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Una jubilada abre su casa a dos sirios

Una mujer traslada al presidente del Ejecutivo que quiere dar cobijo a quienes huyen de la guerra

Una jubilada abre  su casa a dos sirios

Una jubilada abre su casa a dos sirios

Cinco minutos antes de atravesar la Basílica de la Virgen del Pino en Teror, una mujer frenó en seco al presidente del Gobierno canario, Fernando Clavijo. Le sujetó el brazo y le dijo emocionada que estaba dispuesta a acoger a dos refugiados sirios en su casa, pero no sabía cómo hacerlo. Él le tomó la palabra y solicitó a uno de sus asistentes que apuntara el número de teléfono de la señora. Las frases de esta funcionaria jubilada llegaron al corazón del jefe del Ejecutivo, que confesó, minutos después, que se le "erizaron los pelos" al escucharla.

Ella no fue la única. Decenas de personas le expresaron su tristeza por los seres humanos forzados a dejar atrás sus vidas para evitar una muerte segura. Pero también era el primer gran acto en Gran Canaria en el que Clavijo se codeaba con el pueblo, ya como presidente. Por eso fue objeto de besos, abrazos y, cómo no, de selfies de quienes reconocieron al nuevo presidente de Canarias desde julio.

Clavijo se estrenó en la festividad de la patrona de la Diócesis de Canarias. Había visitado la villa en su etapa "de pibe, pero nunca institucionalmente". El nacionalista, que se sentía algo incómodo enfundado en el chaqué, rompió la tradición de su antecesor, Paulino Rivero, de caminar a Teror y acudir a la romería. "Clavijo no es un presidente romero, primero el trabajo y después la fiesta", susurraron fuentes de su entorno para marcar diferencias.

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