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Coalición contra Coalición

Las críticas de Ríos a la formación nacionalista y la actitud silente de Rivero reabren enfrentamientos que parecían cerrados tras la Conferencia Política de CC

Coalición contra Coalición

Coalición contra Coalición

El virulento ataque de Fernando Ríos, alto comisionado del Gobierno regional, contra su propio partido esta semana ha reabierto una fractura interna sin precedentes en Coalición Canaria. Una más desde que el presidente Paulino Rivero perdiera el pasado septiembre la candidatura a la Presidencia del Ejecutivo para concurrir a las próximas elecciones de mayo frente a su oponente y alcalde de La Laguna, Fernando Clavijo. Y el cisma no se produce porque Ríos haya optado por abandonar la organización excusándose en que CC ha perdido el norte y se escora hacia la derecha de José Manuel Soria, sino por la lasitud en la respuesta de Rivero a estas graves acusaciones en época electoral.

Paulino Rivero es, a su vez, presidente de la organización nacionalista y no ha dicho ni mu sobre las críticas de Ríos a su propia formación y, además, no lo ha destituido ipso facto en el cargo político que ocupa en su gobierno.

Como máximo dirigente de CC, Rivero podría al menos haber negado que su formación ya no es lo que era y que se halla en una "deriva insularista y derechosa en brazos del PP", abanderada por Fernando Clavijo y quienes lo apoyan, como proclamó Fernando Ríos el martes, día de Reyes. Desde Coalición ya se dice a voces de que si Rivero no compartiera estas apreciaciones debería haberlo expresado a lo largo de esta semana como lo han hecho otros cabecillas de la organización: José Miguel Barragán, José Miguel Ruano, Fernando Bañolas, Carlos Alonso, etcétera.

Lejos de ello, la actitud silente del presidente empieza a levantar sospechas en el seno de la formación de que está detrás de las críticas de Fernando Ríos, y reabre viejas heridas de enfrentamientos entre quienes siguieron a uno y a otro en el fragor de la contienda hacia la candidatura y el liderazgo en la formación.

Los molestos mantienen que Ríos lanzó su órdago contra Coalición Canaria el día de Reyes, 6 de enero, como un regalo para desestabilizar a Clavijo, que debía declarar tres días después ante el juez César Romero Pamparacuatro, con el fin de explicar sus presuntas imputaciones como regidor municipal. Chinas en el camino de Clavijo y de CC que, a pocos meses de las elecciones, dan la imagen de que la fractura interna de la formación se cerró en falso el pasado 25 de octubre en la Conferencia Política de los nacionalistas, celebrada en Las Palmas de Gran Canaria, a la que, precisamente, no acudió Paulino Rivero para no robar protagonismo al cabeza de lista de su formación.

Rivero tiene otro frente abierto con el partido en estos momentos que ahonda aún más la brecha en el seno de la formación. No ha dudado en plantarle cara a CC de Gran Canaria para recalcar que no es partidario de cambiar la ley de Renovación y Modernización Turística, con el fin de abrir las puerta a hoteles de cuatro estrellas como piden empresarios, su partido y el Cabildo de la Isla, ni aunque haya un compromiso del Ejecutivo de hacerlo en sede parlamentaria.

El ambiente está que arde en Coalición, y más aún teniendo en cuenta que hasta el 28 de marzo se van a elaborar las listas a las corporaciones y al Parlamento y todos ya están pensando en qué hay de los mío. Desde la cúpula de CC se ha optado por rebajar la tensión y dejar a Rivero mano libre para destituir o no a Fernando Ríos y, en cuanto a la reforma, los grupos parlamentarios que sustentan el Gobierno- CC y PSOE- se comprometen a llevarla como proposición de ley al Parlamento antes de que finalice la legislatura si el Ejecutivo de Rivero no lo hace.

Coalición quiere evitar más conflictos internos porque ya bastante tiene con evitar que la imputación de Clavijo afecte al candidato y a los resultados en las urnas. Es evidente que estas fricciones están mellando la imagen de la formación entre los militantes y posibles votantes, lo que puede ser aprovechado por los otros partidos con los que se van a batir en las próximas elecciones autonómicas.

Historia reciente

La división en el seno de CC se evidenció con fuerza en el V Congreso de la formación nacionalista en junio de 2012. El nuevo modelo de organización defendido por Rivero rompía la incompatibilidad de cargos públicos y orgánicos de modo que el presidente del Gobierno fue proclamado presidente del partido, aunque sin rango ejecutivo, y creaba la figura de la secretaría general que puso a manos de José Miguel Barragán, quien se convertía en el máximo dirigente de la organización. No obstante, Rivero ganó sólo con el 56% de los apoyos y costó una fractura en islas como Tenerife y La Palma, ya que sus dirigentes Ricardo Melchior, Ana Oramas o el palmero Antonio Castro Cordobez no estaban de acuerdo con que Rivero ostentara el poder y apostaban por renovar los órganos, pero se abortó una candidatura alternativa que iba ser encabezada por Marcial Morales y José Miguel Ruano.

