El resultado estaba cantado, con la inmensa mayoría de los militantes volcados en que el acuerdo alcanzado entre su partido, el PSOE, y Podemos cristalice. El primer paso era refrendarlo ayer en la consulta que los estatutos de la formación socialista contemplan para los casos en que se establezcan alianzas para alumbrar un nuevo Gobierno de España. Y lo hicieron, también en el Archipiélago.

La pregunta era concisa: "¿Apoyas el acuerdo alcanzado entre el PSOE y Unidas Podemos para formar un gobierno progresista de coalición?". Bastaban un o un no para completar el trámite, pero las bases no eludían la contextualización. "Nos estamos jugando volver al blanco negro, a la España franquista, o avanzar", expuso Felipe Rubio, militante que pagó su primera cuota cuando José Luis Rodríguez gobernaba el país.

En la Agrupación Socialista de Las Palmas de Gran Canaria estaban sobre el mediodía de ayer en familia. El goteo de censados con derecho a voto se espaciaba en el tiempo. Contar con la posibilidad de posicionarse con un simple clic a través de Internet -cumplimentando también on line un trámite previo- restó presencia física en las sedes.

Voto tecnológico

La diputada Elena Máñez fue una de las que se sirvieron de la tecnología para participar en la consulta. "Yo ya he votado. Mi voto es a un gobierno progresista de coalición", detalló en un tuit publicado el viernes, primera de las dos jornadas para la participación telemática.

No obstante, y aunque con cuentagotas, no faltaron rostros conocidos entre quienes se decantaron por la papeleta y la urna, a la vieja usanza: el compañero de bancada de Máñez en el Congreso de los Diputados, Luc André Diouf; el exconcejal capitalino y excentral de la UD Las Palmas, Roque Díaz, o Paquita Luengo, por ejemplo.

Ahora bien, una cosa es el deseo de los militantes y otra distinta que socialistas y Podemos logren los apoyos necesarios para que Pedro Sánchez logre la investidura. Algo que, a juicio de Rafael R., debe suceder, porque "no hay otra alternativa". Simpatizante "desde siempre", decidió afiliarse "hace dos o tres años", cumplidos ya los 70. La cruenta lucha intestina protagonizada por el actual secretario general federal y la líder del PSOE andaluz, Susana Díaz, marcó el punto de inflexión. "Dije que si salía Sánchez me afiliaba, y lo cumplí", afirmó.

En 1950, la dictadura encerró en una prisión a su padre. Han pasado muchos años desde aquel entonces en que él solo contaba con siete en este mundo, pero a Rafael R. le marcó. Quizá tanto como para que ayer tan solo concediera dar a conocer la inicial de su primer apellido. En cualquier caso, fue ese tiempo en el que la represión ideológica robó el calificativo de tierna a su infancia el que ayer le llevó a situarse delante de una urna para avalar el pacto PSOE-Podemos.

"Desde entonces", rememoró este militante, "a la derecha no la quiero ni en pintura". Y eso que cuenta con "amigos" alineados con tesis conservadoras. "Eso es una cosa, pero con lo que no comulgo es con sus políticas de dar todo el dinero a las empresas", matizó. Ahora está jubilado, pero mientras estuvo en activo se convenció de que "la estructura la tienen montada para quedarse con todo", mientras que, en su opinión, él poco sacaba de entregar su trabajo.

Escalera abajo, otro compañero de partido se quejaba de que al incremento del salario mínimo interprofesional hasta los 900 euros no le haya seguido una labor fiscalizadora por parte de los poderes públicos. "A un padre de familia le dicen que va a cobrar ese dinero porque lo marca la ley, pero le obligan a trabajar más horas sin pagárselas ¿y qué hace?. Hay que tomar medidas para que eso no suceda", lamentó.

La lectura más extendida entre los militantes en la cita de ayer con las urnas era que se trataba del segundo capítulo -el primero fue la presentación del acuerdo por parte de Pedro Sánchez y Pablo Iglesias- de la estrategia postelectoral puesta en marcha para cerrar el paso a la derecha.

Para completar la operación, habrán de celebrarse no pocas reuniones y aceptar también abundantes peticiones del resto de partidos con representación en la Cámara Baja. De lo que no le cabe duda a Ana Rosa Mendoza es de que Sánchez dará "todo lo que tenga que dar", en lo que a esfuerzo se refiere.

En lo político, "la situación de Cataluña puede influir mucho", teorizó Felipe Rubio. Lo de Esquerra Republicana de Catalunya (ERC) "es encaje de bolillos", continuó, "y dependerá mucho de lo que ocurra en el Gobierno de la Generalitat". El secretario general de los socialistas "ya les ha dejado claro que se olviden de la independencia, pero va a haber un diálogo y ellos reivindicarán cosas para Cataluña; eso lo respeto", matizó Rafael R.

Luego está "lo que hagan los independentistas vascos", retomó Rubio, quien dio por seguro que con Bildu no habrá acuerdo más allá de que se decanten por la abstención para desterrar la posibilidad de otras elecciones. En suma, "habrá investidura" si se cumple el deseo -opinión- que corría de boca en boca por la sede socialista. Incluso, los más optimistas se atrevían a echar cuentas más allá y concluir en que se conformará un bloque sólido que garantizará la salud de la legislatura.

En cualquier otro escenario ven crecer a la derecha más de lo que ya lo ha hecho. El vertiginoso avance de Vox lo atribuyen en gran medida al hartazgo de los ciudadanos, "a la novedad y, en el caso de muchos jóvenes, a que no saben lo que están votando", explicó Mendoza.

Además, alertaron a los rivales del precio del bloqueo a la candidatura socialista y les recomendaron mirar hacia Ciudadanos. Ninguno se atrevió a vaticinar qué ocurriría en el caso de una nueva repetición de los comicios, pero el temor a otro avance de la extrema derecha se dejó sentir.