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Entrevista | Victoria Rosell

"Vox tiene un discurso provocador, son como los abusones del patio"

"Cuando le preguntan cualquier cosa de economía, empleo o pensiones no tienen más idea que el viva España", añade la cabeza de lista de Unidas Podemos al Congreso por Las Palmas

Victoria Rosell: "El voto a Unidas Podemos es un voto útil"

Victoria Rosell: "El voto a Unidas Podemos es un voto útil"

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Victoria Rosell: "El voto a Unidas Podemos es un voto útil" A. Rodríguez

¿Le costó mucho decidir su regreso al terreno político?

Me costó decidirme porque el dolor había sido mucho por la trampa mafiosa que me tendieron entre el juez Salvador Alba y el exministro José Manuel Soria en la anterior campaña. Tuvo repercusión en medios que publicaron las falsedades que decían de mí y eso crea un daño muy difícil de reparar. Cuando todo se dio la vuelta y lo mío se archivó y el juez fue el imputado, después acusado y ahora está pendiente de juicio por cinco delitos muy graves, pensé que podía presentarme a la gente con este acto de justicia en la mano. A esto se añadió que las tres derechas estaban haciendo un discurso cada vez más machista, misógino, xenófobo e incluso homófobo. Creo que se están poniendo en riesgo derechos que creíamos consolidados y garantizados, sobre todo derechos de las mujeres como el derecho al aborto, o la aplicación de leyes como la de violencia de género. Eso fue la guinda para decidir dar el paso de nuevo.

No llegó a tiempo de presentarse en las segundas elecciones, ¿en qué se diferencia el escenario de aquella vez al de ahora?

La principal diferencia es José Manuel Soria. Ahora hasta sus compañeros de partido están hablando con más claridad de él. Fue un factor de tensión en la campaña electoral. No solo conmigo, en realidad con más candidatos, pero particularmente conmigo porque era su rival directa. Fue una campaña con una tensión y a veces con una mala educación, con una agresividad y con actitudes incluso machistas totalmente innecesarias. Prescindiendo de las personas, lo que más ha cambiado en el escenario es este discurso regresivo de las derechas. Antes no estaba encima de la mesa la desaparición de las comunidades autónomas o derogar la ley de violencia sobre la mujer. Son cosas que a cualquier demócrata le alertan.

¿Cree que en la carrera por sumar votos se entienden los patinazos que se han producido en campaña sobre algunos asuntos como el aborto?

Está claro que Vox tiene un discurso provocador que carece de programa detrás. Cuando le preguntan cualquier cosa de economía, empleo o pensiones no tienen más idea que el viva España. Sorprende mucho más que PP y Cs se suban a algunas cosas. Pablo Casado ha dicho que estaba en contra de la subida del salario mínimo interprofesional (SMI), lo corrobora su equipo y luego corrige. Su número dos, Adolfo Suárez Illana, está en contra del aborto, lo corrobora su equipo y luego corrige. No creo que sean patinazos. Es lo que están pensando, aunque quizás no las personas de su partido, con mayor nivel intelectual, que hacen el programa.

¿A qué atribuye el ascenso de Vox?

Me preocupa que haya un sector de la juventud al que le divierte Vox como una provocación. Esta opción no es sola provocadora, es profundamente regresiva. A la juventud le diría que hemos vivido la época de mayor prosperidad, pero eso no quiere decir que no esté en riesgo tanto la paz como los derechos que creíamos consolidados. Vox no es una provocación progresista, ni romántica, ni idealista. Es una provocación profundamente regresiva.

¿Lo ven como un voto de protesta?

Vox no sirve como voto de protesta. ¿De protesta contra qué? Este país y toda la Europa que se libró del fascismo tienen grupos de protesta con una dignidad y una historia que no podemos equiparar con esta. Es más de provocación que de protesta. Son los que hablan de armas sin ninguna necesidad y sin que haya un problema de seguridad en este país, los que dicen al PP que es la derechita cobarde. Son como los abusones del patio del colegio. Cuando eres muy joven te puede hacer sonreír, pero todos sabemos lo grave que puede ser que el elegido como delegado sea el abusón del patio.

