Suscríbete

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

El calvario de llenar el carro

El desabastecimiento de productos básicos aumenta la tensión - "El queso se ha convertido en una delicatesen", asegura el presidente del Hogar Canario en Caracas

"El gran problema es que la inseguridad se ha convertido en una costumbre"

Hay quien tiene una eterna relación entre dos tierras. Quien se siente mitad de aquí y mitad de allá. Domingo Correa es uno de ellos. Este orotavense se fue a Venezuela cuando aún era un niño, pero en el momento en que decidió formar una familia, ni el dinero, ni el empleo, ni las raíces echadas en Venezuela le impidieron regresar a su tierra. "Volví a Canarias porque la calidad de vida es infinitamente mejor", reconoce Correa. Lo dice aunque su mente y su corazón muchas veces vuelen hacia Venezuela. "Cuando tienes una familia sobrepones su seguridad ante cualquier cosa", asegura. Este isleño destaca que aquí puede salir a la calle con su hijo sin pasar miedo. "El gran problema que tiene Venezuela es que la inseguridad se ha convertido en una costumbre. Y cuando la gente se acostumbra a algo, lo normaliza", subraya. La situación en las calles donde Domingo se crio no es, ahora mismo, la mejor, porque según resalta el isleño, además de la inseguridad y la carestía, en Venezuela reina "la especulación". "Al problema de la devaluación de la moneda se suma la tajada que sacan de ella los especuladores", apostilla Domingo Correa.

"No puedes ni tomar una foto de las colas en los supermercados porque te meten preso"

Gloria Navarro emigró desde su ciudad de origen, San Cristóbal (Estado de Táchira) a Tenerife, por el terror que le producía simplemente viajar en guagua. "Me ponía de los nervios cada vez que salía a la calle. Los atracos, violaciones y asesinatos ya eran el pan nuestro de cada día", confiesa. Acababa de empezar el siglo XXI y ya se empezaba a oír la palabra crisis en España. Pero a ella no le achantó. "La seguridad de mi hija y la mía es lo más importante", subraya Navarro. Así que dejó atrás el miedo continuo, las colas por un tetrabrik de leche y las faldas bajas para no llamar la atención que ya desde entonces marcaban el día a día de la República Bolivariana. Una situación que no ha hecho más que agravarse desde que la venezolana reside en las Islas. "Sufro muchísimo por mi familia. Hay una enorme escasez de productos de primera necesidad, la moneda es inestable y se han formado hasta guerrillas en los cerros", destaca Navarro. Desde la lejanía, esta canaria-venezolana está continuamente informada de lo que pasa en su país. "Los medios de comunicación, el poder judicial y hasta algunos sectores de la población están comprados. No puedes ni tomar una foto de las colas en los supermercados porque te meten preso", asegura la nutricionista.

Compartir el artículo

stats