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El Archipiélago carece aún de un plan de adaptación al cambio climático

Un informe estatal sitúa a Las Palmas de Gran Canaria y Santa Cruz de Tenerife entre las ciudades más amenazadas por la subida del nivel del mar

El Archipiélago carece aún de un plan de adaptación al cambio climático

El Archipiélago carece aún de un plan de adaptación al cambio climático

Recuperar el tiempo perdido en la lucha contra el cambio climático. Este es el reto de la nueva cumbre mundial sobre el calentamiento global del planeta, que comienza mañana en París y se prolongará durante doce intensos días. Si hay acuerdo, y previsiblemente lo habrá pese al fracaso de las reuniones previas, sustituirá al Protocolo de Kioto. Aquel primer gran acuerdo que se suscribió en 1997 con muchas expectativas, pero cuyos principales objetivos de control de las emisiones de gas de efecto invernadero se han incumplido 17 años después. Esta vez se parte del compromiso previo de Estados Unidos y China, países que provocan el 51% del total de las emisiones contaminantes junto a la Unión Europea, y que no suscribieron Kioto.

Pero además de poner de acuerdo a los dirigentes mundiales, para que impulsen políticas más activas y realistas de control de la contaminación en sus Estados, París tiene en el punto de mira a las industrias, a las que quiere enviar "una señal inequívoca" respecto a un hecho concreto: que "la economía de bajas emisiones -la denominada economía verde- es ya una realidad ineludible". Así lo ha manifestado los días previos al encuentro la "embajadora climática" de Francia, Laurence Tubiana, responsable de coordinar las negociaciones preparatorias con los 195 países que participan en la cumbre.

Junto a los Estados y las empresas, también está por definir el papel a jugar en esta batalla por la conservación del planeta por otros grandes contaminantes: las ciudades y la suma de consumos personales, que obligan a reflexionar sobre los sistemas y hábitos energéticos que mueven hoy el mundo.

Sin transición energética

Pensar globalmente y actuar localmente es, para los expertos, la única vía de afrontar soluciones realistas para un problema del alcance del cambio climático, cuyos efectos no son sólo ambientales. El impacto social y económico va a ser muy importante. Y "Canarias es especialmente vulnerable tanto en el aspecto ambiental como económico y social al cambio climático", según la Estrategia Canaria de Lucha contra el Cambio Climático.

Elaborado por la Agencia Canaria de Desarrollo Sostenible y Cambio Climático en 2007, el amplio y detallado documento explica: "Su situación geográfica [proximidad al continente africano, una de las zonas que sufrirá más severamente los efectos del cambio climático]; sus características físicas [insularidad y lejanía del continente europeo] y su biodiversidad, hacen del Archipiélago un lugar muy vulnerable a los actuales y futuros impactos del cambio climático". Y añade que "también la latitud supone un mayor riesgo de fenómenos meteorológicos extremos y de transmisión de enfermedades relacionadas con el clima".

Entre 1990 y 2005, las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) aumentaron un 41,4% en las Islas, lo que representa casi tres veces el incremento concedido a España en el marco del Protocolo de Kioto. El incremento se elevó hasta 70% a nivel mundial, según puso de manifiesto en 2007 el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC). Esta contribución canaria al calentamiento global se produce, sobre todo, en el sector energético: "La energía, caracterizada por el carácter aislado de los sistemas energéticos, su reducida dimensión y la absoluta dependencia externa de combustibles fósiles, concentra las mayores emisiones totales de GEI en Canarias". En mucha menor medida, contaminan la actividad de refinado de petróleos, aunque en este sector se produjo un "crecimiento espectacular" del 98,6% de este tipo de gases entre 1990 y 2005. También crecieron las emisiones por transporte terrestre un 57% en el ese periodo.

En las Islas, la disminución de emisiones pasa por tanto por una reducción de los consumos eléctricos, y también del uso del coche privado, pero sobre todo por una sustitución del modelo actual energético a través de un proceso de transición que en Canarias ni siquiera se ha iniciado: "Por supuesto que hay medidas, muchas medidas [energéticas, turísticas, de transporte o fiscales] para lograr la reducción de emisiones; pero su cabal cumplimiento es imposible si no se desarrolla paralelamente una intensa labor de información, educación, formación y sensibilización". Ya el Plan Energético de Canarias (Pecan) de 2006 contenía una serie de medidas para reducir las emisiones y en ese período se creó también la Agencia Canaria de Desarrollo Sostenible y Cambio Climático, que elaboró el Plan de Mitigación 2008-2015.

Sin embargo, dicho Plan no sólo se ha incumplido a consecuencia del mantenimiento de un sistema energético aislado, absolutamente dependiente del combustible fósil y escasamente competitivo, sino que el impacto de la crisis provocó el cierre de la Agencia y la inconclusa elaboración, prevista para el 2009, del Plan Canario de Adaptación al Cambio Climático, el documento que debe realizar el análisis de impactos en las Islas con un nivel de información suficiente tanto a nivel insular como local.

No más de dos grados

Si no hay un esfuerzo mundial de mitigación, se prevé que para el año 2100 las temperaturas medias aumenten en el mundo entre 1,4 y 5,8ºC (con respecto a la temperatura de 1990) y entre 2,0 y 6,3ºC en Europa. El IPCC consideró que las temperaturas medias mundiales no deberían sobrepasar más de 2ºC las temperaturas preindustriales y París ha hecho suyo este objetivo concreto. El último decenio, y en concreto el año pasado, han sido los más cálidos desde que hay registros de la temperatura, y las olas de calor son cinco veces más frecuentes que antes.

