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Crisis del coronavirus El Gobierno defiende el plan de desconfinamiento

Teresa Ribera: "En otros países que van más rápido hay rebrotes"

"Las zonas que alcancen la nueva normalidad en junio podrían empezar a recibir turistas", manifiesta la vicepresidenta del Gobierno para la Transición Ecológica y Reto Demográfico

Teresa Ribera, en un momento de la entrevista.

Teresa Ribera, en un momento de la entrevista. JOSÉ LUIS ROCA

El debate que polariza la desescalada se centra en su ritmo. No solo Madrid ha querido ir más rápido por razones económicas, también Italia ha anunciado un fin anticipado del confinamiento pese a que va peor que España.

El Gobierno ha hecho una apuesta decidida por la salud de los españoles a la hora de ponderar los distintos bienes en juego, con la convicción, además, de que la recuperación de la seguridad sanitaria favorece que la recuperación económica se produzca antes que si hay dudas sobre cómo puede evolucionar el virus. Es una apuesta, además, secundada por la gran mayoría de la sociedad.

¿Pero no podemos acabar siendo el país más castigado por la crisis si somos los últimos en desconfinar?

Nuestro plan da seguridad y rapidez. En otros países donde han ido un poquito más rápido están teniendo rebrotes que generan también dudas en los inversores, entre los consumidores e incluso entre los turistas, que son una referencia importante para nuestra economía. En el caso de Madrid y Barcelona se ha vivido con más intensidad el contagio y la crisis sanitaria y es curioso cómo la reacción de los dos gobiernos autonómicos ha sido diferente.

¿Y a que atribuye la diferente respuesta?

Ha habido una actitud de prudencia por parte de la Generalitat y del Ayuntamiento de Barcelona. En Madrid, después de una evolución bastante razonable, en línea con todos los demás, hubo un quiebro inesperado. Recordemos que por la mañana dijeron que no estaban para pasar y después de hablar con empresarios decidieron que abría todo y no se prestaba atención a la seguridad sanitaria, con los profesionales en contra. Es un planteamiento poco sólido. La manera de resolver este asunto es reforzar lo necesario, no empeñarte en no ver la realidad.

¿Las unidades territoriales que lleguen a la nueva normalidad, dos semanas después de haber iniciado la fase 3, podrán recibir turistas?

Sí. Podemos imaginar perfectamente que un ciudadano de Badajoz pueda ir a pasar unos días a Huelva, pero a lo mejor los de Madrid no pueden. Eso es lo que en el espacio europeo llamamos corredores seguros, conectar zonas con un nivel de seguridad y probabilidad estadística de contagio equivalente tanto en el origen como en el destino. Por tanto, manteniendo todas las cautelas no tiene por qué haber problema. En destinos o procedencias europeos es probable que se reproduzca ese esquema.

¿Podemos decir que el 22 de junio la España que alcance la nueva normalidad, por ejemplo Canarias y Baleares, podrá recibir turistas?

Sí. Si todo va bien, como esperamos, es muy probable que se pueda activar esa llegada a través de esos corredores seguros.

¿Cómo será esa nueva normalidad?

Comportamientos cien por cien seguros no se pueden dar hasta tanto no tengamos tratamiento o vacuna y hay mucha incertidumbre respecto a cuándo va a ocurrir eso. Para poder convivir con el virus manteniéndolo a raya deberemos mantener ciertas cautelas. La distancia física entre personas, la limpieza de manos, muy probablemente se van a mantener como recomendación para todo el mundo. Es algo que culturalmente supone un cambio para nuestro país y en general los países latinos. Mantener la distancia, el no besarnos, el no abrazarnos, cosas que son muy cotidianas, muy naturales, formarán parte de las recomendaciones.

¿La hostelería se seguirá rigiendo por aforos o solo por las distancias?

En ese sector o en playas, donde es complicado mantener esa distancia, habrá que establecer limitaciones a través de la ley de Sanidad o normativas autonómicas, porque en la nueva normalidad ya no estaremos bajo el estado de alarma.

¿Va a seguir ayudando al ministro Illa en la desescalada?

Al principio había que hacer una reflexión de cómo empezaríamos a desescalar cuando la curva se comenzara a aplanar y, luego, presentar el plan y empezar a aplicarlo, mientras él estaba en el despliegue de todas las políticas sanitarias. Le era muy difícil hacer las dos cosas, pero en la fase en la que hemos entrado la desescalada pasa a ser su principal ocupación. La necesidad de acompañarle persiste y lo voy a seguir haciendo, pero con otra intensidad.

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