¿La fragmentación de la derecha es una oportunidad para el bloque de izquierda o un riesgo?

La fragmentación de la derecha puede ser una oportunidad para la izquierda, para quienes queremos una España de progreso y no de retroceso. Pero, por otra parte, creo que la deriva autoritaria de las derechas es un riesgo en sí mismo.

Las encuestas arrojan expectativas a la baja de Unidas Podemos, ¿piensa que las crisis internas o no apoyar la investidura de Sánchez les ha pasado factura?

La investidura fallida de Sánchez también tuvo una literatura fallida. Ahora lo sabemos porque el propio Sánchez dijo que no le dejaron pactar con Podemos un Gobierno de progreso. Sabemos, además, que detrás de las noticias falsas de Podemos estaban las cloacas del Estado. Tantas noticias desfavorables sobre ti crean a propósito la imagen de que eres un mal socio de Gobierno. Ya sabemos que los discursos sobre que Podemos era el responsable de la falta de Gobierno no eran ciertos. Respecto a la falta de unidad, Iglesias hizo autocrítica en su vuelta por haber tenido algunas dinámicas de la vieja política. Pero hay problemas de unidad muchos más graves en los demás partidos y eso ha tenido menos difusión.

¿Cuál es su pacto ideal de Gobierno?

Lo ideal es que Unidas Podemos tenga fuerza suficiente para hacer Gobierno. Si tiene que haber pacto, desde luego sería con partidos de izquierda. Es esencial estar en el Gobierno porque la gente ha podido comprobar que legislar, en concreto en el Congreso, está muy bien. Pero si ese mismo Gobierno o el siguiente no tiene voluntad política, las leyes se incumplen. Así que además de legislar, hay que estar en el Gobierno porque ahí es donde se demuestra la voluntad política. Hemos tenido un Gobierno que ha incumplido la ley de memoria histórica, la ley de dependencia, pero también la ley de violencia sobre la mujer. Claro, retiraron los fondos, el personal y la gente.

En caso de que Unidas Podemos entrase en el Gobierno, ¿sería usted la ministra de Justicia?

No lo sé. Es verdad que en su momento Pablo Iglesias lo dijo en una apuesta que yo le agradezco por la confianza, aunque también lo pagué caro. Desde que dijo eso, reaccionaron en contra de mí. Para mí sería un honor, pero pienso que hay mucha gente con capacidad para cambiar la justicia de este país. Casi nadie ve a la justicia como un servicio público que pagamos todos, que tiene que funcionar y que tiene que estar ahí cuando realmente hace falta.

¿Qué tipo de reformas habría que hacer?

La primera, derogar el artículo 324 de la Ley de Enjuiciamiento Criminal.

¿Por qué?

Es el artículo que puso plazos para la investigación de los delitos y el que ha dado lugar a la impunidad de casos como el del expresidente de Murcia, Pedro Antonio Sánchez (PP). También está afectando a delitos sexuales.Hay muchos sitios en este país donde una prueba de ADN tarda seis meses en llegar. Es muy grave poner plazos sin dar más medios. Es como si a los médicos les dijeran que tienen seis meses para operar, pero al que no se haya operado en seis menos, no se opera.

¿Es imposible tener una justicia más ágil?

Tendría que ser más ágil. Una justicia tardía no es justicia, pero mientras no tengas los medios para que sea más ágil, tomar la solución de cortar por lo sano y establecer un plazo máximo es un engaño a la ciudadanía. Hay delitos que razonablemente tienen que tardar un año en instruirse, pero no 14 años como ha pasado en algunos, como el caso Eólico. Rebajan las penas por dilaciones indebidas y la gente dice qué timo es este y tienen razón, porque además pasan en los casos complejos donde hay poderosos y muchas veces políticos implicados. Delitos complejos como el caso de Las Teresitas son los que corren más riesgo de no acabar a tiempo y ser archivados.

