Más allá de las consecuencias físicas y personales, la contienda provoca heridas dolorosas, aunque aparentemente puedan parecer invisibles.

Las consecuencias psicológicas se disparan y hasta se hacen más evidentes cuando hay más de 3.000 kilómetros de distancia.

María, ucraniana que trabaja en un restaurante de Madrid, responde con lágrimas en los ojos a cada cliente que le pregunta:

  • "Acabo de hablar con mi familia y no saben ni que hacer. Estaba un poquito más tranquila porque viven en el oste, pero la primera noche ya escucharon las bombas desde casa".
  • "Vivo angustiada y no sé que hacer. Estaría dispuesta a volver y empuñar las armas, si mi país lo necesita".

Zoya, que vive en Pamplona y trabaja en la limpieza de una residencia de ancianos, también lo está sufriendo intensamente.

  • "Tengo allí a mis hermanos y a mis hijos. En el este. Cerca de la zona más conflictiva. De momento puedo hablar con ellos y sé que están bien, pero sólo pensar que se puedan caer las comunicaciones no me deja dormir".
  • "No entiendo que ocurra esto en pleno siglo XXI. Pero todos en mi casa escuchan las bombas y sienten como se mueven las paredes".

¿Cómo podemos ayudarles?

La pregunta que nos hacemos todos los que tenemos amigos o conocidos ucranianos, y que ahora trasladamos a la psicóloga es:

  • ¿Cómo afrontan los ciudadanos ucranianos el conflicto bélico lejos de sus familias?
  • Y también los rusos, que la gran mayoría de ellos no quieren que esto ocurra y temen el rechazo social.
  • ¿Debemos de hablar con todos ellos sobre la guerra de Ucrania o es mejor no sacar el tema?

Hay que hablar de la guerra de Ucrania sin tapujos

Mónica Pereira, psicóloga de Haztúa Psicología Activa, aclara a BuscandoRespuestas que la mejor opción es “no obviar el tema”.

"El problema está, no va a desaparecer de la noche a la mañana. Y si estás hablando con un amigo o un conocido y haces como que el conflicto bélico no existe, eso va a provocar que las consecuencias sean mayores".

¿Cómo debemos actuar entonces con personas de un lado y otro de la contienda?

Pereira, lo tiene claro:

"Tenemos que decirles que estamos ahí, que pueden contar con nosotros para hablar o si necesitan ayuda", explica.

Si hablamos con ellos por teléfono, o en persona, tenemos que preguntarles como están, pero no referente al conflicto, porque esto les va a transportar al conflicto y eso les va a producir ansiedad y estrés.

¿Cómo podemos ayudar a nuestros amigos y vecinos ucranianos (y rusos) ante la guerra? SERGEY DOLZHENKO

¿Cuáles son las consecuencias psicológicas de la guerra?

Los efectos no serán los mismos entre las personas que viven en España o están viviendo la invasión rusa contra Ucrania en primera persona.

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La falta de comunicación es miedo principal entre quienes viven a miles de kilómetros de su lugar de origen. Es el nexo de unión con la familia y con los amigos.

La poca cobertura en algunas zonas del país como consecuencia de los bombardeos amenaza con incrementar la angustia y la preocupación.

¿Cómo se sienten en la distancia?

"Sin saber qué hacer". La inquietud ante la incertidumbre de los ciudadanos ucranianos sobre como pueda avanzar el conflicto bélico es pura angustia. Y es extensible también a los rusos que lo viven aquí, alejados de su país.

“La incertidumbre es la emoción que peor maneja el ser humano y estas personas se deben dar permiso para estar preocupados. Pero hay que intentar buscar y encontrar claves de seguridad".

¿Cuáles son esas claves de seguridad de las que habla la psicóloga Pereira?

En la vida cotidiana esa manera de dar seguridad se pueden traducir ofrecer toda la ayuda posible para comprar un billete de avión que les permita salir del país, enviar dinero o que busquen ayuda en la embajada más cercana. .

"Cuando tenemos incertidumbre actuamos de forma rápida para estar más cerca de nuestra familia y hay dos acciones: comunicación y búsqueda de seguridad".

Más allá de las heridas físicas y materiales, la consecuencia psicológica más habitual es la pérdida de seguridad.

El ser humano, como explica la especialista, asocia lugar seguro con el hogar.

"Cualquier circunstancia que nos lleve a perder la seguridad que nos proporciona nuestra casa produce una sensación de incertidumbre y miedo".

"La vida no tiene sentido"

Esta sensación se acentúa en las situaciones bélicas. Cuando otras personas ponen en peligro nuestra seguridad.

Esa situación "provoca falta de control y hace que no nos sintamos seguros en ningún sitio. Ni en casa, ni en cualquier otro lugar".

Las guerras, que constituyen una emergencia y un caos, traen como consecuencia un aumento significativo de los trastornos mentales.

"Las personas que sean acogidas en otros países tendrán, inicialmente, una reacción de agradecimiento y tranquilidad".

Sin embargo, este sentimiento no será a largo plazo.

El cambio de costumbres será el desencadenante de una sensación "de que la vida no tiene sentido”.

Y cuando la normalidad de tu vida cambia por completo, señala Pereira, "se produce una demanda constante de adaptación y un nivel de respuesta agresivo por el malestar interno".

Pero, ¿los ciudadanos de Ucrania (y Rusia) podrán adaptarse a esta nueva situación? La psicóloga hace referencia al poder de adaptación del ser humano.

"Podemos convertir otro sitio en nuestro nuevo hogar sin ningún problema".

Sin embargo, los niños y las personas mayores serán los más perjudicados.

"Los menores, aunque tienen mayor capacidad de adaptación, ven a los adultos (sus referentes) perdidos. La readaptación de los mayores es más complicada, porque dejan a muchas personas atrás".