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Análisis El ruido y la furia

El estado de la política

El debate parlamentario fue la clara representación del vacío político

El estado de  la política

El estado de la política

Cuando se apagan los últimos ecos del debate del estado de la nación, de esta última semana, solo nos queda una conclusión: la nación no estaba allí, no entró en el debate parlamentario, los problemas profundos de España quedaron fuera; y el vacío lo llenó la política, la mala política. El presidente del Gobierno hizo un discurso triunfalista, de esos en que la propaganda oculta la realidad. Nos habló de un país que sale del túnel, que "entierra la pesadilla" y avanza, por fin, hacia la recuperación, hacia un largo período de crecimiento, creación de empleo y bienestar. Eso sí, aclaró, que para ello es necesario que se cumpla una condición: que siga gobernando el Partido Popular, único antídoto contra la inestabilidad y las aventuras; el único capaz de hacer frente a "ventoleras ideológicas y remedios mágicos". Para ganar apoyo social, Rajoy ofreció varias medidas y un programa estrella de apoyo a las familias y pequeñas empresas. Le llamó la propuesta de "la segunda oportunidad". Una propuesta tan tardía que sonó más bien a una petición de segunda oportunidad para su gobierno.

El discurso de Rajoy fue contestado con gran dureza por el nuevo líder del PSOE, Pedro Sánchez: "¿En qué país vive usted?", le espetó. "Salga a la calle y verá la realidad, cómo viven los españoles". Sánchez describió un país de bajos sueldos y precariedad laboral. El país europeo de mayor desigualdad, en que uno de cada tres españoles vive en riesgo de pobreza. Es verdad que Sánchez se centró en explicar más los problemas que en ofrecer soluciones. Pero su tono no gustó a Rajoy, que empezó a enfadarse. La crítica ácida y la descalificación no le gustaban; y como ha dicho en anteriores ocasiones "no acepto vivir en ese país tan triste que usted describe". Se defendió con los datos que demostraban el fin de la recesión y el principio de la recuperación. Aunque no explicó de qué recuperación hablaba, cuánto tiempo hacía falta para pasar del 22,7% de paro y el 100% del PIB de deuda, al 15% de paro y 60% de deuda. Es decir, para llegar a ser un país normal, que no esté en crisis, dentro de la media europea.

Pero a Rajoy hablar del futuro no le gusta, prefiere explicar el pasado: "Nosotros hemos salvado a España del rescate y de la gran crisis heredada que es culpa de ustedes". Sánchez no se amilanó. Atacó con la fiereza y la desesperación del boxeador aspirante en busca de la corona del campeón. Golpeó sin piedad: "Usted miente y es el culpable de un destrozo social descomunal. Y también de un grave destrozo político: menuda regeneración democrática de la que presume. Lo único que ha hecho es romper a martillazos el ordenador de Bárcenas". Y acabó con el resumen: "Somos el país de la Precariedad, los Impuestos y Bárcenas". Es decir, las tres iniciales que parecen confirmar algo parecido al PIB del PP.

A todo esto, los aplausos iniciales de los diputados de ambos partidos se fueron convirtiendo progresivamente en gritos desaforados, descalificaciones y, finalmente, ese gran ruido característico del hemiciclo cuando todos los diputados chillan a la misma vez. Mientras la presidencia llamaba al orden, Rajoy perdió los nervios y, enfurecido, increpó: "Usted no debe volver a subir a esta tribuna. No tiene nada que decir. Nada. Es usted patético".

Ahí se acabó el debate. En ese instante, el Parlamento español alcanzó el punto más bajo desde hacía años. Se estaba representando el momento álgido de la crisis del bipartidismo. Era el fin de un ciclo y el inicio de otro. Este debate parlamentario fue la representación clara del vacío político, la no política, que solo lo llenaban "el ruido y la furia" de sus señorías. Se había entrado, sin darse cuenta, en el escenario de una representación de Macbeth. El escenario fue ocupado "por malos actores que se agitan y pavonean, en un cuento contado por un tonto, lleno de ruido y furia, y que al final queda en nada". Porque nada fue su contenido y su significado: "Usted no tiene nada que decir. Nada".

Fin del bipartidismo

Este debate puso el punto final al sistema que ha gobernado la España democrática en los últimos 40 años. La alternancia de dos grandes partidos y el acompañamiento menor de partidos nacionalistas e Izquierda Unida. Pero ese sistema se acabó, la crisis económica y social ha cambiado el escenario político. Según las encuestas, en este momento los dos grandes partidos apenas representan el 50% del electorado español. Y eso ocurre en el año en que se van a celebrar cuatro grandes procesos electorales que, sin duda, van a cambiar la política española.

