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New York Fashion Week

Lecciones de elegancia con Rodríguez y De la Renta

Los dos ilustres diseñadores latinos compartieron cartel con un Marc Jacobs desenfadado

24.02.2014 | 22:49
Lecciones de elegancia con Rodríguez y De la Renta

Dos de los ilustres miembros de la primera plana de los diseñadores latinos en Nueva York, Óscar de la Renta y Narciso Rodríguez, dieron este martes sendas lecciones de elegancia en la Semana de la Moda, compartiendo cartel con un Marc by Marc Jacobs desenfadado entre el rictus comunista y la heroína del manga.

Rodríguez, de origen cubano, volvió a desglosar la complejidad de la sencillez en uno de los desfiles más limpios vistos en la Semana de la Moda.

Si bien acostumbra a beber de fuentes arquitectónicas, quien vistiera a Michelle Obama o Carolyn Bessette puso este martes las miras en una escultora, la inglesa Lynn Chadwick (no en vano, con formación de delineante), de quien tomó prestadas "especialmente las figuras en movimiento y sus formas femeninas", explicó en una entrevista con Efe.

Heredados los juegos volumétricos de la artista, Rodríguez invierte la capacidad de Chadwick para crear una ligereza con materiales pesados para llenar sus ligeros tejidos de contenido metálico, con efectos de titanio, bronce y platino, que distorsionan la figura naturalmente curva de la mujer.

"Hay muchos materiales ligeros que crean estructuras o cortes inclinados. Han sido esculpidos con un patronaje nuevo, más suave que se transforma en algo fluido y esbelto", aseguró el diseñador, quien define esa frágil rigidez como "volúmenes modernos y limpios".

Los tonos elegidos por Rodríguez evitan en todo momento el chillido. Él es el maestro de la discreción, aun cuando elige el rojo, el rosa, el color acero, el gris y el oliva. Una paleta que crea la sensación de que fluye bajo unas hermosas chaquetas de lana, de seda o incluso de visón.

Por su parte, el dominicano Óscar de la Renta, quintaesencia de la belleza de lo conservador, no decepcionó, sino todo lo contrario, con una profusión de bordados y elegantísimos traje de chaqueta con raya diplomática para el día y una noche suntuosa, convirtiendo su pasarela en una espectacular puesta de largo.

Su inicio fue sobrio, inspirado por esas mujeres que en los años cuarenta empezaron a robar la masculinidad a sus galanes en el Hollywood dorado. Quizá una Rossalind Russell, quizá una Katharine Hepburn que han decidido llevar ellas los pantalones y llevarlos con mucha más elegancia que los hombres.

Jerséis de cuello cisne protagonizados por calurosas lanas, faldas de tubo rematadas con festivos volantes, broches enjoyados a la altura de la garganta y pantalones de elefante dan paso al color estrella de la colección, el azul cobalto, y al tejido que, digan lo que digan, más calienta: la piel.

Abrigos elegantemente ajedrezados, chaquetas de lana milimétricamente deslavazada, blancos y negros. La osadía de Óscar de la Renta para resultar clásico y minimal no tiene límites. Pero de repente, en la tupida selva de bordados, se vislumbra un pezón furtivo, una sensualidad que reclama su lugar en una colección con sabor veterano.

Las chaquetas jaspeadas ya habían hecho las veces de interruptor de escotes mayúsculos, las faldas globo se unían con la sutileza de un maestro del susurro y, en uno de los modelos más acertados, De la Renta hace crecer en un print de cuadros blancos y negros un jardín de flores granates bordadas.

El dominicano, en cambio, entiende todavía mejor la noche, y al caer el sol convierte la pasarela en una ceremonia sin premios. En el simple placer de celebrar su fortísimo músculo para la sofisticación y el abolengo, o de hacer realidad el sueño de toda mujer por ser princesa capaz de combinar lunares, palabras de honor y vestido de cola.

La jornada la completó el desfile de Marc By Marc Jacobs, la línea más urbana con el nombre del diseñador que acaba de terminar su contrato con Louis Vuitton para prestar más atención a su propia marca y que convocó a personalidades como Sofia Coppola.

Su colección otoño/invierno apostó por una mujer severa, con un tono castrense (y un poco castradora) transnacional: desde el rictus comunista a la sobriedad judía ortodoxa, pasando por la heroína manga con kimono y print de viñeta de cómic.

El factor común con el que Jacobs conecta paradas tan distintas en un mismo viaje a la autoridad es el cinturón ancho, con una suerte de billetera por hebilla, como si ese ejército de modelos tuviera lista las órdenes de detención, como si fueran, con sus calcetines almohadillados al estilo "skater", la policía de la moda.

El rojo y el negro inicial queda roto de golpe con un plateado galáctico. Los lemas como "revolution" o "bunny hop" parecen describir los propios vestidos, y los cuellos de tortuga ahogan a esa mujer dominante pero asexuada.

Vaqueros parcheados, faldas y camisetas plásticas, aparatosas botas blancas con cordones y velcro se combinan con solapas vueltas de terciopelo azul y, finalmente, quizá el elemento más discordante y arriesgado de toda la colección: el lazo superlativo, que aparece en la cintura como hermosos cinturón de castidad o en el cuello, como remate a una estola con una pajarita estranguladora.

Moda y Belleza

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