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CRISIS DEL CORONAVIRUS

El Señor Lobo del Covid-19

Conrado Domínguez, galdense de 48 años y experto en economía de la salud, vuelve a la sanidad pública como Harvey Keitel en 'Pulp Fiction', a solucionar problemas

Conrado Domínguez.

Conrado Domínguez. J. PÉREZ CURBELO

A Conrado Domínguez le encanta Pulp Fiction y su vuelta la sanidad pública como coordinador del Comité de Gestión de Emergencia Sanitaria recuerda a la fabulosa escena protagonizada por Harvey Keitel cuando pulsa el timbre y le abre la puerta Jimmy, que encarna el propio Quentin Tarantino: "Hola, soy el Señor Lobo, soluciono problemas", dice el magnífico actor listo para arreglar el sangriento desaguisado de Vincent Vega (John Tavolta) y Jules Winnfield (Samuel L. Jackson) tras disparar en el interior de su coche accidentalmente a un joven.

Conrado Domínguez acude a la llamada del presidente del Gobierno - como el Señor Lobo a la de su jefe- para que ponga orden a la gestión de la crisis del coronavirus como coordinador del comité sanitario de emergencia, después de que Ángel Víctor Torres decidiera destituir el pasado miércoles a la consejera Teresa Cruz, tras un cuestionado mandato desde el inicio de esta legislatura, agravado por sus actuaciones en la gestión el Covid-19.

¿Y qué bagaje tiene Conrado Domínguez para afrontar este reto? Pues conoce a la perfección las cañerías del Servicio Canario de Salud. Se siente uno de los suyos. Es economista de la salud y desde 1999 a 2007 trabajó en la dirección general de recursos humanos del SCS, antes de ser gerente de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria hasta 2016, y de volver como director del servicio sanitario desde 2017 a 2019.

En un pregón que pronunció en Gáldar, su ciudad natal, en 2014, recordaba su primera etapa en el SCS -donde aún tiene su plaza- como un área en la que acumuló experiencias muy enriquecedoras, y otras no tanto, pero que le ayudaron a conocer mejor la sanidad pública canaria y sus capacidades de mejora. El padre de Conrado Domínguez fue el aparejador del Ayuntamiento de Gáldar durante muchísimos años, y su madre, que hizo estudios de bellas artes, era el timón de una familia con tres hijos. Estudió en el colegio Fernando Guanarteme y en el Instituto Saulo Torón. Sacaba buenas notas y quería estudiar matemáticas. Eran tiempos de Loquillo con himnos como Siempre quise ir a L.A. o Rock and roll star y de Taller Canario con Catahysa o Rap a duras penas, evocaba en ese pregón. Fue la época del balonmano, su pasión, desde los inicios en el Polideportivo con las escuelas de verano de Óptica Herrera Cerpa y los campeonatos entre colegios de Gáldar, las ligas insulares, nacionales y campeonatos de Canarias. Uno de esos buenos momentos culminó con el ascenso a primera división nacional en San Cugat del Vallés,

El balonmano le enseñó lo estimulante que es ganar pero sobre todo que perder es una oportunidad para mejorar y que siempre queda un futuro por escribir. Palabras que le vienen como anillo al dedo en esta crisis sanitaria y económica. Dice que el deporte le impregnó los valores que lo han guiado hasta ahora: la solidaridad, la cooperación, el bien común y el respeto, y aprendió a trabajar en equipo para alcanzar más y mejores objetivos. Y estas cuestiones las ha intentado aplicar en el desempeño de su profesión. Quienes lo conocen lo definen como un trabajador nato, un coordinador de equipos, con gran capacidad de organización y, sobre todo, que es muy empático, muy buena gente, vaya. Al final no cursó matemáticas pero tiró por los números y se licenció en Ciencias Económicas y Empresariales por la ULPGC. Siempre le llamó la función pública por el ejemplo de su padre como aparejador de Gáldar y en 1999 entró en el SCS. Fueron tiempos apasionantes, de huelgas, negociaciones intensas, donde conoció a muchas personas que desde su ámbito, ya fuera la administración o los sindicatos, defendían al Servicio Canario de Salud por encima de todo, recuerda.

En 2007, de la mano del rector José Regidor, se ocupó de la gerencia de la ULPGC, su otra casa, hasta 2016. En ese año el alcalde socialista Augusto Hidalgo se lo llevó como coordinador de Economía, Hacienda y Contratación, pues tenía "unas magníficas referencias" de él. En el poco tiempo que estuvo en el Ayuntamiento - pues regresó al SCS como director con José Manuel Baltar- destacó por tener un gran manejo de las mecánicas administrativas internas, capacidad para dirigir equipos directivos y, algo no menos importante, una buena gestión de recursos humanos, evoca Hidalgo. Cuando CC y el PSOE rompieron en el Gobierno y Jesús Morera fue destituido en Sanidad, en 2017 Baltar, un independiente, ocupó el cargo y repescó a Domínguez en el SCS por ser un buen técnico y conocedor de cómo funcionaba la sanidad por dentro, recuerda el exconsejero. Esto provocó ciertos recelos desde CC, pues se ocupaba de este importante área un hombre que había trabajado para el PSOE en el Ayuntamiento capitalino.

Lo mismo, pero al revés, le ocurrió dos años después cuando CC fue desbancado del Ejecutivo canario por el pacto cuatripartito entre los socialistas, NC, Podemos y ASG. Una parte del PSOE de Tenerife, como la exvicepresidenta Patricia Hernández, influyó para que una de las primeras decisiones de Teresa Cruz fuera apartarlo de la dirección del SCS, y sustituirlo por Blanca Méndez, pese al apoyo que Domínguez aunó de los sanitarios y sindicatos por su gestión. Un año después, ambas han sido destituidas.

El consejero de Obras Públicas, el socialista Sebastián Franquis, decidió recuperarlo en el Gobierno como secretario general técnico de su área, aunque eso avivara el malestar en esos sectores del PSOE tinerfeño. A sus 48 años, Domínguez dice sentirse muy cómodo y reconocido en el departamento de Franquis del que está aprendiendo mucho. La vuelta a la sanidad la afronta con ganas de ayudar a pasar la situación y "ser de la casa" es una ventaja competitiva, aunque será temporalmente y combinando este puesto con el de Obras Públicas.

Como dice el nuevo consejero de Sanidad, Julio Pérez, en estos momentos hacen falta los mejores. Los recelos políticos sobran. En todo caso, Conrado Domínguez se autodefine como Gáldar: una república independiente.

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