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La Provincia - Diario de Las Palmas

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Cine

Los orígenes de Almodóvar

Fnac y Divisa editan en Blue Ray la 'ópera prima' del manchego a los 36 años de su aclamado estreno en el Festival de San Sebastián

Mucho antes de que Pedro Almodóvar (Calzada de Calatrava, Ciudad Real, 1949) se convirtiera en el cineasta español más popular de la historia y que su nombre empezara a ser codiciado por muchas de las estrellas más rutilantes del planeta, hubo de enfrentarse con la realidad de un país escasamente receptivo a los cambios formales y a cualquier giro argumental o ideológico ajeno a las convenciones impuestas por una larga y roñosa tradición, encriptada con fuerza en el imaginario nacional desde tiempos inmemoriales.

Sociedad conservadora

Su decidida apuesta, desde los inicios de su carrera, por un cine de ruptura, impúdico, provocador, equívoco, reivindicativo y transgresor, lejos de los cánones que impone siempre la corrección política, aunque muy cercano a referentes artísticos tan venerados en la historia de nuestro cine como el de Iván Zulueta o el del mismísimo Luis Buñuel, desató una oleada de desafectos -y de alguna manera sigue aun desatándolos- propios de una sociedad de clara matriz conservadora y de un creador que deja bien claras desde un principio cuáles van a ser sus señas de identidad como cineasta en el futuro. Tan es así que, con el paso del tiempo, su obra, con sus aciertos y sus deslices, ha respondido con incuestionable fidelidad a estos planteamientos, a pesar de las mil y una controversias que ha desatado a su paso y de la manifiesta hostilidad que han demostrado determinados críticos en su empecinado propósito de desbancarle de su bien ganado sitial entre la élite del cine internacional.

Pues bien, en medio de semejante escenario, y con diversas experiencias a sus espaldas como director en formatos subestándar -Folle? folle? fólleme Tim! (1976), en realidad su primer largometraje, lo filmó en Super8 o cortos, hoy invisibles, como La caída de Sodoma (1975) o Sexo va, sexo viene (1977)- Almodóvar irrumpe en las pantallas comerciales españolas con Pepi, Luci, Bom y otras chicas del montón (1980), una comedia rodada con una escasez de medios más que notoria, manifiestamente demoledora y dotada, como pocas, de una frescura inaudita en el contexto del cine nacional de la época que, a la postre, se convertiría en su tarjeta de presentación como cineasta en una industria que se enfrentaba a un nuevo y difícil reto tras la desaparición de la censura: romper con su vergonzante pasado como correa de transmisión del papanatismo moral del viejo régimen y conectar con las corrientes de modernidad que ya fluían con fuerza, libertad y firmeza más allá de nuestras fronteras.

La película, que Fnac y Divisa editan ahora en alta definición dentro de la prestigiosa colección de grandes clásicos del cine español reunidos en torno a su Filmoteca Fnacional, narra la rocambolesca transformación de una joven madrileña de clase media que siente el irrefrenable deseo de acabar con su rutinaria vida a la sombra de una familia convencional y conquistar su deseada independencia como mujer al frente de una agencia publicitaria o tratando de convertirse en una escritora.

Aunque no le resultará tan sencillo como creyó en un principio, Pepi (Carmen Maura) insiste en su propósito de convertirse en la verdadera protagonista de su vida, a pesar de que algunos incidentes de relativa gravedad la situarán en una difícil y traumática tesitura, como el hecho de haber sido violada por un joven policía (Félix Rotaeta) cuando reservaba su pureza para "fines mucho más rentables" o acabar encerrada en un círculo de mujeres ahogadas en un piélago de frustraciones, personajes interpretados con visible desparpajo por algunos de los más gloriosos iconos de la Movida madrileña, como Olvido Gara 'Alaska' (Bom) y Eva Siva (Luci). Pepi, no obstante, utiliza rápidamente sus armas de mujer para materializar su venganza contra quien le robó impunemente su virginidad. La situación, no obstante, volverá a complicarse tras la aparición de nuevos e indescriptibles personajes, como la actriz (Julieta Serrano), la cantante (Kiti Manver) o la inefable presentadora (Cecilia Roth) en esta farsa lúgubre, iconoclasta y esperpéntica con la que se dio el pistoletazo de salida a una de las filmografías más originales y demoledoras del cine nacional.

Trabajo fundacional

En cualquier caso, Pepi, Luci, Bom? dista mucho de ser uno de los trabajos más inspirados de Almodóvar, pero su condición de obra fundacional de una de los grandes figuras de nuestra cinematografía la convierte, pese a quien le pese, en todo un testimonio de los cambios radicales que, en el ámbito de la creación, se operarían en nuestro país con el advenimiento de la Democracia. Aunque en ciernes, en ella se concentran casi todos los elementos que emplearía Almodóvar -cada vez de manera estilizada- a lo largo de su compleja y dilatada carrera tras las cámaras. Un hito cultural sin la menor duda.

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