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40 ANIVERSARIO DE LA CONSTITUCIÓN ESPAÑOLA

El paso de la Transición al Régimen del 78

La Constitución inició el periodo democrático más estable

El paso de la Transición al Régimen del 78

El paso de la Transición al Régimen del 78

El próximo jueves hará 40 años que el 92,41% de los canarios, de un censo de 880.000 votantes, se pronunció a favor de la Constitución. Aquel 6 de diciembre de 1978, 15,7 millones de españoles (medio millón de estas Islas) refrendaron la Carta Magna frente a 1,4 millones (24.000 canarios) que la rechazaron. Y culminó así el proceso de transición de la dictadura a la democracia. El salto fue de envergadura, pero pudo llevarse a cabo de forma pacífica pese a las profundas heridas y diferencias ideológicas. La clave estuvo en el amplio consenso alcanzado, calificado en los libros de historia de "ejemplar" y que llevó a que, tanto dentro como fuera de España, se denominará al proceso como la Transición (en mayúsculas).

Aún sin saberlo, la histórica jornada inauguró el mayor periodo de estabilidad democrática que ha vivido España. Y el país se dispone a conmemorarlo esta semana por todo lo alto. En realidad el 2018 iba a ser un año marcado por tan sonado aniversario, pero el enrarecido clima político ha aguado en cierta medida la fiesta. Y es que la sola mención de la Constitución se ha convertido en objeto de discordia entre quienes entienden que aquel otro "milagro español" merece un buen homenaje. Y quienes opinan, sin embargo, que las grietas y deterioro del edificio constitucional obligan a una profunda rehabilitación, cuando no a su reconstrucción íntegra desde los pilares: "El gran acuerdo que supuso la Ley Fundamental de 1978 está roto y es perentorio que se asuma que hay una serie de debates que no se pueden resolver en comisiones parlamentarias, porque incumben a toda la sociedad", ha sostenido Pablo Iglesias, el líder del partido más crítico con el pacto del 78. Hasta el punto que Podemos ha organizado, el mismo día de Constitución, unas jornadas sobre feminismo y república, aunque ha confirmado su participación en los actos institucionales que tendrán lugar en el Congreso de los Diputados. No lo hará sin embargo su confluencia En Comú Podem, como tampoco los nacionalistas catalanes, que consideran que "la Constitución está superada, no es nuestro marco de referencia".

¿Cuánto hemos cambiado?

"Cada generación porta unos valores, unos modos de relacionarse y de entender la política que producen efectos distintos a los de generaciones anteriores", sostiene Jerónimo Saavedra, ex ministro socialista y uno de los políticos canarios que protagonizaron aquellos tiempos históricos. Y reflexiona que "la palabra consenso está hoy desprestigiada. El comportamiento de la clase política ha cambiado y se ha sustituido la crispación por el diálogo. Ya no hay conflictos por razones de género o de etnia, pero si hay una fobia radical al que piensa distinto. Ese rechazo y desprecio a lo que dice el otro no lo veíamos entonces". En el mismo sentido se pronuncia el veterano ex parlamentario José Miguel Bravo de Laguna, al recordar que "yo he estado en unas Cortes [las Constituyentes]en las que se sentaban Blas Piñar y la Pasionaria, de manera que la radicalización del espectro de representación no ha cambiado tanto. Sigue representada cierta extrema izquierda y respecto a la extrema derecha entonces estaba Fuerza Nueva y parece que ahora se abre la posibilidad de que entre Vox". Entiende, por tanto, que el Congreso está "igual de polarizado", y que la gran diferencia estriba en que "antes había grandes objetivos nacionales, como sacarnos de un régimen autoritario o integrarnos en Europa; ahora los objetivos no están claros o están distorsionados. Pero sobre todo se ha roto el consenso por una clara deslealtad por parte de los nacionalistas catalanes, que han decido romper el acuerdo territorial suscrito".

