Pedro Zerolo se va pero deja tras su paso un mundo más libre. Hace algo más de un año que el socialista tinerfeño anunciaba su batalla particular con la vida, una enfermedad que le fue arrebatando su característico pelo rizado pero que jamás le hizo perder la fuerza y la alegría. Porque Zerolo peleó hasta el final de sus días por aquellas ideas que estaba convencido eran más justas, más humanas. Ayer se apagó la voz de los homosexuales, el alma del socialismo, el político que convirtió los sueños en derechos. Su verbo preferido era luchar. Y así se marchó, batiéndose contra un cáncer que lo hizo vencible pero que nada podrá hacer contra el legado que el infatigable defensor de la vida ya ha dejado en la tierra.

No creía en Dios. Su Biblia se basaba en dos grandes pilares: la igualdad y la libertad. Nacido en 1960 en Caracas (Venezuela), como tantos canarios hijos del exilio o de la emigración, e hijo del pintor y exalcalde de La Laguna por el Partido Socialista Canario, Pedro González, Zerolo tuvo muy claros sus principios desde niño. Por eso, tras estudiar Derecho en la Universidad de La Laguna (ULL), decidió marcharse a Madrid y dejar su profesión para ejercer su pasión, la política, en la calle. En su mente ya latía con fuerza una idea: paliar la discriminación. Fue así como su lucha por que todas las personas, independientemente de su elección sexual, tuvieran los mismos derechos y las mismas oportunidades fue haciéndose cada vez más visible.

Su discurso convenció y sus palabras conmovieron hasta el punto de erigirse como el mejor embajador de la bandera multicolor de la igualdad y pasar a presidir la Federación Estatal de Lesbianas, Gays, Transexuales y Bisexuales (Felgtb) desde 1998 hasta 2003. Durante esos años, Zerolo fue revolucionario, contundente hasta la médula y un activo incansable. Consiguió cribar el sistema español para equiparar a las parejas del mismo sexo con las heterosexuales e introducir la ley de identidad sexual en un país que se convirtió en pionero en toda Europa. Y finalmente defendió con ahínco ante el propio Zapatero la ley de matrimonio entre personas del mismo sexo que él mismo utilizó para casarse con Jesús Santos en 2005. Una boda que se celebró un día antes de que el Partido Popular recurriera la ley.

La carrera política cobró protagonismo entonces en su vida. Sin dejarse nunca apartar del colectivo LGTB para el que ya era un auténtico emblema, Zerolo se centró en su trabajo, como el mismo describía, "de servidor público de la ciudadanía". Siempre desde la cercanía y el codo a codo con el pueblo, el tinerfeño -concejal de Madrid desde 2003- se dedicó por entero al socialismo con la idea de desbancar a los populares del trono en la capital.

En enero de 2014 anunció su enfermedad. Su nombre: cáncer de páncreas. No le asustó. "Creo que para vencer esto no hay que tener miedo. El miedo se vence con tranquilidad, estando tranquilo con uno mismo. Sin miedo sientes que la vida está contigo...", declaraba por aquel entonces. Al contrario de lo que se pudiera pensar, Zerolo no se escondió. Él, y su ahora cabeza calva, siguieron al pie del cañón, desatando una guerra no por la justicia sino por la propia vida porque, como solía decir, "el cáncer no es igual a muerte o invisibilidad".

Los enfermos de cáncer encontraron en el tinerfeño un apoyo. Un referente en el que guiarse. Zerolo acudió a la presentación de la primera Asociación de Cáncer de Páncreas de España (Acapan) con el objetivo de despertar la conciencia de la sociedad en la investigación para una de las patologías más mortíferas, pero también con la finalidad de demostrar que bajar los brazos no es una opción. Siempre coqueto, no quiso usar peluca ni para oficiar las bodas. "Soy así", respondía convencido.

Desde el primer momento, garantizó que no se iría, que no dejaría de trabajar. Y así fue. Pese al estado avanzado de su enfermedad, Zerolo se mostró dispuesto a convertirse en candidato a la Comunidad de Madrid, tras la destitución de Tomás González el pasado mes de febrero. Finalmente, fue Ángel Gabilondo el elegido y el tinerfeño se presentó como tercero de lista en las elecciones del pasado 24 de mayo. Precisamente un día después de los comicios, Zerolo acudió a la última reunión de la Ejecutiva Federal del PSOE. A pesar de su debilidad, atendió a los medios. Aunque tuviera que calzar zapatos con varias tallas de más para aliviar el dolor que le producían las heridas en sus pies, él nunca dejó de dar la cara.

Tampoco olvidó sus raíces. "Canario, de Tenerife, ¡como el Teide!", declaraba el isleño en una de sus últimas entrevistas. Amigo de sus amigos, quienes lo conocen destacan de él su energía, sentido del humor y su compromiso con toda idea que se le metía en la cabeza. Allí donde se necesitara apoyo para una causa, allí estaba Pedro. No le faltó el cariño de su gente, de sus compañeros de bancada e incluso de sus detractores, quienes han acabado alabando sus pasos en la política, pero sobre todo, las huellas que ha dejado con su personalidad.

Ayer era el día en que Zerolo tendría que haberse sentado en su escaño en la Asamblea, ganado en las últimas elecciones. No fue así. El lunes por la tarde, sus familiares y amigos más cercanos recibieron una llamada avisando de su inminente adiós. El destino quiso que Pedro se fuera como deseaba, en su casa y con los suyos. Zerolo decía que se alimentaba de la calle y ayer la calle salió para devolverle todo lo que el tinerfeño le ha dado. Homosexuales, políticos, personalidades de la vida pública, los de siempre y los que apenas acababan de conocerle le rindieron su merecido homenaje. Desde ahora, España está huérfana de un referente en la igualdad, de un político que nunca dejó de luchar por sus sueños.