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Análisis

¿De verdad hay casi un millón de pobres?

Un mismo ciudadano de las Islas puede o no ser considerado en riesgo de pobreza o exclusión con solamente cambiar el umbral de referencia: nacional o regional

¿De verdad hay casi un millón de pobres?

¿De verdad hay casi un millón de pobres?

¿Es posible que haya en Canarias casi un millón de pobres? ¿Sería esto posible sin que se produjera un estallido social?

Estas son las dos preguntas fundamentales que están en el aire desde que la Red Europea de Lucha contra la Pobreza y la Exclusión Social (EAPN, por sus siglas en inglés) publicara la séptima edición de su informe sobre El estado de la pobreza en España, un informe que no deja precisamente en buen lugar a la Comunidad Autónoma. Lo cierto es que el análisis de la EAPN fija en un 44,6% el porcentaje de la población del Archipiélago en riesgo de pobreza o exclusión social, es decir, más de 900.000 personas. Un porcentaje que es el más alto del país y que se obtiene a partir del índice Arope ( At Risk of Poverty and/or Exclusión), que, como tal, es relativo -la mayoría de españoles serían pobres en relación con la mayoría de daneses, donde el salario medio anual supera ampliamente los 50.000 euros- y que parte de una serie de premisas cuyos detractores ponen en duda. Unas premisas que solo sacó a relucir ayer, por otra parte de soslayo, la portavoz adjunta del grupo parlamentario de Coalición Canaria (CC), Elena Luis, que se ganó la crítica desde la bancada de la oposición por cuestionar hasta qué punto no poderse permitir unas vacaciones -una de las variables incluidas, con matices, en el índice Arope- convierte a un ciudadano o a una familia en pobre.

El Arope, que es el indicador que adoptó Bruselas en su Estrategia Europa 2020, considera al individuo en riesgo de pobreza y/o exclusión siempre que esté al menos en una de las tres condiciones previamente establecidas. La primera condición es la de vivir con bajos ingresos, es decir, con menos del 60% de la mediana, algo que varía en función de si se toman los ingresos regionales o los nacionales. Así, por ejemplo, una misma persona que ganara entre 6.606 y 8.209 euros podría ser considerada pobre o dejar de ser considerada pobre únicamente con cambiar los ingresos que se toman como referencia para la comparación. En otras palabras: sin que la situación de ese ciudadano de las Islas cambiara en nada, sería pobre si se toman como referencia los umbrales de pobreza nacionales y no lo sería si se toman los regionales. Con estos, de hecho, la tasa de pobreza se queda en un 20,6%, unos 14 puntos inferior al 35% que resulta de tomar el umbral nacional.

Y esto ocurre igual con la tasa de pobreza o exclusión social bajo el índice Arope que ha trascendido -el susodicho 44,6%-, que es la calculada a partir de los umbrales nacionales y que sería 6,9 puntos inferior, de un 37,7%, si se toman como referencia los ingresos y umbrales de pobreza de la Comunidad Autónoma.

El segundo de los tres factores que determinan que un individuo sea o no pobre o esté o no en riesgo es el familiar. En concreto que viva o no en un hogar con muy baja intensidad de trabajo, que son aquellos en que sus miembros en edad de trabajar lo hayan hecho por debajo de un 20% de su capacidad. Para entenderlo, el índice determina que un hogar con dos adultos en el que solo trabaje a jornada completa uno de ellos tendría una intensidad de trabajo de un 50%. En una familia formada por un matrimonio con cuatro hijos mayores de 18 en la que solo trabajara uno de los progenitores, la intensidad sería del 16,6%, lo que los incluiría en riesgo de pobreza por más que el padre o la madre cobraran 10.000 euros al mes y por más que tuvieran un patrimonio considerable.

Con todo, acaso el punto más controvertido del índice Arope sea el que determina la llamada carencia material severa, que es el punto que ayer discutió tímidamente la portavoz de CC. Si la persona vive en un hogar que no puede afrontar un gasto imprevisto de 650 euros, no puede permitirse unas vacaciones, no tiene aire acondicionado en su casa y se retrasa en la hipoteca, el alquiler, la luz, el agua o los pagos a plazos -no que no pague, basta con que se retrase-, esa persona sufre carencia material severa. Los otros ítems para estar en esta situación -si se dan cuatro de nueve el Arope clasifica a la persona en riesgo de pobreza o exclusión- son no poder permitirse un coche, una lavadora, una televisión o un teléfono móvil y no poder comer carne, pollo o pescado cada dos días.

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