y póngame un daiquiri, o una hágame una cata de algunas de las veinte marcas de ginebra, combinadas por un auténtico máster en coctelería.

Menús para vegetarianos, para niños, para celíacos, especialidades internacionales y de la tierra, tartas, postres, helados, todo en la isla del tesoro que también recibe bodas, convenciones, presentación de productos o reuniones de negocios. Su abordaje está abierto a todo aquel que desee abandonarse, independientemente de estar alojado en el complejo y la dirección asegura que los precios son tan atractivos como el propio entorno.

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