Mientras los países africanos y la comunidad internacional debaten sobre las fechas y las modalidades de la intervención militar, las negociaciones entre el Gobierno de Malí y dos de los grupos armados que operan en esta zona han vivido un nuevo impulso en los últimos días. Ouagadougou, capital de Burkina Faso, ha sido una vez más el escenario donde se han producido estos contactos merced a la mediación de Blaise Compaoré, presidente burkinés, y su ministro de Exteriores, Djibril Bassolé.

Los grupos que se han sentado a esta mesa de negociación han sido el Movimiento Nacional de Liberación del Azawad (MNLA), los rebeldes tuaregs de carácter laico e independentista que desencadenaron toda esta crisis cuando se alzaron en armas en enero de 2012 contra el Ejército maliense. Derrotados militarmente por los otros tres grupos yihadistas presentes en la región, llegan a esta negociación con una notable rebaja en sus pretensiones (han pasado de reclamar la independencia a pedir la autodeterminación) y con una capacidad militar notablemente mermada.

El otro grupo con el que el Gobierno de Malí está dispuesto a negociar es Ansar Dine (Defensores de la Fe), liderado por el histórico rebelde tuareg Iyad Ag Ghali, ahora convertido al yihadismo. Ansar Dine también ha expresado en los últimos días su renuncia al terrorismo y ha asegurado que sólo aspira a aplicar la sharia o ley islámica en su feudo tradicional de Kidal, pero sus conexiones con los otros dos grupos terroristas, AQMI y Muyao, siguen siendo fuertes y muy estrechas, lo que dificulta el avance del proceso negociador.

Estos dos grupos, AQMI y Muyao, con vínculos con la nebulosa terrorista de Al Qaeda e integrados en su mayor parte por no malienses (argelinos, marroquíes, paquistaníes, nigerinos, senegaleses,?) siguen siendo el gran objetivo a derrotar. Financiados por los secuestros de occidentales y por su participación en tráficos ilegales (drogas, tabaco, armas, etc), fuertemente armados, su unión estratégica con los tuaregs de Ansar Dine, su conocimiento del terreno y la constante llegada de muyahidines procedentes de todo el mundo árabe les han convertido en un enemigo temible.