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Análisis

Matrimonio de conveniencia

Desde los atentados del 11 S nadie duda de la estrecha relación entre delincuencia organizada y terrorismo

Una resolución de la Organización de las Naciones Unidas (la 1.373) pocos días después del atentado contra las Torres Gemelas el 11-S de 2001 lo dejaba bien claro. La vinculación entre la delincuencia organizada y el terrorismo internacional es más que evidente. El tráfico de drogas, el de personas, de armas, la circulación ilícita de materiales nucleares, químicos o biológicos y otros potencialmente letales o el blanqueo de dinero financian el yihadismo. Esto es, las ramas más violentas del islamismo. Al-Qaeda y el Estado Islámico, pero también Boko Haram (tristemente conocido por los secuestros de miles de niñas en Nigeria), o los piratas de Al-Shabab de Somalia o las guerrillas separatistas de Abu Sayyaf en Filipinas son claros ejemplos. Unos y otros son, parece que irremediablemente, un matrimonio de conveniencia.

Las detenciones en noviembre de 2014 en Madrid de una red, con sucursales en Turquía y Latinoamérica, que se dedicaba a introducir en Europa a personas desde Siria -civiles que huyen del conflicto o excombatientes que desean regresar a sus casas en el cómodo Viejo Continente sin levantar sospechas- sacaba a la luz un lucrativo negocio. Cada uno de los trasladados en largos viajes con escala muchas veces en Brasil pagaba entre 6.000 y 10.000 euros por el pasaje y la lógica documentación fabricada ad hoc.

La mal llamada guerra santa (en su connotación militar) no se arma sólo a base de limosnas más o menos obligadas por la religión.

El zakat es una obligación dentro en el Islam. Es la limosna que debe proporcionar todo buen creyente para fines humanitarios. No se establece una cantidad fija pero la referencia con la que miden las familias sus aportaciones, según varios estudiosos, suele ser de al menos un 3% de los ingresos anuales. La donación es loable, pero la finalidad no siempre es la que se pretende. Prueba de ello es que algunos de los lugares en los que se recauda el zakat son las mezquitas urbanas, las carnicerías halal o los locutorios en los que al precio del producto se le añade una tasa evidentemente no registrable fiscalmente.

La Estrategia de Seguridad Nacional (aprobada en 2013) pone igualmente el acento en esa connivencia y como consecuencia el Gobierno aprobó en octubre pasado un organigrama en el Ministerio del Interior para fusionar el Centro Nacional de Coordinación Antiterrorista (CNCA) y el Centro de Inteligencia contra el Crimen Organizado (CICO). El resultado es el nuevo Centro de Inteligencia contra el Terrorismo y el Crimen Organizado (Citco) con un objetivo: elaborar estrategias globales de lucha contra ambos fenómenos. La relación no tiene por qué ser necesaria, pero sí es natural.

El Ministerio del Interior ofrece datos al respecto, en un trabajo publicado recientemente por el profesor de Ciencias Políticas Luis de la Corte Ibáñez en Cuadernos de la Guardia Civil: el 20% de los encarcelados entre 2005 y 2011 por su vinculación a los movimientos yihadistas pasaron previamente por prisión acusados por otras actividades delictivas.

Lo realmente alarmante es que, dejando de lado las guerras abiertas con una supuesta ambición de expandirlas más allá de las fronteras en las que tienen lugar e internacionalizarlas, y que efectivamente necesitan de ingentes cantidades de fondos, los atentados terroristas más cruentos a manos de los islamistas no han sido muy onerosos. Los perpetrados el 11-M en Madrid tuvieron para los terroristas un coste de alrededor de 45.000 euros -incluyendo la compra de explosivos y el alquiler de viviendas- pero es que los del 7-J en Londres fueron diseñados por cuatro fanáticos que fabricaron las bombas sin ayuda de nadie siguiendo las instrucciones que les arrojó Internet tras una simple búsqueda en Google.

No es el caso de las principales organizaciones yihadistas que, como el Estado Islámico, controlado por el autodenominado "califa de todos los musulmanes", Abu Bakr al-Baghdadi, necesita financiación abundante para sostenerse, rearmarse y mantener la propaganda altamente tecnificada de la que hace gala copiando, de forma deliberada, el lenguaje de los videojuegos a los que son tan adictos los jóvenes europeos. Son precisamente las segundas generaciones de descendientes de inmigrantes procedentes de países con poblaciones mayoritariamente musulmanas -en Francia, Reino Unido, Alemania, Bélgica o Países Bajos- , como señalan en un estudio para el Real Instituto Elcano los especialistas en terrorismo internacional Fernando Reinares y Carola García-Calvo, donde se han producido las mayores adhesiones a la guerra yihadista, especialmente a los movimientos de Siria e Irak. En España hasta ahora alrededor de 80 chicos y chicas han dado ya el salto, pero la cercanía geográfica, la situación social y económica y las labores de reclutamiento que llevan a cabo los terroristas en ese caldo de cultivo juegan a favor de los islamistas.

Reinares y García Calvo apuntan que entre 1996 y 2012 sólo el 16,6% de los condenados o muertos en España por actividades relacionadas con el terrorismo yihadista eran de nacionalidad española; en 2013 un 70% del medio centenar de detenidos por la misma causa sí nacieron aquí.

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