El término jubilación está borrado con tipex en el diccionario de Lorenzo Olarte. Hoy, 8 de diciembre, festividad de la Inmaculada Concepción, el tercer presidente de la Comunidad Autónoma de Canarias cumple 80 años, de ellos la mitad metido en política, y sigue en la brecha. Su currículum ocupa tantas páginas como uno de los códigos repletos del preceptos legales que tuvo que aprender de memoria para licenciarse en Derecho. Lo hizo por la Universidad de Madrid en 1955. Dieciocho años después sus derroteros lo sacaron de los despachos repletos de legajos y lo llevaron a los escaños. Primero como presidente del Cabildo Insular de Gran Canaria (1974 y 1979) y procurador a Cortes y de ahí de vuelta a Madrid, a la vera de Adolfo Suárez, antes y después de promulgada la Constitución.

Nació en Pontevedra, en el municipio de Puenteareas, cuatro años antes de la Guerra Civil. La historia contemporánea de España ha pasado ante sus ojos: lo mejor y lo más retorcido; las victorias colectivas y las intrigas para cambiar nombres, gobernantes y gobiernos. En la teoría es buen jugador de ajedrez -manteniendo siempre al rey enrocado-, en la práctica lo suyo son las palomas: las de puesta y las que pasan recados atados a una raquítica pata.

Vivió los albores de la Democracia desde el mejor balcón que se podía haber elegido: como asesor del primer presidente; formó parte de las dos centenas de diputados que durmieron el 23 de febrero de 1981 con un ojo puesto en ese señor con bigote y tricornio que usurpó el Congreso al grito de "¡quieto todo el mundo!" y colaboró en el despertar de Canarias como Comunidad Autónoma.

Centrista, al menos de título, formó, junto con Fernando Bergasa, Acción Canaria y de ahí pasó primero a Unión de Centro Democrático (UCD), en 1977, y luego al Centro Democrático y Social (CDS). La sopa de letras sigue con la fundación de Unión Canaria a principios de la década de los 90, que más tarde se incorpora al Centro Canario Independiente (CCI), que se reconvierte en el Centro Canario Nacionalista (CCN) y de ahí a Coalición Canaria. Y de vuelta al CCN que, auspiciado por el PP y por su amistad con el presidente del Cabildo de Gran Canaria, José Miguel Bravo de Laguna (otro histórico de la política canaria), le ha devuelto al ruedo político después de más de una década empeñado en recuperar el pulso del Derecho y buscar oportunidades de negocio más allá de las fronteras nacionales. China supone para él una oportunidad de negocio que los empresarios canarios no han sido capaces de descubrir del todo pese a su empeño por poner de acuerdo intereses de uno y otro lado como presidente de la Fundación Canaria para la Integración y Cooperación con China.

De nuevo metido en harina, ocupa desde el verano pasado el cargo de presidente ejecutivo de la Institución Ferial de Canarias (Infecar).

Antes de eso la nómina laboral de Lorenzo Olarte se completa, claro, con los cargos, primero, de vicepresidente del Gobierno (1987-1988) con su compañero de partido Fernando Fernández en la presidencia; de presidente entre 1988 y 1991, merced a una moción de confianza que pierde Fernández de la mano de Manuel Hermoso como líder de la Agrupación Independiente de Canarias (AIC) y, luego, de nuevo vicepresidente con Hermoso al frente del Gobierno.

Esa última vicepresidencia la compaginó con la Consejería de Turismo. El proyecto de Chillida para la Montaña de Tindaya cubriría de dudas su gestión. La Comunidad Autónoma no ha conseguido aún recuperar los 15 millones de euros que supuestamente se adelantaron para recuperar los derechos sobre la cantera que explotaba la traquita de la montaña sagrada de los majos. Él defiende su gestión y su honorabilidad. Igual que lo ha hecho en el caso Hubara, en el que se investigó la supuesta financiación ilegal del CCN presidido por Ignacio González . Su imputación se refiere a un supuesto delito de tráfico de influencias al presionar, según los informes policiales, a políticos de los tres principales partidos de Canarias para obtener favores para su familia y empresas.

En una reciente entrevista en LA PROVINCIA/DLP Olarte aseguraba: "Nunca he perseguido ni he trabajado para conseguir un cargo". La mayor parte de su vida, sin embargo, ha ocupado alguno: presidente de la Caja Insular de Canarias ahora Bankia), embajador en Venezuela o presidente de la extinta Aviaco.

Lo dicho: testigo de la historia.

Expresidente del Gobierno de Canarias; expresidente del Cabildo de Gran Canaria; presidente ejecutivo de Infecar.