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Análisis ¿Quién nos defiende?

Canarias contra Canarias

Canarias contra Canarias

Canarias contra Canarias

La fase final de la llamada "privatización" de AENA se inició el pasado miércoles 4 de febrero, con la apertura del plazo de solicitudes de compra; que seguirá en los próximos días con la fijación definitiva del precio, el prorrateo y la adjudicación de acciones. Culminará el próximo miércoles día 11 de febrero con eso que llaman "el debut en el parqué", es decir la salida a bolsa que convertirá a AENA en la vigésima empresa del IBEX. Para ese mismo día, los sindicatos han anunciado el inicio de un ciclo de huelgas intermitentes que durará meses, hasta que la dirección de AENA acepte negociar las condiciones laborales de la nueva empresa.

En definitiva, estamos asistiendo al final del primer tiempo de un feo partido, lleno de faltas, trampas y empujones, en que el árbitro siempre se equivoca a favor del equipo de casa. Hasta que las elecciones generales de final de año inicien la segunda parte del partido que aún sigue abierto sin que se sepa su resultado final. Por de pronto va ganando lo que llamamos el Poder Central y perdiendo los poderes autonómicos y periféricos. En particular Cataluña, Baleares y Canarias, que son las comunidades más afectadas por el mantenimiento de ese gran dinosaurio que es AENA.

Como dice la ministra de Fomento, señora Pastor: "España cuenta con el mayor gestor aeroportuario del mundo". Y es verdad, pero mayor no quiere decir mejor. Nadie en el mundo, a excepción de Thailandia y pocos países más, gestionan sus aeropuertos como lo hacen nuestros genios de Madrid. La gestión aeroportuaria en los países más desarrollados, Europa, Estados Unidos, Japón, China, etcétera, se realiza por gestores públicos, otras veces privados o en gestión público-privada. Hay diversos modelos pero la gestión se realiza por cada aeropuerto o por sistemas aeroportuarios que afectan a zonas económicas determinadas. Pero no para el total del país. Así ocurre con la sociedad Aéroports de París (ADP), o la alemana Fraport (para la zona de Frankfurt, primer aeropuerto alemán), o el londinense Heathrow, primer aeropuerto de Europa, cuya gestión es autónoma. Igualmente ocurre con los italianos, holandeses, norteamericanos.

Alardear de ser el primer sistema aeroportuario del mundo, como hace el Gobierno español, es presumir de tener un mastodonte absolutamente desproporcionado, lleno de ineficiencias y sin flexibilidad para adaptarse y potenciar las diversas economías de las zonas en que están situados. Por eso, el informe que presentó la Comisión Nacional del Mercado de la Competencia, a solicitud del Gobierno, fue contundente: "La privatización parcial de AENA va camino de convertirse en una oportunidad perdida para reformar el sistema aeroportuario español, que cuenta con una red sobredimensionada".

La CNMC recomendaba un estudio individual aeropuerto por aeropuerto para comprobar su viabilidad y aconsejaba privatizar unos y cerrar otros, dedicándolos a otros usos. De paso estaba diciendo que España había gastado irracionalmente los fondos europeos de las últimas décadas. Y criticaba duramente la llamada intermodalidad del sistema de transportes español, que había consistido en crear o potenciar 46 aeropuertos cuando hacían falta menos de 20. Crear carísimas líneas de alta velocidad que conectaban las principales ciudades españolas. Y desarrollar una red de carreteras duplicada en relación con las necesidades reales.

Todos coinciden en que las políticas del Ministerio de Fomento pueden calificarse como uno de los mayores despilfarros de la historia de España. Mientras tanto, en Canarias se dejaba a medias nuestra red de carreteras, por supuesto no había AVEs. Y nuestros puertos y aeropuertos sostenían con sus beneficios los déficits de los disparates peninsulares.

El Poder Central

Pero el Gobierno de España no se inmutó. No le hicieron reflexionar los informes de organismos especializados, ni las experiencias internacionales, ni los pésimos resultados de su gestión centralizada. Por eso, cuando los principales ministros se sentaron a discutir la reforma de AENA, solo hablaron del precio a cobrar por el 49% que se quería privatizar y a quién se lo adjudicaban. Las otras cuestiones no se discutieron. Para ellos, eran incuestionables: AENA no se puede fraccionar, hay que centralizarla aún más en Madrid mediante lo que llaman "gestión en red". Es decir, los aeropuertos rentables sirven para pagar los déficits de los no rentables. Los superávit de los sistemas aeroportuarios de Canarias, Baleares y Cataluña no se dedicarán a bajar sus tasas aéreas para mejorar la competitividad turística o para incrementar las inversiones que exigen los aeropuertos de Lanzarote, Gran Canaria o Tenerife Sur.