Por otra parte, dos fuerzas política nuevas, que parece van a ser importantes, no están representadas en el actual Parlamento. En el debate de esta semana, sus voces se oyeron desde la calle. Aunque conviene destacar que hablaban desde la calle pero su objetivo es entrar en el Parlamento. No son fuerzas antisistema, se consideran democráticas y parlamentarias.

Podemos quiere representar a ese tercio de la sociedad que ha quedado excluido con la crisis, "fuera de los muros" de un sistema enfermo, que solo ha sabido recuperarse provocando una enorme desigualdad y pobreza. Esta nueva fuerza política ha provocado una profunda inquietud en la socialdemocracia española. El PSOE anda desconcertado porque no vio venir la crisis económica, sigue sin comprender las causas profundas de la crisis social y ésta, además, lo sorprendió instalado en el sistema político.

La otra fuerza política nueva es Ciudadanos, que surge desde el centroderecha español. Quiere representar el reformismo democrático de la derecha, es decir, eso que siempre hemos llamado "el centro". Su avance es tan rápido porque va ocupando el espacio que deja el Partido Popular en su desplazamiento acelerado hacia la derecha dura, que se encierra en el búnker, porque cree que es desde ahí donde mejor se defiende a España del separatismo, la inestabilidad y el caos. Pero la situación española no permite una vuelta hacia atrás, se está abriendo un nuevo ciclo histórico, una transición que exige una gran reforma democrática. Hay que reformar el modelo económico, avanzar hacia una sociedad más cohesionada y acometer una reforma territorial del Estado y sus instituciones políticas.

Pero como es obvio una gran reforma de esas características exige un gobierno reformador de verdad. Lo que hicieron Suárez y los otros partidos en la primera transición. No encerrarse en el búnker y liderar con audacia la gran reforma democrática. Con todas las diferencias históricas, estamos en una situación parecida. Solo hay dos caminos: abrir la reforma o abrir la caja de Pandora y liberar los vientos tempestuosos de la inestabilidad y el desorden.

En este debate parlamentario, los diputados canarios intentaron participar, aunque poco caso les hicieron. Presentaron varias resoluciones importantes: la negociación del REF e incorporar al Archipiélago al gran plan de infraestructuras europeas que se aprobará a mitad de este año. Pero las propuestas canarias fueron contestadas con el desprecio habitual, en continuidad a todas las presentadas en los últimos tres años. El asunto es grave. Pero más grave aún es que los canarios no terminan de entender su debilidad y cómo actuar para cambiarla.

Los comportamientos políticos de los últimos meses invitan a la reflexión. Primero, el Gobierno de Canarias expresó su satisfacción por lo que llamó "la reforma fiscal del REF", negociada con las autoridades europeas. Sin caer en la cuenta que solo había supuesto unas modificaciones puntuales y no una reforma profunda del Régimen Económico Fiscal. A continuación el ministro Soria anunció que el Gobierno de España está dispuesto a negociar el resto de la reforma. Ante ese anuncio, al Gobierno de Canarias se le quedó la misma cara que se le queda a uno cuando le roban la cartera. Inmediatamente, la señora Oramas salió a anunciar que Montoro estaba dispuesto a negociar. Lo que demostraba que no se había conseguido antes por las torpezas del Gobierno de Canarias. En la tragicomedia faltaban los empresarios canarios, que se habían dormido anteriormente en la elaboración del texto. Pero cuando oyeron que Montoro abría la puerta, salieron en tromba exigiendo el envío urgente de un documento a Madrid. El consejero de Economía se puso a redactarlo pero cuando quiso ponerse en contacto con Madrid, dice que "ni le llaman ni le contestan". Y, finalmente, Rajoy en el debate despachó el asunto sin merecerle la más mínima consideración. Ana Oramas se indignó y el Gobierno de Canarias pensó: "¿Qué quieren que hagamos si no nos quieren?".

Si uno quiere evitar caer en la desesperación, lo único que queda es repetir una vez más lo mismo: hacer lo que hicimos en 1994 cuando se aprobó el actual Régimen Económico y Fiscal. Mandar una ley al Parlamento de Canarias que debe aprobar un REF tan amplio que signifique nuestra gran reforma. La reforma del modelo económico de Canarias, actualmente en crisis y ponga en marcha todas las nuevas políticas que permitan incorporar a Canarias al tiempo de la revolución tecnológica y la globalización. Y una vez aprobado por Canarias, se envía al Congreso de Diputados para su debate y ratificación. Por tanto, a Madrid no hay que enviar un documentito, sino una ley de máximo rango, expresión del ejercicio de soberanía del pueblo canario como establece su Estatuto.

Esta es nuestra gran reforma, junto a la del Estatuto de Autonomía, y que hay que incorporarlas a las grandes reformas democráticas que necesariamente va a tener que acometer la sociedad española. La desgracia es que, por Madrid, no aparecen los grandes reformadores y por aquí brillan por su ausencia.

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