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Entrevista.

Javier Martín Carbajal: "Fueron días de enorme tensión y riesgo pero todo salió muy bien"

"Al principio me negué a que viniera el 'Aragón' pero luego acepté cuando el Estado se hizo responsable", apunta el director de la refinería de Santa Cruz durante el operativo del 'Aragón'

Javier Martín Carbajal.

Javier Martín Carbajal. LP / DLP

En esos días se traspasaron con éxito las 211.000 toneladas de crudo maya que le quedaban al buque en sus bodegas -las otras 25.000 toneladas fueron vertidas al mar y causaron graves daños a las costas de Madeira- a los depósitos de la Refinería de la capital tinerfeña.

¿Cuándo lo llamaron para plantearle la solución de llevar el Aragón

Estaba comprando los regalos de Navidad en la calle San José de Santa Cruz aquel 2 de enero de 1990 cuando fui convocado a una reunión en el Gobierno Civil [como se denominaba entonces a la Delegación del Gobierno central en Canarias]. Las autoridades decidieron que bajo ningún concepto el Aragón se llevara al Mediterráneo porque allí el riesgo era mayor que en el Atlántico.

¿Y cuál fue su postura sobre la solución que había que adoptar?

En un primer momento me negué a que entrara en el muelle de la Refinería porque no solo ponía en peligro a la planta, pues si se hundía bloquearía la llegada de otros barcos, sino por encima de todo el riesgo era enorme para las costas de Tenerife. Tenía los medios pero el petrolero no era de Cepsa. Cepsa fletaba barcos de menor tamaño que aquel, que era enorme. Las autoridades insistieron pero yo les aclaré que solo me debía a las órdenes de Cepsa. Consulté y entonces exigí al Gobierno estatal que se hiciera responsable de las consecuencias. Y que lo reflejara por escrito. Accedieron rápidamente por las urgencias y entonces la compañía aceptó que el barco viniera a Santa Cruz y descargara todo el crudo en nuestras instalaciones.

¿Cómo se hizo el operativo?

En realidad, el trasvase se hizo como con todos los petroleros que fondeaban en La Hondura. Teníamos incluso los medios de protección necesarios por si acaso. La Refinería siempre se había preocupado -y se sigue preocupando- por estar lo más preparada posible ante cualquier contingencia. Se rodeó el barco con un cordón anticontaminante y se procedió al vaciado de sus bodegas. Se utilizaron sensores para controlar el desplazamiento del buque para que no se rompiera. Se hizo todo con enorme cuidado y profesionalidad y evitamos una catástrofe. Todo salió muy bien.

¿Cómo vivió aquellos cuatro días?

Fueron extraordinariamente intensos y de mucho trabajo y tensión. Apenas descansamos. Hay que tener en cuenta que el boquete que se abrió en la proa del petrolero era grande, que se podía partir, que el propio barco era enorme, que traía más de 230.000 toneladas de crudo y que, encima, el crudo era del tipo maya, el más contaminante de todos. Yo llegué a entrar en el hueco. Se veían las enormes paredes de la bodega de proa.

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