Es inexplicable que sabiendo, los que tienen responsabilidad político-sanitaria en Canarias, que Jesús Morera está escasamente dotado para dirigir un equipo de profesionales, carpinteros, carniceros o panaderos, incluso médicos, acabe siendo en su momento consejero de Sanidad y ahora responsable del de Neurocirugía del Negrín. A él le debemos el plante histórico de los neurocirujanos del Hospital de Gran Canaria Doctor Negrín negándose a trabajar a su lado. Hacía mucho tiempo que ese servicio era un polvorín y ya estalló. Mucho había tardado. Su manejo y el de quienes le han permitido a Morera tomar decisiones propias de quienes no pierden ni a las chapas, es grave. Hace nada que su equipo médico, humillado y vejado, decidió contar públicamente el infierno de trabajar a su lado. Acoso y humillación sufrido lo largo de los años. Hay gestos que hablan por sí solos de la personalidad del jefe. Lo retratan. Cuando en 2016 el gobierno canario nombró a Morera consejero de Sanidad, los que trabajaban cerca del jefe, los que conocían bien sus malos humores, temblaron. Algunos cirujanos se plantearon dejar la sanidad pública. El mismo día de su nombramiento, una vez finalizado el acto, en el coche que lo llevaba al hotel, hizo una llamada. Llamó a quien no es santo de su devoción por tener prestigio y reconocimiento. Le molestaba hasta que saliera en los medios. Ese cirujano ya le había plantado cara y cuestionaba las decisiones de Morera. La llamada tuvo como objetivo informarle que una de sus primeras decisiones sería desmantelar su servicio, el que creó y potenció. Se lo permitieron.

En fin, lo cierto es que la realidad actual es muy preocupante. No recuerdo un conflicto sanitario más grave que el vive la sanidad hoy, y no solo por lo de los neurocirujanos, no, es que la misma medida de descontento y temor vive el hospital Insular, desbordado de enfermos y problemas.