¿Cómo se puede luchar contra las cloacas a las que antes se refirió? ¿Encuadra ahí la propuesta de crear un cuerpo de Policía Judicial que solo responda ante los magistrados y fiscales?

La corrupción no es un problema penal. Es un problema social y la solución también es de la sociedad. Tiene que complementarse con una justicia penal ágil y eficaz. Solo con una policía que no dependa del Gobierno se puede investigar al Gobierno sin que Interior los castigue o premie según la investigación judicial. Aquí nos falta que la sociedad muestre su desprecio a los políticos corruptos. La gente no muestra su desprecio, sino que los sigue manteniendo en el poder hasta que entran en prisión como ha sucedido en Tenerife.

¿Se ha acostumbrado la sociedad a la corrupción?

No estoy segura, pero sí es cierto que tenemos un cierto nivel de tolerancia social. Cuando los políticos se ven acuciados por la justicia, dicen que tienen presunción de inocencia. Eso juega en dos campos completamente distintos. La presunción de inocencia es para el proceso penal, pero previamente hay que exigir responsabilidades políticas. Yo dimití por muchísimo menos. A mí jamás me acusó un fiscal y ni si quiera llegué a juicio. Sin embargo, dimití para no manchar las instituciones. Hay un nivel de tolerancia, no porque la gente sea mala, sino porque nos han acostumbrado a que el poder tiene esas cosas de los enchufes y del tráfico de influencias hasta que te ves en el otro lado.

¿Qué imagen da la Justicia cuando el Supremo rectifica la resolución del impuesto de las hipotecas?

Esa rectificación nos causó mucha vergüenza a la abogacía y a la judicatura. Esa vergüenza motivó que se decidiera renovar el Poder Judicial. Esa renovación quedó frustrada por un episodio muy vergonzoso que fue el whatsapp de Ignacio Cosidó diciendo que el nuevo presidente iba a hacer que el PP controlara desde atrás la Sala Segunda del Supremo. Estamos en un momento en el que hay que recuperar el prestigio de las instituciones de la Justicia, sobre todo del Poder Judicial y del Supremo. Ahora dices: ¿Tribunal Supremo de qué parte? ¿De la cuota de amigos de los políticos o de la cuota de nuestros grandes juristas de nuestro país?

¿Desde un partido estatal se puede defender bien los intereses de Canarias?

Se puede y se defienden mejor que desde los pretendidos nacionalistas. Alberto Rodríguez, Meri Pita y Carmen Valido son conocidos por haber situado a Canarias en el Congreso. No lo hizo NC ni CC. El grupo parlamentario al que pertenecen ha sacado adelante una subida del SMI a 900 euros que ha tenido más repercusión aquí porque había salarios más bajos. Sin embargo, quienes sostienen el Gobierno de Canarias y dicen que son muy nacionalistas aquí, en vez de ponernos a la cabeza en la lucha contra el cambio climático y en fuentes renovables han puesto las energías al servicio de sus amigos empresarios. Es una contradicción decir que defiendes a Canarias y en realidad a quienes defiendes es a las élites insularistas que se han enriquecido una barbaridad con todos los gobiernos de CC y sus socios.

Pablo Iglesias apuesta por crear una empresa pública de energía para bajar la factura de la luz. ¿No es suficiente con la liberalización del sector?

Se ha evidenciado que no cuando llamas liberalización a lo que es privatización. Endesa y Telefónica eran públicas y también había una banca pública, Argentaria. Lo han llamado liberalización pero en realidad ha sido vender empresas solventes y hacer ricos a determinados empresarios. Algunos de ellos eran, además, compañeros de pupitre del presidente del Gobierno de turno. Es obvio que el producto va a ser mucho más caro para el consumidor y así ha sido.

¿Hay necesidad de nacionalizar sectores estratégicos?

No nacionalizar el sector completo, pero sí tiene que haber una empresa pública de energía y una banca pública.

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