Suscríbete desde 1,50 €/mes

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Primera visita real tras terminar el estado de alarma | Paseo por Las Canteras

"Apóyate en la barra". Y Felipe VI se apoyó

Doña Letizia vuelve a dejar claro su fuerte carácter durante el recorrido con el rey por Las Canteras - "Es nuestra primera salida de Madrid", recordó el monarca

Para ver este vídeo suscríbete a La Provincia - Diario de Las Palmas o inicia sesión si ya eres suscriptor.

Da igual las veces que vengan. Cuando los reyes de España ponen un pie en Canarias, la gente se revoluciona. Tienen ganas de verlos de cerca, de saludarles, de preguntarles. Seguramente, también de estrechar sus manos, una práctica habitual en toda visita real pero que, en esta ocasión, se anuló debido a un virus cuyo nombre cuenta también con connotaciones monárquicas. La distancia y las mascarillas marcaron la visita que Felipe VI y Letizia realizaron ayer por la mañana por el paseo de Las Canteras y que dio lugar a la anécdota del viaje, cuando el fuerte carácter de la reina volvía a quedar en evidencia. El "Déjame hablar a mí" que hace 17 años le espetó la todavía periodista a su futuro marido en el anuncio de su compromiso ante la prensa se convirtió ayer en un "Apóyate en la barra" repetido en varias ocasiones al rey para que éste se mostrara más distendido en su charla con unas dicharacheras camareras que les habían invitado a degustar jamón ibérico. Letizia insistió y Felipe VI se apoyó.

Rifirrafes matrimoniales al margen, los monarcas se mostraron cercanos con las decenas de ciudadanos que se encontraban en la playa capitalina y que aplaudieron a la pareja real durante un recorrido de alrededor de 300 metros en el que los aplausos, las fotografías con los teléfonos móviles y los gritos de "¡Viva España!" "¡Vivan los reyes!" constituyeron la principal banda sonora de la visita, aderezada con todo tipo de piropos. Los soberanos venían de visitar la Casa-Museo Pérez Galdós, donde Felipe VI ya había demostrado su cercanía estampando su firma en el balón de un seguidor del Betis.

Comprobar de cerca esa amabilidad tan cacareada fue uno de los motivos por los que Soraya Escobar, que vive por la zona, decidió acercarse y aguardar con paciencia durante unos tres cuartos de hora la llegada de los reyes. "Nunca los he visto y la verdad es que me emociona", aseguraba. Además, se mostraba segura ante la disyuntiva de elegir entre el rey emérito Juan Carlos I -al que el pasado mes de marzo su hijo retiraba la asignación tras las informaciones publicadas sobre la existencia de una sociedad offshore vinculada a una donación de 65 millones procedentes de Arabia Saudí- o el rey actual, "que es más moderno y está mejor preparado".

Otras simpatías monárquicas mostraba Ruymán Montesdeoca, que se desplazaba desde mucho más lejos para ver de cerca a los reyes. Este vecino de El Lasso siente predilección por Juan Carlos I y Sofía, a pesar de la polémica sobre sus ingresos económicos. "Se debían al país y al país se han dedicado", aseguraba Montesdeoca, al que también le caen en gracia los actuales monarcas "que están criando a unas niñas fantásticas". Eso sí, este ciudadano reconocía echar en falta que las altezas se acerquen más por el Archipiélago para estar al tanto de los problemas de la gente.

Con más guasa se tomaban la visita real Tina Santana y Rosa Díaz, dos vecinas que aseguraban con alegría que sería ideal que los monarcas se dieran un baño en la playa capitalina o que se hartaran de plátanos y gofio. "¿Que qué les diríamos si podemos charlar con ellos? Que nos gusta todo de ellos, como personas y como reyes", explicaba Santana. Mientras Felipe VI y Letizia se acercaban entre aplausos por el paseo, Georgina Jiménez les esperaba apoyada en la barandilla envuelta en una bandera de España. "Yo apoyo a mi país, a mis reyes y a mi Constitución", afirmaba, antes de preparar la garganta para gritar un "¡Que vivan los reyes!" atronador ante su llegada.

El vestido de 26 euros

El paseo pedía una imagen informal y así aparecieron los monarcas. Felipe VI, en camisa remangada por el calor y su ya habitual barba inmaculada por las canas. Letizia, con el cabello recogido en una coleta, un vestido veraniego de Zara que todavía se puede comprar en su web con una importante rebaja -pues de los 50 euros que costaba, ahora se puede adquirir a 26 euros- y unas alpargatas blancas de plataforma imposible. La pareja real no dejó de sonreír en ningún momento. Con su papel bien aprendido, saludaron amablemente a todos los ciudadanos que se encontraban a su paso, tanto quienes disfrutaban de una fría cerveza en las terrazas como los que les hacían el paseíllo por la acera. Tampoco se les olvidó levantar la vista y mover enérgicamente las manos para responder a los afectuosos saludos y piropos que llegaban desde los balcones de los hogares y apartamentos en primera línea. Los curiosos y curiosas salían de cualquier rincón y para todos tenían los Reyes un buen gesto. También los bañistas que disfrutaban del relax del océano y la arena a pesar de la panza burro reinante se acercaron, ensalitrados y enarenados, para ver de cerca a sus monarcas, que se deshicieron en halagos hacia la playa.

De esta belleza y de la princesa Leonor y la infanta Sofía pudo hablar directamente con los monarcas Isolina Benítez, que se mostraba exultante. "Estaba en la farmacia, me han dicho que venían y he dejado todo y he venido corriendo, con estos pelos", explicaba alegre tras una experiencia que no es nueva en su familia. "Mi hija es directora regional de Naciones Unidas en Sudáfrica y ha mantenido muchos encuentros con los reyes, tanto con los eméritos como con los actuales, y cuando me vea en la televisión dirá, 'mira mi madre, con 90 años y ahí está'", bromeaba.

"Es la primera vez que salimos de Madrid", declaró Felipe VI a los redactores después de posar por los cuatro costados para los fotógrafos y operadores de cámara. Bajaron entonces hacia la calle Los Gofiones, donde hicieron una parada casi obligatoria ante una invitación difícil de rechazar. "¿Majestad, quiere un poco de jamón? Alteza, pruébelo, venga para acá", fueron los insistentes gritos de Esther Martín, camarera del pequeño local Don Jamón, que ayer se convertía en protagonista de la mejor campaña de publicidad -y además gratuita-, al conseguir que Felipe VI cogiera el guante y se acercara a probar "una tapa de ibérico, de la mejor calidad", tal y como aclaraba su compañera Isaura Morales. Bien apoyado en la barra, por supuesto.

El rey no sólo probó, sino que repitió, según contaba Martín con la adrenalina por las nubes. "Ella no ha querido comer, pero ha sido muy simpática. Le hemos comentado que era el primer día que abríamos después del estado de alarma y nos ha deseado suerte, nos ha aconsejado que tengamos paciencia y que vayamos poco a poco", explicaba Martín, que afirmaba sin tapujos que "Felipe está como siempre, en su línea de guapo".

Para continuar leyendo, suscríbete al acceso de contenidos web

¿Ya eres suscriptor? Inicia sesión aquí

Y para los que quieren más, nuestras otras opciones de suscripción

Compartir el artículo

stats