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Carrera electoral | El tedioso deber ciudadano

"Ojalá hubiese sido una multa"

La Junta Electoral recibe un incesante goteo de personas que quieren librarse del tedioso deber de formar parte de las mesas el día de los comicios generales

Los funcionarios de la oficina de la Junta Electoral atienden a quienes no pueden participar en las mesas electorales.

Los funcionarios de la oficina de la Junta Electoral atienden a quienes no pueden participar en las mesas electorales. J. CARLOS GUERRA.

"Cuando me llegó la carta creí que era una multa, pero al abrirla pensé que ojalá hubiese sido una multa". Esa fue la reacción de Iballa Orcajada al conocer que el 28 de abril tenía que formar parte de su mesa electoral en Arucas. Ella es solo una de las personas que se han acercado a la Junta Electoral para "zafarse" de pasar un largo domingo entre urnas, papeletas y apoderados. Las razones para librarse de esta obligación son tan dispares como las historias de los hombres y mujeres que pasan por el juzgado para justificar su ausencia el día de las elecciones generales.

Los mayores de 65 años pueden renunciar voluntariamente y ese es el caso de Manuel Martín, quien por su edad y sus achaques de salud no puede estar en la mesa. Este jubilado de Las Palmas de Gran Canaria es partidario de que cuenten para esta labor con los parados, que "pueden estar en la mesa y les entra una ayuda de 65 euros".

Orcajada, además de tener un menor a su cargo y ser familia monoparental, tiene los billetes para un viaje que lleva dos meses organizando con su hijo y que coincide con la fecha de los comicios. Estos dos motivos justifican su ausencia en el colegio electoral, siempre que demuestre que la compra de los pasajes fue anterior a la de la entrega de la notificación.

En esta misma situación se encuentra Carlos Suárez, un "afortunado" al que le ha tocado hasta cuatro veces formar parte de su mesa electoral. "Si fuera el sorteo de la Lotería ya sería rico", bromea. Minutos después de que le llegara el aviso a su casa se dirigió a la Junta Electoral, porque tiene previstas unas vacaciones junto a su pareja y no quiere perderlas. "Solo libro dos fines de semana al mes y si encima me toca esto un domingo, no tengo descanso", detalla.

También están exentos quienes viven en el extranjero, como Ione Dávila un joven grancanario que trabaja desde hace más de un año en Londres. Casualmente, estaba pasando unos días de descanso en la Isla cuando recibió la notificación. "Hoy es mi último día de vacaciones y lo tengo que pasar arreglando los papeles", comenta. A pesar de que "tenía planes con los amigos y quería a comprar al menos un kilo de gofio para llevarme a la capital británica", el joven prefiere curarse en salud y justificar su ausencia porque, de no hacerlo, se enfrentaría a penas de prisión de entre tres meses y un año y a multas de entre seis y 24 meses, cuya cantidad diaria será establecida por un juez, además de tener antedecentes penales.

En el otro lado de la balanza se encuentra Andrea Santana, una autónoma que se presenta como voluntaria para formar parte de las mesas electorales por segunda vez. "En las anteriores elecciones me gustó la experiencia y como acabo de arrancar el negocio me vienen bien los 65 euros", explica.

En los anteriores comicios la Junta Electoral recibió cerca de 2.000 excusas, explica una de las funcionarias que desde el pasado lunes está atendiendo a los ciudadanos en la Junta Electoral, quien añade que los discapacitados, las personas con una baja médica, las embarazadas en el tercer trimestre de gestación o con un embarazo de riesgo, las madres en periodo de lactancia, las personas con dependientes a su cargo, quienes trabajen en servicios de guardia o aquellos que tengan que asistir a un evento familiar de especial relevancia están exentos de participar en las mesas.

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