Uno de los efectos más inmediatos y previsibles de este calentamiento global del planeta es la subida del nivel de mar. Un informe del panel de expertos de año pasado advierte que gran parte del manto de hielo de la Antártida está condenada a fundirse, y ello significa que en los próximos siglos el nivel del mar se elevará unos 1,20 metros, probablemente incluso más. Por ello, ya se ha empezado a redibujar el mapa el nuevo mapa del planeta, y en especial de aquellas zonas costeras que se verán afectadas por dicha subida. Entre ellas está Canarias, como una de las áreas más afectadas de España.

El pasado año, el ministerio de Agricultura y Medio Ambiente promovió una investigación con expertos en hidráulica ambiental, que concluyeron que a finales de este siglo el nivel de mar de las costas españolas habrá aumentado de media entre 60 y 72 centímetros y algo más de 80 centímetros. El informe Cambio climático en la costa española no sólo situaba a Canarias como la más afectada por este impacto, sino que advertía que es la comunidad autónoma que tiene mayor población residente en la costa (más del 80%) y la segunda en número de kilómetros cuadrados de litoral costero: 1.583 frente a los 1.720 de Galicia (incluidos sus islotes) y los 1.428 de Baleares. Por ciudades, Santa Cruz de Tenerife y Las Palmas de Gran Canaria se sitúan entre las más vulnerables.

Pese a estos datos, Canarias no ha elaborado aún su mapa de vulnerabilidad de sus localidades costeras, para prevenir las consecuencias de uno de los impactos del cambio climático que ni los más incrédulos cuestionan por su constatación científica. Cuba, por citar solo un ejemplo, ya ha detectado que en su caso son cincuenta las poblaciones costeras que se verán afectadas por la crecida y elabora actualmente un plan de actuación, según explicó en su reciente visita a las islas el embajador de Cuba en España.

1 entre 7.000 millones

Ante la dimensión de este problema global, la población se siente impotente. Esta es la conclusión a la que han llegado expertos en psicología que han estudiado la reacción de diversos colectivos ante la amenaza del calentamiento del planeta: "El problema no es la negación del cambio climático. El problema es la resistencia psicológica de la población", explicaba recientemente en una entrevista el divulgador del cambio climático George Marshall. Y añadía: "Nuestros cerebros están programados para responder a una amenaza concreta, visible y urgente. Somos capaces de vislumbrar el futuro, pero no reaccionamos hasta que tenemos el peligro delante".

Cabe también plantear la cuestión en otros términos: ¿sirve de algo lo que haga una sola persona entre 7.000 millones? El problema atañe, y mucho, al consumo personal, tal y como han tratado de demostrar científicos suizos que sostienen que "se podrían limitar los efectos si cada persona consumiera solo 2.000 vatios de energía al año [el consumo medio de un estadounidense está en 12.000 y de un bangladesí en 300]. En el otro extremo, hay personas tan concienciadas que han convertido la lucha contra el cambio climático en uno de sus objetivos prioritarios y promueven iniciativas ciudadanas como la grancanaria 'Muévete por el clima'.

También las empresas, como apuntaba Tubiana, tienen mucho que decir y, sobre todo, que hacer, ya que hasta ahora se han limitado "a actuar lo justo para cumplir con los requisitos globales". Y en casos como el de Volkswagen ni siquiera eso, poniendo además en entredicho los sistemas de inspección y control de emisiones de la Unión Europea. Por lo que respecta a las ciudades, las zonas urbanas son responsables de aproximadamente el 76% de las emisiones de CO2 derivadas del uso de la energía y muchas de ellas, como las dos capitales canarias, serán especialmente vulnerables a las inundaciones o las altas temperaturas. De ahí que el ex alcalde de Nueva York, Michael Bloomberg, haya lanzado el siguiente llamamiento a los responsables municipales: "Los alcaldes no tienen por qué esperar a que actúen los gobiernos nacionales o a que haya un nuevo acuerdo mundial sobre el clima".

La Estrategia sostiene, en el mismo sentido, que "Canarias tiene activos suficientes para convertirse en un referente de la lucha contra el cambio climático si lograra desarrollar modelos energéticos basados en las energías renovables y su vinculación al ciclo del agua", como ocurre en El Hierro, Gran Canaria. Y además de la independencia energética, aboga por la independencia alimentaria, "a través del fomento decidido del cultivo de productos de consumo local, que redundaría directamente en la reducción del consumo de combustible en la importación y exportación de productos, la generación de empleo y la utilización del suelo agrario como modo de lucha contra la desertización". Este es uno de los diversos efectos del cambio climático, que se producen a muy diversas escalas de tiempo y afectan a todos los parámetros climáticos: temperatura, precipitaciones o nubosidad: inundaciones, tormentas, sequías y olas de calor.

Desde la reunión de Río de Janeiro de 1992, los países del mundo se han reunido hasta en veinte ocasiones sin que el contador de las emisiones de carbono se haya reducido un ápice. Es más, en estos 23 años se ha emitido a la atmósfera casi tanto carbono -uno de los principales gases de efecto invernadero- como en todo el siglo pasado. Ante estos resultados: ¿Será París un éxito? ¿Habrá acuerdo mundial efectivo en esta ocasión?

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