De esas aguas vienen estos lodos. Rivero se rodeó en Lanzarote del sector de la consejera Inés Rojas y, el alcalde de Haría, José Torres Stinga, frente al presidente del Cabildo, Pedro San Ginés, y del secretario insular, David de la Hoz. En Fuerteventura, Mario Cabrera, presidente del Cabildo entre otros, se posicionó con Rivero por su defensa en contra de las prospecciones, frente al secretario insular, José Juan Herrera, y el alcalde de Puerto del Rosario, Marcial Morales. El diputado José Luis Perestelo en La Palma apoyó al presidente, así como destacados miembros en Gran Canaria como Jorge Rodríguez o Carmelo Afonso. En 2012 empezaron a gestarse las fracturas internas derivadas de los congresos insulares. En Lanzarote Inés Rojas puso un recurso judicial contra la elección de compromisarios en Arrecife, demanda que se verá el 27 de este mes en los juzgados, y que podría invalidar el congreso donde resultó elegido David de la Hoz como secretario insular.

El malestar porque en el Congreso nacional no se había producido una renovación habitaba en el aire de CC. Los críticos a Rivero se iban decantando cada vez más por plantarle cara en la candidatura a las elecciones de 2015.

Los comicios europeos del 25 de mayo fue el detonante. Estas elecciones dejaron tras de sí un reguero de decepción y autocrítica en el seno de Coalición Canaria. Los malos resultados electorales propiciaron que los críticos, como Fernando Clavijo, también secretario insular de Tenerife, salieran a la palestra bajo el argumento de que se debía empezar cuando antes a renovar el discurso, las ideas y las caras. Achacaban a Rivero y sus acólitos que no contaban con el partido para sus decisiones y que, según sus encuestas, si el presidente repetía en las autonómicas se iba a producir un descalabro electoral.

Ana Oramas, diputada nacional por Tenerife, fue la primera opción, pero en Gran Canaria no gustó la idea. Finalmente, Clavijo, su sucesor en el ayuntamiento de La Laguna, joven y conciliador, concitó la aceptación de los secretarios insulares de CC y formuló su candidatura. Desde julio a septiembre, la batalla fue encarnizada. Y no por los candidatos, sino por sus seguidores.

La división en Fuerteventura era clara: Mario Cabrera apostaba por que Rivero tripitiera como aspirante y el secretario insular, Juan José Herrera Velázquez, abogaba por Clavijo. El primero llegó a decir que el aspirante apoyaba los sondeos y si ganaba se alinearía a Soria. Más peleas y más nervios de Barragán mandando a callar.

Además, en esta isla la posible vuelta de Sergio Lloret, de AMF, a Coalición provocó incluso que Cabrera amenazara con abandonar la formación. En Lanzarote, Inés Rojas y Torres Stinga se posicionaron claramente en contra de Clavijo. En Gran Canaria el sector de Fernando Bañolas y María del Mar Julios se enfrentó al de Carmelo Afonso, asesor de Rivero en el Gobierno y candidato al ayuntamiento de la capital grancanaria en 2015, y a Jorge Rodríguez, viceconsejero de la Presidencia.

Victoria de Clavijo

Con todo, finalmente el 12 de septiembre ganó Clavijo por cinco votos y Rivero se retiró con la promesa de que iba a hacer una piña con el nuevo candidato. Parecía que la división se había calmado, pero el presidente provocó nuevas pugnas en CC al no contar con el partido ni con el candidato para sus anuncios gubernamentales. Como la reforma fiscal en el IRPF que provocó un enfrentamiento público con Clavijo que se negaba a subir los impuestos, así como la presentación de la pregunta del referéndum sobre las prospecciones o su propuesta de soberanía compartida que nadie en CC compartió, salvo Ríos y el PNC liderado por Juan Manuel García Ramos.

El pasado 22 de octubre en una comida, el candidato y el presidente sellaron la paz y Rivero se comprometió a ceder protagonismo a Clavijo. De hecho, no fue a la Conferencia Política del 25 de octubre donde CC proclamó su unidad.

Pero no ha sido así. El ataque de José Miguel Ruano a Inés Rojas cuando ésta resucitó en el Parlamento al doctor Chil, fallecido en 1901, diciendo que mantenía conversaciones con él a cuenta del Museo Canario fue cuanto menos inusual. Ruano la llamó "mentirosa" y criticó su gestión al frente de las áreas sociales del Gobierno al tiempo que conminó a Rivero a destituirla. Ella pidió su cabeza y unas disculpas públicas que nunca se dieron. Precisamente Rojas estos días ha dado la razón a Ríos y afirma que Coalición no va por el camino que debiera.

Ahora, con la elaboración de las listas electorales, los críticos a Clavijo temen que no se les incluya y están presionando. Rojas es una de ellas. Asegura que no quiere irse a su casa porque ha adquirido mucho bagaje en el Gobierno y haría una buena labor en alguna de las instituciones de Lanzarote. Incluso amaga con irse a Nueva Canarias si no cuentan con ella.

Mario Cabrera está que trina con el alcalde de Puerto del Rosario, Marcial Morales, que ya ha anunciado su candidatura al Cabildo majorero. Quizás sean estos intereses humanos los que estén agrandando, aún más, las diferencias en CC.

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