Libertad sin ira y sin complejos

El consenso había abierto las puertas a una inédita convivencia entre los españoles que, tras un primer tiempo de explosión de las libertades y de la creatividad largamente reprimidas, disfrutaron de lustros de progreso y tranquilidad. La euforia democrática duró aproximadamente una década, la de los ochenta. Aquellos fueron los años dorados del socialismo español, de la movida cultural, del activismo feminista y del entusiasmo sindical. Se ejercitó, en fin, la "libertad sin ira" que pidió UCD en su canción-slogan de campaña. Se vivió sin ira y sin complejos, sin pelos en la lengua y hasta sin ropa: "Tápese señorita, tápese, no vaya a constiparse", le dijo con toda naturalidad el alcalde Enrique Tierno Galván a la musa del destape Susana Estrada cuando, al recibir un galardón, asomó un pecho bajo su chaqueta.

Pero al tiempo que unos hacían uso de sus libertades, otros lo hacían del poder, y no siempre como debían. Desde esa atalaya, algunos decidieron apagar la música en medio de la juerga y surgieron los primeros casos de corrupción. Con Filesa y Roldán llegó el "váyase señor González" de José María Aznar, que auguró el fin del calvario de los últimos años de gobierno socialista. Ambos protagonistas recordaban su histórica confrontación en uno de los actos homenaje a los 40 años Constitución, y tanto Felipe González como Aznar coincidieron en sostener que aquello no fue nada comparado con lo de hoy: "Nosotros hemos discutido en serio muchas veces, pero no se nos ocurrió nunca romper las reglas del juego".

El fin del estado de bienestar

La normalidad democrática de las tres primeras décadas comenzó a quedar seriamente en entredicho a consecuencia de la crisis. Treinta años después de los logros alcanzados gracias a la Constitución en protección laboral y derechos sociales, se fueron en gran medida al traste por los recortes. Y se sucedieron los dramas: perdida masiva de empleos, aumento exponencial de los desahucios, ruina y cierre de pequeñas empresas y un largo etcetéra. En pleno shock social, surgieron las primeras asociaciones de afectados (la PAH como principal referente) y las grandes movilizaciones sociales, que culminaron en la masiva acampada del 15 de mayo de 2011 en la Puerta del Sol y en el corazón de otras ciudades españolas: el icónico 15-M. Bien es verdad que ocho años antes, cuando la crisis era inimaginable, los españoles echaron el primer gran pulso a sus gobernantes y tomaron las calles para clamar su No a la Guerra.

Pero fue sobre todo en 2014, con la irrupción de Podemos en el Parlamento europeo, cuando el país entró en la etapa actual. Ese año fue la primera vez que la Transición española recibió una nueva denominación: Régimen del 78. ¿Qué significaba ese cambio? ¿Qué había pasado? Las estadísticas registran que, de los 34,5 millones de votantes que hay en España, unos 25 millones son demasiado jóvenes para haber podido participar en el referéndum del 6 de diciembre de 1978. Es una de las razones que se esgrimen para explicar el desafecto. Pero no es, ni mucho menos, la principal: "Hay una doble crisis: la institucional, con el viejo debate decimonónico sobre Monarquía o República; y la social, agravada por la debacle económica de 2008-2014, que tuvo víctimas muy dañadas a las que no se ofrece respuestas convincentes", explica Juan Manuel García Ramos. Por lo que el presidente del Partido Nacionalista Canario considera que "esas víctimas nutren el caudal de votos de los populismos y aquellos partidos antisistema que rentabilizan las carencias no resueltas por los partidos que han ostentado el poder hasta ahora".

También el ex diputado nacionalista José Carlos Mauricio aporta su reflexión: "Al final del franquismo se produce un forcejeo entre las fuerzas del régimen y las de la oposición democrática. Y quedan claras dos cosas: una, que el régimen franquista no podría sostenerse como estaba; y dos, que la izquierda no podría imponer una democracia como la que quería. Y se pacta un empate, condicionado por un hecho: solo habrá democracia si hay Monarquía". El entonces secretario general del Partido Comunista de Canarias añade: "Ahora estamos en las mismas: ni sus detractores pueden acabar con este sistema, ni éste puede continuar sin reformas".

En el 78, "España estaba al borde de un precipicio", como recordaba este viernes el veterano periodista Ángel Tristán Pimienta al presentar su libro sobre ese año. Recordó los asesinatos de ETA, el cuestionamiento del general Gutiérrez Mellado por parte del Ejército y la crisis económica. Y reconoció: "Sí, la Constitución fue producto del miedo, miedo a una guerra civil". Un miedo que probablemente no sienten esas generaciones que no votaron la Constitución.

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