Indignación y asombro

En esta tierra estamos condenados a pasar con excesiva frecuencia de la indignación al asombro. Nos machacan una vez más. Como lo han hecho anteriormente con las inversiones en carreteras, frenando la liberalización de los puertos que pierden competitividad día a día o impidiendo la reforma y actualización de eso que llaman el REF económico. Y sin embargo cuando nos aprietan, o más bien nos ahogan, escuchamos a las confederaciones empresariales canarias felicitarse por la privatización parcial de AENA. Dicen: "La entrada de capital privado aportará una mejor gestión. El sistema será único, las tasas se controlarán por el Gobierno de España y no se van a desgajar los aeropuertos rentables de los deficitarios".

Para que nadie se confunda, conviene aclarar que esto lo están diciendo los empresarios canarios y no el Gobierno de España. Por eso se pasa tan fácilmente de la indignación al asombro. Menos mal que esta vez se oyó la voz de los empresarios turísticos. Fraile y los suyos, Ashotel y Hormiga, de Fuerteventura, criticaron duramente las opiniones de la cúpula y aseguraron: "No hay ningún motivo para defender el modelo del Gobierno central, sea del partido que sea, cuando pone en riesgo, más que garantiza, el futuro del sector turístico de las islas, que es lo que a nosotros nos preocupa". Y para remachar, el director comercial de Ryanair, la principal compañía aérea que opera en Canarias, con 4,7 millones de pasajeros al año, se cabrea y dice: "Canarias, que es el destino europeo más lejano, ya no podrá competir reduciendo precios en las tasas aeroportuarias, una política que están aplicando todos sus competidores. Por eso, el proceso de privatización parcial de AENA ha supuesto pasar de una estafa lenta a otra eficiente".

Una estafa eficiente

Ante tanta crítica y para defenderse, los empresarios canarios contestan: "Preferimos la privatización a que Madrid le ceda el control al Gobierno de Canarias. La privatización siempre es buena". Es sorprendente que no se hayan enterado que no estamos hablando de una privatización real, lo que se está discutiendo es esencialmente la centralización o descentralización del sistema aeroportuario español.

El Gobierno del PP aprovechó la ley del 2010 del Gobierno Zapatero para introducir reformas en AENA. El anterior ministro de Fomento, Blanco, estaba dispuesto a negociar la división de AENA en sectores por sistemas aeroportuarios. Hablaba de la AENA catalana y también de la canaria. Pero el proceso de "privatización" que ha llevado a cabo el actual Gobierno de España ha sido solo una cortina de humo. La ministra, señora Pastor, lo acaba de aclarar con rotundidad: "AENA ha sido y seguirá siendo pública, porque el Estado seguirá teniendo el 51%. Y se seguirá gestionando como una empresa pública. Lo único verdaderamente importante y que queremos asegurar es que la red no se troceará en el futuro". E ahí la cuestión clave: la red no se troceará. AENA seguirá centralizada en Madrid. Los aeropuertos rentables financiarán a los deficitarios. Y la dirección aeroportuaria se seguirá haciendo desde el Ministerio de Fomento.

¿De qué privatización estamos hablando? ¿Alguien pensó que cuando se negociaba el 21% de la sociedad, para Entrecanales, Banca March y un fondo británico, eran estos los que iban a llevar la gestión aeroportuaria? Pues no. En apenas unos días, ante la avalancha de peticiones de compra, el Gobierno se vio obligado a subir el valor de la acción de 48 a alrededor de 58 euros. E inmediatamente el núcleo duro era tan duro que se disolvió como un azucarillo. Solo entrarán grandes fondos como Black Rock, Fidelity, Soros, fondos soberanos de Abu Dahbi, Singapur, etcétera, a los que se les ha garantizado que AENA frenará sus inversiones en los próximos años y un reparto de dividendos de 3,5 por acción. Ninguno de estos fondos está interesado en la gestión. Qué más quisiéramos que hubiera entrado un gran gestor aeroportuario a nivel mundial. Habría sido mejor para AENA y para todos. Pero de eso no se trataba. Solo se quería obtener 4.263 millones de euros en esta ampliación de capital para pagar deudas, a cambio de garantizar no bajar tasas, reducir inversión y garantizar rentabilidad para estos fondos volátiles.

El objetivo final se ha conseguido, la gestión seguirá siendo pública, "con salarios y normas del sector público", como acaba de explicar la ministra. No ha habido una privatización real. Solo una ampliación de capital sin que el Poder Central pierda el absoluto control de la gestión. Seguirá siendo, aclara la señora Pastor, "una compañía de los españoles". Por supuesto no de los canarios. Cada vez nos va quedando más claro: los aeropuertos no son de los canarios, los puertos tampoco. Ni el mar territorial, ni el petróleo. Canarias no es de los canarios, estamos aquí de prestado.

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